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Que en España la actividad del empresario en general y la del emprendedor en particular no está bien valorada no es un secreto para nadie. Y sin empresas y empresarios no hay empleo ni se genera riqueza. La financiación de proyectos empresariales y vitales, como comprarse una casa solicitando una hipoteca, es una misión compleja para el autónomo en momentos de bonanzas económica.
En momentos de crisis económica y restricción del crédito, ser un autónomo puede ser una losa financiera que limite o impida el acceso a un préstamo hipotecario. A la ya complicada forma de demostrar documentalmente los ingresos del empresario, se le suma la incertidumbre que pesa sobre su actividad, superior a la de un empleado indefinido, al que en último extremo le queda la indemnización del FOGASA si su empresa cierra por insolvencia.
No toda la responsabilidad de los obstáculos que tienen los autónomos es de los bancos, ni mucho menos. A veces es muy complicado que entiendan que no se puede pretender comprarse una casa de 300.000 euros declarando unos ingresos de 900 euros al mes. Pagar menos impuestos muchas veces está reñido con conseguir una hipoteca; los
ingresos han de
poderse demostrar, y el autónomo no suele tener una nómina fija cada mes que lo verifique.
Además de la dificultad con la que el autónomo se encuentra muchas veces de demostrar adecuadamente los ingresos y gastos de la actividad, una segunda desventaja es la “temporalidad“ de su actividad enfrente de contratos indefinidos por cuenta ajena y demás. Por muchos años de vida laboral por cuenta propia que tenga, a los ojos de una entidad financiera puede cerrar su negocio en cualquier momento, sin indemnización que valga y acarreando las deudas contraídas en su fallida actividad.
Documentación de un autónomo para solicitar una hipoteca
Si trabajamos por cuenta propia y queremos solicitar un préstamo hipotecario deberemos tener muy claros nuestros defectos económicos a los ojos del director de la sucursal y saber destacar nuestras virtudes. Lo que tenemos que tener muy claro es que si nuestro negocio no funciona, no se nos tendría que ni pasar por la cabeza solicitar la hipoteca.
La documentación económica que convendría aportar es:
- Última declaración del IRPF presentada, en la que se refleja nuestros ingresos; si tributamos en estimación directa, nuestra contabilidad estará reflejada en el documento. Si vamos por módulos (PDF) lo que refleja el IRPF poco ayuda a saber nuestros ingresos reales con exactitud.
- Modelos trimestrales de IVA e IRPF, y resumen anual. Esta información da una idea de la evolución de nuestros ingresos y gastos en lo que llevamos de año en curso.
- Últimos meses de movimientos de nuestra cuenta corriente, tanto la personal como la de la actividad. Esta información permite evaluar nuestra capacidad de ahorro mensual, si gastamos mucho con la tarjeta, nuestras domiciliaciones y un largo etcétera. Si hay descubiertos varios, casi con toda seguridad hemos llegado a un camino sin salida.
- Vida laboral actualizada, en la que consta nuestra actividad a lo largo de los años y la antigüedad en nuestra actividad. Los recibos de autónomo pagados también nos los suelen pedir.
- Últimos recibos de todos nuestros préstamos personales, de empresa, leasings, pólizas de crédito y cualquier otro endeudamiento que tengamos.
- Particularmente recomiendo tener preparado un dossier a modo de informe de nuestro negocio. El activo y pasivo, nuestra historia, clientes y proveedores principales, proyectos de futuro y cualquier información cuantitativa y cualitativa que permita al personal del banco conocernos con más detalle y ampliar la fría información que proporcionan los documentos económicos.
Aportada toda la documentación solicitada, nos queda ser capaces de
negociar con el banco, hacerle entender que somos verdaderamente buenos profesionales en nuestra actividad, que el sector tiene futuro y que nuestra formación nos hace aptos para sobrevivir en la jungla empresarial. Y para convencer a otro, primero debemos estar
convencidos nosotros mismos, claro.
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Imagen | Juan Antonio Capó