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Tarjetas de crédito, solvencia vs interés

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Cuando el dinero de plástico, las tarjetas electrónicas llegaron a nuestras vidas veíamos su uso no como una necesidad propiamente dicha, sino como una comodida. Su uso nos permitía no tener que estar con grandes sumas de dinero líquido en la cartera o teniendo que ir al banco siempre que queríamos disponer de alguna cantidad.

El dinero de plástico por tanto generó una necesidad de las llamadas adquiridas, en donde todos empezamos a usarlo por conjunción entre comodidad, tranquilidad y también por que sabemos que es un método dentro de lo que cabe bastante seguro, tanto o más que llevar el dinero en efectivo con el que muchas veces podemos sufrir algún “derroche innecesario” o algún incidente ocasional.

Los bancos grandes previsores y futuristas siempre buscan una gran cantidad de alternativas, correctas, hábiles y cercanas a todos sus productos financieros para ofrecer al cliente todo aquello que le puede convenir en las posibilidades, métodos y formas que son capaces de tener en contacto al cliente y a la entidad de forma directa.

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Las tarjetas en general pasaron por tanto de ser un mero método de pago a poder ser una forma de que la entidad financiera permitiera al cliente si en cierto modo deseaba autofinanciarse alguna compra o muchas en formato de crédito o pago aplazado. Ahí nació por tanto el concepto de tarjeta de crédito, como instrumento de autofinanciación ejercido por el cliente y apoyado financieramente por las entidades bancarias.

No podemos olvidar que hay otro tipo de tarjetas, las de débito, pero su uso es menos interesante, ya que automáticamente el pago queda efectuado y ya hemos pagado la transacción.

Actualmente las entidades financieras ofrecen infinidad de posibilidades a sus clientes con diversos tipos de tarjetas de crédito. Las puede haber de varios tipos, pero las que creo más interesantes actualmente en los momentos de crisis son aquellas que ofrecen una línea de crédito directa y nosotros podemos elegir exactamente las condiciones a las que queremos situar los reembolsos de ese dinero.

Su uso es bien sencillo y actualmente puede ser bastante valioso para familias y personas cuyo trabajo sea autónomo, ya que no sólo permite conocer a priori todas las condiciones de aquello que vayamos a suscribir con la entidad de dicha línea de crédito, sino que en muchas ocasiones nos permiten realizarlo a través de nuestra entidad bancaria propia, sin tener que abrir una cuenta en la tarjeta en concreto que nos ofreca ese servicio.

La forma de efectuar la operación es muy concreta, nosotros disponemos del dinero por varias variantes: cajero, transferencia de la línea de crédito a nuestra cuenta bancaria o pago directo con la tarjeta. Una vez efectuado contactamos con la entidad que nos ha concedido ese dinero y podemos distribuir ese reembolso en varios formatos: pagos mensuales iguales (ej: 100 euros al mes) ó en varios meses/años (ej: en 6 meses, si la deuda con intereses es de 1200€, serían 200€/mes).

La realidad de estas tarjetas es que pueden ser muy cómodas para el uso personal en caso de querer hacer un gran gasto y no pagarlo de golpe o en caso de no disponer en un momento oportuno de la solvencia necesaria, pero siempre hemos de tener cuidado con el tipo de interés que tiene asignado esa línea de crédito, conviene revisar de forma correcta los términos de la operación que vas a suscribir.

En definitiva, un sistema rápido, cómo y seguro; pretende la cercanía del banco con el cliente una vez más y que a largo plazo seguirá creciendo exponencialmente debido a todas las facilidades que cada vez van mejorando más.

Miguel Lopez, editor de Pymes y Autónomos y El Blog Salmón

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