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Las pólizas de crédito

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Dinero a medida

Las pólizas de crédito son un instrumento de crédito prácticamente desconocido en las finanzas domésticas, en cambio son extremadamente utilizadas por las empresas. A pesar de ello pueden ser contratadas por personas físicas y pueden ser una buena solución para ciertas necesidades financieras de las personas físicas.

Una póliza de crédito se puede definir de varios modos. Hay quien lo define como un crédito flexible en cantidad, de forma que hasta cierto límite podemos tomar la cantidad que necesitemos en ese momento y devolverla según nos convenga. En la práctica funcionan como una cuenta corriente en la que podemos dejar descubiertos hasta cierto límite que hemos pactado previamente. Podríamos llamarlo como un crédito hecho a medida.

Aunque a priori una póliza de crédito no tienen vencimiento, en la práctica si tendrán vencimiento que se pacta con la entidad bancaria. Normalmente nuestra entidad financiera no nos pondrá problemas para renovarlas, aunque puede hacerlo si cae nuestra solvencia. Volveremos sobre las repercusiones de este punto más abajo.

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Como en cualquier otro crédito, de la cantidad pactada se han de pagar intereses. Estos son los gastos asociados a una póliza de crédito.

  • Comisión de apertura: Se trata de un préstamo, por lo que esta comisión es habitual.

  • Comisión de disponibilidad (por tener disponibilidad de cierta cantidad pactada). Es un porcentaje de la cantidad que podemos disponer, suele ser muy pequeño.
  • Interés de dispuesto: El interés que pagamos por el saldo medio dispuesto.
  • Interés de excedido, en caso de que nos excedamos de la cantidad acordada hay que pagar un excedido sobre la cantidad que nos hemos excedido. Será sensiblemente más alto que el interés de dispuesto.

  • Esta lista puede parecer un poco exagerado respecto a un crédito normal, pero recordemos que estamos pagando por aquel dinero que hemos dispuesto, al contrario de un préstamo normal en el que pagamos por el dinero que hemos pedido, indiferentemente de que lo usemos o no. Otro punto que se ha de comentar es que para pólizas de cierta importancia es necesaria la firma de un notario.

    Es aquí dónde está la utilidad para aquellas familias que necesiten una cantidad para hacer algún pago, aunque no saben exactamente cuanto o cuanto va a ser la cantidad, obviamente dentro de unos límites. Pensemos en el siguiente ejemplo; una familia envía a su hijo con una beca erasmus a estudiar a Helsinki. Sus ahorros dan para pagar parte, al igual que la beca, pero no están seguros de cuanto dinero extra va a costar su formación ni cuando se recibirá la beca. Para solucionar esto contratan una póliza de crédito para tomar el dinero que vayan a ir necesitando.

    En el ejemplo anterior podemos pensar que la familia solicita una póliza de 10.000 euros. El primer mes toman 1.000, el segundo otros 1.000, el tercero otros 1.000. El hijo empieza a recibir la beca y encuentra un trabajo, por lo que se ven en situación de devolver lo prestado. A partir de ahí devuelven 500 euros cada mes hasta que pagan su deuda en seis meses. Al cabo del año deciden no renovar la póliza. Suponiendo un interés del 5%, una comisión de apertura del 1%, una comisión de disponibilidad del 0,1% y un interés de excedido del 15% (que no se aplica), el coste de la financiación será el siguiente:

    • Comisión de apertura: 100 euros
    • Comisión de saldo disponible: 10 euros.

    • Intereses: 56,25
    • Total: 166,25

    • En cambio si hubieran pedido prestado 5.000 euros a un TAE del 4,5% hubieran tenido que pagar 225 euros de intereses (sin incluir la comisión de apertura). Claramente ha resultado ventajoso para la familia esta opción en vez de un préstamo personal. Además si hubieran necesitado una cantidad mayor no hubieran necesitado volver a la sucursal a formalizar otro prestamo personal, con el ahorro de tiempo que conlleva.

      Obviamente las pólizas de crédito se deben de tratar como un préstamo, y no utilizarlas a diario como cuenta normal y acabar viviendo con un descubierto permanente bastante grande. Por dos motivos, el primero es porque estropeará nuestra solvencia a la hora de necesitar otro crédito, supongamos para un coche. El segundo motivo es porque pagamos intereses por el dinero dispuesto y estos pueden variar a la hora de renovar la póliza. Y en caso de que la póliza no se renovara, nos encontraríamos que hay que pagar una cantidad bastante grande a la entidad financiera.

      Por último recordar que estamos hablando de un producto para personas que tienen una buena disciplina financiera y pueden necesitar liquidez en casos puntuales. No obstante la disciplina financiera no es únicamente necesaria para las pólizas de crédito, sino en general para las todos los créditos que podamos tomar.

      Más información | Matemáticas financieras (CEF)
      Imagen | Rob Lee, Flickr

      Javier Navarro, editor de El Blog Salmón

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