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La hipoteca y la separación (I): La problemática de la pareja rota

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Separacion de pareja

Estamos viviendo una realidad económico-sociológica curiosa y muy triste. Amores desgarrados unidos a la fuerza por la penitencia de un préstamo hipotecario que contrataron sin saber que con la firma ante notario pactaban un “hasta que la muerte nos separe”. O casi. El divorcio o separación en una pareja hipotecada tiene unos problemas añadidos que trataremos de analizar en esta entrada.

El caso más común, que muy probablemente el lector conozca de alguien cercano si no de él mismo, es el de parejas recientes que compraban su primera vivienda con ilusión y bastante facilidad al son de la generosidad crediticia vivida hace nada. En muchas ocasiones los padres de uno o de ambos tortolitos avalaban la operación, para acabar de enredar el problema en caso de separaciones de los querubines. Veremos qué opciones tienen los corazones rotos, a nivel financiero.

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Toda ruptura sentimental desgasta nuestra alma; pero si además implica un problema económico, ligado al pago de la hipoteca del desmembrado hogar conyugal, la situación se hace traumática. Y si esta hipoteca fue avalada por padres u otros parientes, la desagradable situación sentimental y económica se torna un verdadero problema familiar.

Las desavenencias entre parejas no es nada nueva, como tampoco lo es que compraran una vivienda juntos. La novedad es que se ha pasado de dar a una pareja recién formada hipotecas del 100% más gastos con tasaciones generosas a una situación del mercado inmobiliario diametralmente opuesta. Esta es la paradójica situación que se vive actualmente: parejas que se separan con hipotecas muy cargadas, viviendas que no valen lo que se pagó y un mercado paralizado que frena o impide vender a otras parejas la vivienda.

Antes separarse con hipotecas por en medio era un problema, pero se podía vender con relativa rapidez; ahora no. Si a eso le sumamos que la situación laboral de uno o ambos ex-amantes es peor de lo que era en el momento de la compra, tenemos la fatalidad cocinada. Si a esta pesadilla le adicionamos la existencia de avalistas o dobles garantías, la batalla entre familias puede llegar a niveles de los Montesco y Capuleto.

Muy relevante a la hora de enfrentarnos a la ruptura es la existencia de hijos en el seno de la pareja. Los hijos menores no emancipados son una víctima colateral de estas separaciones; cualquier solución que se busque debe tener como eje principal perjudicar en lo menos posible el bienestar de éstos.

Implicaciones jurídicas y prácticas importantes tiene también el tipo de unión de la pareja; no es lo mismo enfrentar esta ruptura para una pareja de hecho que para un matrimonio. En caso de falta de acuerdo y existencia de hijos, el Juez otorgaría el uso y disfrute de la vivienda familiar al cónyuge en cuya compañía queden, independientemente de la propiedad del inmueble.

Especial cuidado se debe tener con lo que se pacta en los convenios reguladores. Un caso que me he encontrado varias veces es que se pacta que uno de los cónyuges pasa a ser propietario único de la vivienda y asume el pago de la hipoteca. Hasta aquí suena justo para la otra parte; lo que hay que tener claro es que la vivienda pasará a manos de la parte beneficiaria pero no la hipoteca. Es decir, que la otra parte pierde la propiedad pero sigue teniendo la deuda, aunque se haya pactado que no pagará la cuota mensual. En caso de que no se pague puntualmente el préstamo hipotecario, el banco puede exigir el pago a cualquiera de ambos.

Para simplificar, la entidad financiera no está obligada a liberar a ninguno de los divorciados de la deuda, por mucho que el Juez adjudique la propiedad a uno de ellos. El otro tendrá una hipoteca pero no será propietario.

Hay algunas recetas para evitar que este guisado no salga venenoso, pero hay que saber mezclar los ingredientes con mucha destreza y cautela. En la próxima entrega veremos con más detalle algunas de las soluciones factibles y las que no lo son, entre las que podemos adelantar:

  • La venta de la vivienda.

  • La adquisición de uno de los miembros de la vivienda mediante una extinción de condominio.
  • La dación en pago o devolverle la vivienda a la entidad financiera.
  • Pactar que uno de la pareja se queda viviendo en la casa y se alquilan habitaciones cuyas rentas van a un fondo común.

  • Tiempos aciagos los que nos han tocado vivir, desde el punto de vista económico. Añadir a esto el mal de amores es ya verdaderamente una vivencia que no deseo a nadie y, en caso de experimentarla, que se pueda solucionar de la forma más rápida y beneficiosa para ambas estirpes.

    En Actibva | Cómo manejar las finanzas en pareja
    Imagen | Daquella manera, Flickr

    Pau A. Monserrat, editor de Futur Finances

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