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Evita una responsabilidad solidaria

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Responsabilidad financiera

Una responsabilidad solidaria es una responsabilidad en la que si firmamos con otras personas y estas personas no se hacen responsables de sus pagos, nosotros nos hacemos responsables de los pagos de los demás. Es habitual que sea firmada cuando varias personas se hacen cargo de una responsabilidad, por ejemplo una deuda.

Pero esta no es la única situación en la que uno se puede hacer responsable de las obligaciones de otros, por ejemplo si alquilamos un piso compartido junto con otra persona tal vez suceda que firmando un contrato solidario si nuestro compañero de piso deja de pagar, seamos nosotros los obligados a hacerlo.

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Bien, el objetivo que debemos tomar es nunca ser responsables de una responsabilidad solidaria, porque ser responsables de una obligación solidaria con otras personas nos deja en una situación de riesgo que no deberíamos de asumir. Se trata de una responsabilidad que nos puede traer problemas si los demás copartícipes de la obligación dejaran de cumplir sus obligaciones.

Ahora supongamos que no nos queda más remedio, entonces tenemos que situarnos en una condición jurídica en la que esta obligación solidaria no nos llegue a afectar tanto en caso de que la(s) otra(s) persona(s) deje(n) de realizar sus pagos.

Por ejemplo, volvamos al piso compartido. En este caso lo que deberíamos de hacer es si no nos queda más remedio que la obligación sea solidaria, hacernos responsables de los pagos del alquiler a partir del segundo o tercer mes, de ese modo tendríamos tiempo para buscar un nuevo compañero de piso o para irnos a otro. Es decir, se trata de negociar nuestra situación jurídica para estar en mejor posición si las cosas van mal.

Otro ejemplo de la responsabilidad solidaria se ve en cuando se abre una cuenta corriente entre varias personas que no se conocen mucho entre sí, por ejemplo para guardar el dinero de un viaje de estudios de universidad. En ese caso, se puede pedir una disposición solidaria (cualquiera actúa en nombre de todos) o una responsabilidad mancomunada (hace falta la firma de más de una persona).

Si la cuenta está por ejemplo a nombre de tres titulares, por ejemplo se puede pedir una disponibilidad mancomunada de dos firmas, de modo que dos puedan actuar a nombre de todos por razones de flexibilidad operativa. De ese modo no estamos tan a la merced de las otras personas. Otra cosa a exigir en cualquier cuenta compartida es que no admita descubiertos, de forma que no somos responsables de la misma.

En ocasiones la ley nos coloca en una responsabilidad solidaria lo queramos o no, con lo cual no nos podemos proteger. Por ejemplo en el Impuesto sobre sucesiones y donaciones, ante Hacienda los herederos son responsables solidarios por la herencia. Sin que la ley se manifieste en contra de que el pagador del impuesto luego pueda demandar a los demás herederos para que le paguen la parte que le correspondía. En estas ocasiones es fundamental comprobar que los demás copartícipes de la obligación la han cumplido correctamente.

El mundo de las obligaciones solidarias y mancomunadas ha provocado muchos dolores de cabeza y que algunas personas lleguen a juicio por no haber comprendido correctamente que tipo de obligación estaban tomando. Comprenderlas y protegernos correctamente de una obligación solidaria es fundamental para la salud de nuestras finanzas personales.

En Actibva | Manual práctico de productos financieros: La titularidad de la cuenta corriente
Imagen | Flickr

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