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Una de las opciones que siempre se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en complementar nuestra formación es el estudio de un máster. Aunque muchos estudiantes de posgrado son jóvenes recién titulados, también nos encontramos con gente con experiencia profesional que optan a esta vía para mejorar su currículum.
En el caso de los recién titulados, la razón principal que lleva a estudiar un máster es obviamente mejorar el currículo que se usará para entrar en el mercado laboral y, de este modo, conseguir un puesto al que no se podría acceder sin esta formación. Muchos optan por un máster de Dirección de Empresas, lo que podríamos considerar como generalista, pero la gran mayoría suelen optar por un máster específico en el área que desean reforzar para empezar su carrera profesional.
Dado que estos jóvenes estudiantes todavía no tienen experiencia suelen desaprovechar el gran potencial de los máster: el acceso a una red de contactos selecta. Todas las escuelas de negocios tiene asociacioens de ex-alumnos, pero los jóvenes recién salidos acaban más centrados en desarrollar su carrera profesional que en trabajar esa red de contactos a la que tienen acceso.
Evidentemente, si el estudiante es usuario de herramientas web 2.0 y está acostumbrado a compartir información es fácil que sí vea el potencial de esta red y lo primero que hara será añadir la mayor parte de esos contactos a su perfil en redes profesionales. Este estudiante podrá usar esos contactos para aumentar la velocidad de progreso de su carrera profesional.
El otro perfil de los que acceden a un máster es el del trabajador con experiencia que decide dar un cambio en su trayectoria o que necesita el máster para optar a un mejor puesto. En este caso el máster más indicado suele ser el que citaba antes como generalista, es decir, el de Administración de Empresas.
Los profesionales con experiencia también optan a un máster especializado, pero suele ser para poder dar un cambio, un giro, en su trayectoria profesional. También podrían servir para complementar formación si su trayectoria profesional les hubiera llevado a un trabajo fuera de su mercado natural.
Lo que sí suelen utilizar mejor estos estudiantes de mayor edad es la red de contactos a la que se accede, aunque eso si, también suele coincidir que son “inmigrantes digitales” y no saben sacarle todo el provecho posible al no estar habituados al uso de herramientas 2.0
Otra diferencia entre estos dos grupos de estudiantes suele ser la fuente financiera: en los primeros suele requerir un esfuerzo a la familia para sufragar el gasto, mientras que en el segundo caso se suele optar al máster gracias al pago de esta formación por parte de la empresa. Como contraprestación se suele firmar una cláusula de permanencia para no irse inmediatamente, salvo que se devuelva a la empresa el importe.
Finalmente, lo que para mi es la pregunta del millón respecto a un máster: ¿asegura un máster un salto cuantitativo importante en los ingresos como para merecer la pena el esfuerzo? Y por esfuerzo me refiero no sólo al de estudiarlo sino también al de autofinanciarse a través de un crédito. La respuesta que yo me doy es que en un alto porcentaje de candidatos si debe ser así, aunque con la proliferación de escuelas de negocio no sea tanto como cuando se empezo a impartir este tipo de formación de posgrado.
Y evidentemente no debemos olvidar que no es lo mismo un máster en una escuela de negocios que en otra. Es decir, cuanto más podamos pagar accederemos a uno mejor por la calidad de contenidos, de sus profesores y de la red de contacto a la que podamos acceder.
Parafraseando a Lee Iacocca: “Busca, compara y si encuentras un máster mejor: estúdialo”
Fotografía | markhillary
Autor: Enrique Brito. Editor de El Blog Salmón
Comentarios
El principal problema de los masteres es su alto coste.