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La falta de flexibilidad laboral como problema de desempleo

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La economía española cuenta con algunos problemas de fondo que lastran nuestra competitividad como país. Uno de los problemas más preocupantes es que contamos con un mercado laboral excesivamente rígido en el que se enfrentan las necesidades de las empresas y los trabajadores como si fuera imposible conciliar los intereses de ambos.

Unir ambas realidades significaría vincular a los empleados con la realidad empresarial de cada momento y para ello necesitaríamos cambiar de mentalidad y empezar a considerarnos productos del mercado laboral que necesitan ser mejorados constantemente para aumentar su valor.

Cada vez es menos probable que un trabajador se mantenga en una empresa por toda su vida y tenemos que asumir que nuestra seguridad laboral pasará por la flexibilidad del mercado de trabajo y la creación de una economía sostenible capaz de satisfacer nuestras necesidades y minimizar los periodos de desempleo. Todo un reto para nuestro país, sin duda.

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El fracaso de un sistema inflexible

La destrucción de empleo en nuestro país ha provocado que los desempleados de larga duración aumenten de forma alarmante pero además ha hecho que contemos que una tasa de paro juvenil que duplica la media europea situada en valores próximos al 20%. Tenemos que preguntarnos por qué existen estas diferencias tan notables.

Contamos con la juventud más formada de la historia de España pero con un sistema que no puede acogerles al ritmo necesario. La baja rotación laboral crea un escenario complicado que hace que muchos ya hablen de “la generación perdida”.

Este problema también afecta a las personas con más de 40 años que ven cómo a falta de más de 20 para la jubilación sus oportunidades de reincorporarse al mercado son escasas.

La metáfora de la zona azul

Imaginemos que estamos buscando aparcamiento en una ciudad y estos son escasos pero además están ocupados por vehículos durante largos periodos de tiempo. ¿Cómo encontraremos un hueco? El tiempo que pasamos dando vueltas podríamos traducirlo como el tiempo que pasamos en el desempleo.

Una solución globalmente asumida es la instauración de zonas azules por las que se intenta que aumente la rotación de vehículos y se maximicen las posibilidades de encontrar aparcamiento.

El problema es que esto aumenta la circulación en carretera pues continuamente hay gente aparcando y desaparcando. No es un sistema perfecto, evidentemente.

La flexibilidad laboral supone facilitar la posibilidad de encontrar trabajo pero también la de perderlo o la de ver cómo nuestros ingresos varían en relación con la situación real de la empresa (en la metáfora serían aparcamientos más alejados de las zonas céntricas).

Por ello no se puede implantar sin otra serie de cambios que faciliten la “circulación”, que busquen minimizar el tiempo sin empleo y que proporcionen la ayuda necesaria para ser competitivos en el mercado laboral.

La empresa nos pagaría el parquímetro mientras pueda hacerlo y en algunos casos hasta nos daría un “parking privado” aunque no será tan habitual como antes. Si lo pensamos bien, en la situación en la que estamos muchos utilizan las zonas de carga y descarga (empleos precarios y temporales) o se arriesgan a aparcar en zonas prohibidas para poder seguir adelante así que no tiene por qué ser un cambio a peor.

La formación continua, la adaptación de los horarios laborales y sobre todo el cambio de consciencia son algunos de los principales retos pero ante todo hay que minimizar los periodos de tiempo que pasan los trabajadores entre empleo y empleo.

A todos nos gusta poder aparcar el mayor tiempo posible. Es cómodo, por supuesto. La falsa tranquilidad de tener un contrato indefinido y el sueño “del funcionario” nos ha acompañado durante muchos años pero la realidad ha cambiado mucho y los puestos de trabajo no se reparten de la misma manera que antaño.

La ciudad tiene muchos vehículos buscando aparcamiento en las mejores zonas y la movilidad es vital en ellas. Crear nuevos aparcamientos es muy complicado por lo que a nivel europeo se plantea compensar este sistema con las medidas del conocido como plan Europa 2020 en el que se plantean objetivos destinados a la conciliación familiar y facilitar la entrada al mercado de trabajo de personas mayores y otros sectores necesitados además de promover la formación continua.

Cambio de filosofía

La comunidad europea es en sí misma una oportunidad laboral aunque choca con el tradicional arraigo de la fuerza laboral a su país de origen. Lo cierto es que la movilidad europea empieza a aflorar con fuerza por los problemas internos de nuestra economía y se ha convertido en una alternativa para muchos jóvenes. “Si no hay aparcamiento aquí, vamos a otro sitio”.

Las crisis son épocas de cambios y estos nos pueden ayudar a mejorar nuestro sistema económico y nuestra consciencia como fuerza de trabajo. Todo esto producirá un debate en el que empresas y trabajadores debemos unirnos para garantizar un escenario de oportunidad y desarrollo que nos haga más fuertes como país.

Un mercado laboral de alta rotación nos transforma en un producto que debe mantenerse activo y actualizado para poder adaptarse a los cambios y estar preparados para los nuevos retos. Esto choca con el modelo inmovilista que a la larga se traduce en pérdidas de productividad y competitividad.

Tener un contrato fijo puede ser sustituido por tener una seguridad laboral lograda por un sistema capaz de adaptarse y de darnos salidas para mantenernos empleados acompañándonos en nuestro crecimiento como profesionales. Todos tenemos mucho que cambiar. ¿Será un buen cambio?

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Imagen | Compujeramey

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