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Los avalistas, una profesión de riesgo

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La crisis en confianza, la falta de liquidez, el impago de los créditos y la falta de fluidez en la demanda comercial son algunas de las claves fundamentales que están haciendo que muchos de nosotros estemos en malos momentos y no podamos hacer frente a nuestras deudas, ¿pero qué pasa con nuestros avalistas?

Los avalistas, como casi todos debemos saber, responden de forma solidaria ante las deudas contraídas por la persona avalada, por lo que le guste o no, siempre ha de pagar el crédito pendiente de la persona avalada sin poner ningún tipo de rechazo ante ello, ya que en el contrato crediticio así ha de constar.

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Por tanto podemos decir que esa persona se compromete de forma fiel a garantizar la cuantía del préstamo, es decir, asume la responsabilidad plena en caso de impago por parte del titular así de como todos los intereses generados por la deuda. Es evidente que en los tiempos que corren ser avalista es una “profesión bastante peligrosa” desde el punto de vista de las finanzas personales.

El riesgo de impago que de forma normal posee en avalista actualmente es mucho mayor, la morosidad está subiendo por lo que es evidente que en cuanto un crédito pasa a ser para la entidad financiera dudoso de impago las personas que primero responden son las que nos avalaron, normalmente siempre suelen ser nuestros familiares, algún buen amigo o en muchas ocasiones una empresa al tenerla en propiedad nosotros mimos.

En muchas ocasiones y dependiendo de la cantidad y riesgo de la operación financiera nos pueden hacer tener no sólo un avalista, sino múltiples y que además presenten conformado notarialmente y por su entidad financiera una aval correspondiente a sus bienes inmuebles y líquidos, por lo que conocen la capacidad real para responder de las deudas.

Es por tanto muy importante que si vamos a necesitar uno o varios avales seamos conscientes de que podemos hacer que dichas personas carguen con todas nuestras deudas financieras, por lo que deberán ser personas de gran confianza y a poder ser con la mayor solvencia posible para hacer frente a dicha deuda.

En caso de hacer de avalista, debemos tener claro que en cuanto una entidad financiera realiza la ejecución del pago para los avalistas la deuda se demanda al completo y de forma inmediata (aunque posteriormente podamos negociar con la entidad financiera el pago de forma alternativa) por lo que es muy importante saber bien los términos del crédito que pactamos así como las cantidades para no tener más tarde ciertos problemas de solvencia o liquidez a la hora de hacer frente a dicha operación crediticia por impago del acreditado inicial.

Otra de las figuras fundamentales en donde los avalistas tienen cabida actualmente es en el contrato de alquiler, en donde el casero para tener de forma conformada una capacidad real y legítima del pago durante el tiempo firmado en el contrato demanda un aval por dicha cantidad a las personas a las que arrendará el inmueble. El caso perfecto es un piso de estudiantes, en donde tendrán los padres que avalar a los hijos para que el casero se fíe del respeto del contrato de alquiler.

Es por tanto la figura del avalista una ciertamente importante en cuanto a finanzas personales, ya que siempre respalda las operaciones como una forma de confianza para el prestamista y de seguro para el prestatario, pero también debemos saber el gran riesgo que ello conlleva para los mismos y más en momentos como los actuales cuando el flujo de morosidad se está elevando a ratios que nunca habíamos sufrido en España.

Miguel Lopez, editor de Pymes y Autónomos y El Blog Salmón

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