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Las profundos efectos económicos de la esclavitud durante el siglo XIX

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La esclavitud ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad bajo diferentes formas, pero durante el periodo de colonización del nuevo mundo experimentó un alarmante crecimiento que dejó profundas huellas, especialmente en el continente africano. El fin de este sometimiento llegó poco a poco e incluso vino acompañado por hechos de dudosa ética como la compensación económica a los esclavistas.

Los indígenas de los terrenos conquistados en América fueron esclavizados y la mayoría fallecieron ante las duras y abusivas condiciones de trabajo. Tras este drama, españoles y portugueses (principalmente) comenzaron a traficar con ciudadanos del continente africano.

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El lento comienzo del fin

En 1807 nació una ley británica que prohibió el transporte de esclavos desde África a las américas, con la que se comenzaba a poner impedimentos al comercio de seres humanos. España sucumbió a la presión, firmando un tratado con dicho país mediante el cual se comprometía a eliminar esta actividad en un plazo de tres años.

No obstante, cerca de dos mil barcos “negreros” fueron interceptados por la Escuadra de África Occidental de la Royal Navy en los siguientes sesenta años, pues aunque los países redujeron sus actividades directas a este respecto, el rapto y transporte de seres humanos corría a cargo de terceros (negreros, piratas, comerciantes y grandes corporaciones), representando un negocio altamente rentable.

Con estas intercepciones hablamos de una cifra aproximada de 150.000 cautivos liberados, pero aún así, vale la pena recordar que al mismo tiempo que Inglaterra aplicaba esta política, se mantuvo en la esclavitud a más de medio millón de personas de sus islas del Caribe.

En otras palabras, se dieron los primeros pasos, pero insuficientes e ineficaces. La sangría del continente africano fue continua, viendo cómo sus jóvenes más fuertes y sanos eran raptados y forzados a trabajar sometidos en una tierra desconocida.

Todo esto supuso un fuerte impacto sobre la economía y la sociedad africana, llegando al punto de que algunos datos nos hablan de que 1 de cada 4 africanos fueron esclavizados.

Este dato puede ayudarnos a comprender el caos que reinó en África: muchos ciudadanos huían de las zonas en las que los esclavistas estaban más activos, muchos se apropiaron de tierras ajenas (de personas esclavizadas o de aquellos demasiado débiles para defenderse), el comercio resultaba imposible, muchas regiones productivas fueron despobladas, la mano de obra más capacitada desapareció, se paralizó el desarrollo social e imperaba el “desgobierno”, el pillaje y los crímenes amparados en la impunidad.

Desmantelando el comercio de seres humanos

El 1 de Agosto de 1834 entró en vigor una ley que fue aprobada por el parlamento británico mediante la cual se derogaba la esclavitud en sus terrenos. Con ella se creó un fondo de veinte millones de libras para compensar a los esclavistas, que fue dotado mediante préstamo bancario debido a su cuantía respecto a los ingresos tributarios estimados.

Se estima que de las cerca de 50.000 indemnizaciones dadas, se produjo la “liberación” de 800.000 personas, es decir: 16 esclavos por caso. El proceso finalizó en 1840 gracias a la rápida actuación de los siete secretarios dispuestos a tal efecto.

Por desgracia, la ansiada libertad consistió en la realización obligatoria de un proceso de “formación”, consistente en la realización de trabajos forzados durante una media de 5 años.

En España, la esclavitud en territorio peninsular se abolió en 1837, pero la ley no se aplicó fuera los territorios de ultramar. La Sociedad Abolicionista Española lucho por su aplicación real y universal hasta 1888, algunos años después de que entrara en vigor la Ley Moret de “vientres libres”, durante 1870. En ella se declararon libres a los hijos de las mujeres esclavizadas que nacieran desde su entrada en vigor.

Los menores ya nacidos quedaban bajo la “protección” del esclavista, que debería proporcionarle comida, ropa y seguridad sanitaria, que en la práctica representaba una situación de semiesclavitud.

En el tratado de paz firmado en Cuba en 1878, los españoles liberaron a los esclavos que combatieron en su bando, sin establecer ningún tipo de compensación económica. Aún así, se compensó al resto de esclavistas de Cuba y Puerto Rico por la libertad de los seres humanos forzados en un proceso que se extendió hasta 1887 aproximadamente, sumando un total de 35 millones de pesetas, que en la época representó un importe muy notable.

¿Que quedó?

Tras este oscuro proceso de la historia, África fue sin duda la gran damnificada, pues su economía y su realidad social vivieron cambios tan radicales que se ralentizó el desarrollo de todo el continente, llegando a la actualidad con una clara desventaja.

Tampoco podemos despreciar la catástrofe demográfica de América, producida por los colonizadores y por la esclavitud de los miembros más sanos que terminaron falleciendo por la dureza del trabajo y por las enfermedades transportadas por los europeos.

Los esclavistas compensados utilizaron sus fondos para diversos fines, como para comprar maquinaria con la que suplir la falta de mano de obra. Por desgracia, ningún esclavo recibió una compensación directa por parte de nuestro país y el destino de todo el dinero entregado a los esclavistas es muy difícil de conocer.

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