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House nos cuenta qué es la inflación, la deflación, la estanflación y otros síntomas infecciosos

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En vistas de que no he recibido ningún correo electrónico o tweet en contra, cederé el testigo de algunas de mis entradas al Dr. Gregory House para que nos explique a todos lo que entiende de algunos de los conceptos económicos que suelen aparecer en los medios.

Declino cualquier responsabilidad en lo que el “afable” doctor opine de la economía, de los economistas, de los trabajadores, de los empresarios o de los mimos de las plazas. Lo máximo que me atrevo a prometer es que procuraré que no se confunda con los términos económicos. Podrá ser histriónico en lo que haga, pero técnico en lo que diga. Espero.

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Buenos días; mi nombre es Gregory House y soy un ignorante económico como todos vosotros. Estoy muy agradecido de estar en esta asociación de torpes y poder compartir mis pocos conocimientos. Algunos pensaréis que, dado que soy como los demás, no tengo nada que aportar al debate económico. Es cierto. Lo que pasa es que yo soy un médico superdotado y vosotros unos memos. Además soy famoso.

Perdonad mi mal humor, esta noche unos engendros enanos vestidos de Marujita Diaz me han tenido en vela balando “truco o trato“; menos mal que tengo bastones para dar y tomar. Los padres que les acompañaban los han catado.

En esta primera ocasión me ha tocado explicaros algunos conceptos relacionados con la evolución del valor del dinero en el tiempo. Veamos algunas definiciones que nos hacen los economistas:

La inflación se puede definir como un alza sostenida del nivel de precios.

Lo patógeno de la inflación no es que todos los precios suban a la vez, salarios y beneficios incluidos, es que algunos precios suban más que otros. Si sube el precio de la vicodina y no mi sueldo, por ejemplo, mi placer por la vida caerá en picado. Suerte que soy médico y puedo hurtarla, claro. Lo malo para un currante, por tanto, es que suban los precios de los bienes y servicios que necesita por encima de su sueldo. Lo que se llama perder poder adquisitivo. Y encima parece como si el jefe no tuviera la culpa de nada. “Son cosas de la economía”, dirá.

Y lo contrario a la inflación, ¿qué es?:

La deflación es una caída de precios en el conjunto de la economía que se prolonga durante varios periodos (al menos dos trimestres consecutivos según el FMI).

Joder, eso es bueno, ¿no? Pues resulta que no. Y si no que se lo pidan a los japoneses, esos amables orientales que odian ser confundidos con esos sonrientes ciudadanos chinos. La deflación es un virus letal que se inocula en las mentes de los consumidores. Si uno espera que los precios bajen, posterga su decisión de compra. Cae el consumo, las empresas no venden y despiden a sus trabajadores, que no compran al estar en el paro. Y vuelven a bajar los precios.

Para terminar con este círculo vicioso los keynesianos proponen incrementar el gasto público para dinamizar la economía y los monetaristas bajar los tipos de interés para potenciar el consumo y la inversión a crédito. En el fondo, la economía se parece a la medicina; o que si un médico le da al paciente la pastilla equivocada lo mata y si un economista se equivoca, le da la culpa a las variables espurias.

Y ahora meditemos sobre un término raro entre los raros, la estanflación:

La estanflación es un término utilizado para definir una situación económica de estancamiento de la economía (con altas tasas de paro) con inflación.

Esta si que es una enfermedad curiosa y difícil de tratar. Lo normal es que cuando el consumo crece, aumenta la inversión de las empresas para servir a este aumento de demanda, crece el PIB y los precios aumentan hasta equilibrar demanda y oferta. Crecimiento con inflación. Lo contrario pasa al caer el consumo, se produce deflación con decrecimiento económico hasta volver a un equilibrio.

Si hay estanflación se combina una situación de parón de la economía con precios al alza. En los años 70 la OPEP (los marajás del petróleo) cuadriplicó el precio del oro negro. Los costes de producción de las empresas suben y éstas incrementan los precios de los bienes y servicios. Tenemos ya inflación en el sistema; los trabajadores piden aumentos de sus salarios para no perder poder adquisitivo; si además suben los intereses, el coste de financiación para las empresas se incrementa. Y se genera paro, que contrae el consumo. Pero la inflación no se controla al depender del aumento continuado del petróleo. Inflación y paro. La peor de las situaciones jamás imaginada por los economistas clásicos.

Si alguien ha entendido algo, enhorabuena, a mi ya me duele la cabeza. Me voy al hospital que cientos de virus mutantes me esperan y no quiero dejarlos solos. Nos vemos en un futuro, espero que podáis aguantar la pena y la ansiedad de no disfrutar durante un tiempo de mi brillante mente y mi delicioso cuerpo.

En Actibva | La inflación, el IPC o el porqué las cosas valen más con el tiempo

Imagen | Esparta

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