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El día que España pidió ayuda a los charlatanes para salir de la crisis

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¿Orador o charlatán?

A finales del siglo XVI, España se sumió en una profunda crisis debido al alto endeudamiento de la hacienda nacional causado por los préstamos que financiaron los conflictos en los que se embarcó la corona. De esta manera, la casa real se mostró favorable a escuchar las propuestas de los ciudadanos para mejorar las maltrechas arcas públicas, saliendo a la luz un gran número de charlatanes e interesados.

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Una lluvia de ideas, pero una lluvia ácida

El sucesor de Carlos I, Felipe II, se encontró con un país sepultado por la gran deuda externa que se acumuló por los préstamos con los que se financiaron las guerras que caracterizaron el hundimiento del imperio español. Ante esto, la corona se mostró predispuesta a escuchar las ideas que pudieran ayudar al país a salir de la debacle, mediante la implantación de nuevos impuestos, medidas recaudatorias, de ahorro, etc… (arbitrios).

Los “arbitristas”, es decir, los que participaron en la “consulta popular”, presentaron cientos de ideas llenas de evidencias e incongruencias, además de carentes de sentido, especialmente tras el desastre de la armada invencible y la muerte de Carlos I en 1588, que removieron muchas conciencias.

Estas ideas tenían que pasar el corte realizado por una junta antes de llegar a los consejos reales, que se vieron saturados por propuestas de personas de toda condición que planteaban arbitrios con más o menos conocimientos, con el fin de que agradaran y fueran recompensados por la corona.

Aunque en un principio se creyó que estas propuestas eran buenas para el país, lo cierto es que a comienzos del siglo XVII el surgimiento de los charlatanes y los aprovechados era evidente. Por ejemplo, tenemos el “arbitrio del vino”, la propuesta del italiano Lezcaro con la que pretendía hacerse con el monopolio del vino de Castilla (algo tradicionalmente muy ligado al orgullo nacional debido a su potencial) a cambio del pago de algo más de 100.000 ducados anuales durante doce años.

La propuesta fue rechazada por las cortes, pero se abrió la puerta a la llegada de propuestas interesadas llenas de picaresca y al surgimiento de auténticos “vende humos” que intentaron ayudar a la hacienda real sacando un importante beneficio económico en el camino.

Durante esta época, no todas las ideas fueron de este estilo, siendo la escuela de Salamanca especialmente prolífica en la creación de interesantes mensajes sobre la economía del reino, aunque resultaba evidente que el arbitrismo había perdido el favor del pueblo y de la propia corona.

Judas era arbitrista

Muchos autores de la época como Cervantes, fueron especialmente críticos con el colectivo de arbitristas, aunque Quevedo fue posiblemente el más directo, situándolos a la altura de Judas o el propio demonio por ser capaces de embaucar y hundir al país por lograr su propio beneficio.

“Que Judas fue arbitrista, y lo suyo fue arbitrio: ya se ve, pues sus palabras fueron que se podía vender un ungüento y darse a los pobres. Resta averiguar si el arbitrista es ladrón. No solo es ladrón sino robador.” Quevedo en Políticas de Dios, gobierno de Christo.

Pese a estas palabras, autores como Tomás de Mercado fueron especialmente importantes durante la época del arbitrismo, con su propuesta de cobrar intereses por los préstamos pese a que la iglesia católica lo consideraba “usura”.

Otros no llevaron ideas tan estudiadas, sino que se limitaron a enviar documentos en los que proponían asuntos como cerrar el estrecho de Gibraltar para cobrar peaje o declarar un día de ayuno cada mes. Igualmente otros no se rendían a perder contra Inglaterra y plantearon absurdos planes para invadir el país.

La mayoría de las propuestas pretendieron abordar un complejo problema con ideas sencillas que rozaban el surrealismo. Se suele decir que en cada Español hay un seleccionador nacional y un político, aunque esto no significa que todos sepan de lo que hablan, tal y como se demostró en aquella turbia época de nuestra historia.

En nuestros días, muchos abanderan soluciones a la crisis y plantean sus ideas en la red. Algunos tienen más razón que otros, pero todos parecen tener algo que decir. Lo difícil es diferenciar al trigo de la paja y huir de los charlatanes que sin duda surgen en todas las épocas de crisis.

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Imagen | Ezu

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