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¿Cuánto vale nuestro cuerpo?

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Cuerpo Humano

¿Alguna vez os lo habéis preguntado? La respuesta a cuánto vale el cuerpo humano, el nuestro o el de otro congénere, depende de muchas variables y según para qué se haga este cálculo. Para un enamorado el valor de su amada es incalculable, para una aseguradora el precio a pagar por un accidente corporal es bastante más ajustado.

Cuando digo que la economía trata de poner un valor monetario a todo, incluso al medio ambiente, al amor, al riesgo de tener un accidente o al propio cuerpo humano, mucha gente se escandaliza. Pero valorar es la única forma de entender cómo asignamos nuestros recursos limitados de tiempo, esfuerzo, dedicación y demás. Inconscientemente valoramos continuamente; al buscar pareja, hacemos valoraciones entre una persona y otra. Ponerles un precio monetario es simplemente tomar una medida que nos sirva para valorar el resto de candidatos.

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Podemos valorar el cuerpo humano de infinidad de maneras, pero para concretar monetariamente nos centraremos en la que usan las aseguradoras y la Justicia. No debemos olvidar que poner precio al cuerpo humano y a determinadas partes que lo componen es una forma que tenemos los economistas y los que toman decisiones de decidir lo mejor posible el destino de unos recursos limitados. Eso no quiere decir que el precio sea el valor de un humano, ya que cómo decía el poeta “todo necio confunde valor y precio”.

Si tenemos que decidir qué se paga de indemnización a un empleado que pierde un dedo, tenemos que ponerle un precio al dedo. Su valor no es éste. El dedo perdido propio vale mucho más que el ajeno. Lo mismo pasa cuando las autoridades de un país han de decidir los recursos que destinan a rescatar un alpinista accidentado en una montaña de un país lejano. Es muy duro tomar determinadas decisiones, pero en un mundo de recursos limitados cada día hay que decidir sobre ello.

El precio de una vida humana depende de multitud de factores, tanto reales como simbólicos. La vida de un soldado israelí, por ejemplo, se valora más alta que la de otros países. Entre los muchos motivos de esta minimización de bajas en su estrategia militar está la reducida población del Estado Hebreo. Las personas amadas se valoran más que los desconocidos, determinadas religiones valoran más el alma que el cuerpo, incluso hay zonas del globo en que uno vale más según la casta a la que pertenece.

Una nación democrática y moderna, debe buscar métodos de valoración monetaria de las personas lo más objetiva y ajustadas a la voluntad colectiva posibles. En el caso de España, los tribunales de justicia aplican los baremos recogidos en la Ley de Responsabilidad Civil y Seguro de Circulación de Vehículos a Motor. Estos referentes son la base utilizada para calcular las indemnizaciones por la pérdida o deterioro de alguna parte del cuerpo. En aras de buscar la mayor seguridad jurídica posible el Tribunal Supremo decidió que se aplicara tanto en responsabilidades civiles derivadas de juicios penales y civiles como en las enfermedades y secuelas causadas por el trabajo, pese a que esta valoración tiene su origen en los criterios de las aseguradoras para indemnizar a los accidentados de tráfico.

Veamos qué precio tiene una vida perdida en base a la indemnización que le corresponde al cónyuge que le sobrevive:

  • Si la víctima tiene menos de 65 años, la indemnización por muerte incluido daños morales es de 90.278 euros.
  • Si el cuerpo que abandona la morada terrenal tiene entre 66 a 80 años, se indemniza al cónyuge con 67.708 euros (es curioso ver cómo el cuerpo humano pierde valor con los años, a efectos legales).
  • Si tiene más de 80 años, su precio es de 45.139 euros.

A este precio básico hay que añadirle un porcentaje según sus ingresos en vida y las circunstancias de la familia que abandona. 15 millones de las antiguas pesetas no parece un precio muy elevado para una vida humana, pero es lo que se valora en caso de accidente a efectos de resarcir al cónyuge viudo. Veamos ahora el precio que tienen algunas partes del cuerpo en caso de perderlas y ser indemnizado por ello (una persona de entre 21 a 40 años):

  • Un diente vale 619 euros.
  • Un ojo se indemniza con 1.220 euros.
  • Un testículo se valoraría entre 987 y 1.107 euros.
  • Un brazo 1.514 euros.
  • Una pierna se valora más que un brazo, concretamente en 1.709 euros.

De entre los factores que incrementan la indemnización, destacamos que aumenta en entre 15.000 y 75.000 euros si las secuelas permanentes que impiden totalmente la realización de las tareas de la ocupación o actividad habitual del incapacitado.

Una vez visto lo que vale nuestro cuerpo a nivel legislativo, desear que nuestro espíritu tenga un precio sensiblemente mayor en el mercado del Más Allá, para poder llegar a un balance monetario cuerpo-alma un poco más gratificante.

Más Información | Con lentes de economista
En Actibva | El precio de la muerte: cómo gestionar económicamente un deceso
Imagen | Antífama, Flickr

Pau A. Monserrat, editor de Futur Finances

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