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Las claves para contratar un préstamo personal y al consumo

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Durante la vida de cualquier persona existen una serie de gastos más o menos habituales a los que difícilmente se puede hacer frente con dinero en metálico. La vivienda y el coche figuran los primeros de esa lista, pero existen muchos otros supuestos en los que la financiación puede ser imprescindible o recomendable desde un punto de vista financiero. Un equipo informático, las vacaciones, estudios universitarios, mobiliario para el hogar…. son sólo algunas de estas adquisiciones que suelen realizarse a crédito o con financiación ajena.

Existen diferentes fórmulas de acceder a este dinero, aunque las más comunes son a través de un crédito o un préstamo, dos conceptos que aunque se utilicen habitualmente como sinónimos se refieren a operaciones diferentes. En realidad, un préstamo personal no es más que un contrato por el que una parte, generalmente una entidad financiera, entrega a la otra una cantidad de dinero que es amortizada de forma periódica según las condiciones acordadas. Es decir, un capital que dejan a un cliente y que este debe devolver con una serie de intereses.
La mayoría de personas están familiarizados con el concepto de los préstamos personales primero por los préstamos hipotecarios y segundo porque raro es el caso de quien no ha tenido que solicitar financiación ajena llegado un determinado momento de su vida. Además, siempre existe algún familiar o conocido cercano que sí ha tenido que hacerlo. A la hora de contratar un préstamo personal existen por una parte una serie de factores relacionados con el propio producto y otros con la negociación y búsqueda de la mejor oferta.

Características de los préstamos

Antes de ponerse incluso a buscar y comprar ofertas conviene saber qué elementos componen un préstamo personal. Y es que al final la mejor forma de poder elegir es saber cómo funciona el producto financiero en cuestión:

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  • El importe del préstamo: se refiere a la cantidad la entidad pone a disposición del cliente. Aunque no existe ningún límite legal, el importe mínimo de los préstamos personales suele establecerse en torno a los 3.000 euros, aunque hay productos específicos como el adelanto de la nómina por importes inferiores. La cantidad que se solicite determinará en buena medida el tipo de interés de la operación. Como norma, cuanto mayor sea la cuantía mayores serán los intereses que habrá que amortizar.
  • El tipo de interés: se refiere al ‘precio’ que hay que pagar a la entidad financiera por prestar el dinero. El tipo de interés determina el porcentaje del importe prestado que habrá que satisfacer. A diferencia de lo que ocurre con las hipotecas, los préstamos personales suelen firmarse a tipo fijo, aunque la fórmula variable ha crecido en los últimos años. El plazo del préstamo suele ser un buen baremo para determinar el tipo de interés (fijo, variable o mixto) que más conviene. Generalmente las entidades financieras ofrecen tipos fijos para las operaciones a corto plazo y variable para las que más se alargan en el tiempo.
  • El plazo del préstamo: se refiere al tiempo, establecido en meses y/o años durante los que se amortizará el préstamo. Como norma, el plazo mínimo de amortización suele ser de seis meses y el máximo de diez años, aunque la mayoría de créditos se devuelven en un plazo de cinco años. El plazo es la fórmula más habitual para establecer la cuantía mensual que se abonará al banco, aunque en este sentido conviene saber que cuanto más largo mayor es también la cantidad de intereses que se terminan pagando.
  • Las comisiones: como todos los productos financieros, los préstamos personales están sujetos al pago de unas comisiones a las entidades financieras. El número de comisiones dependerá del banco o caja de ahorro, aunque pueden cobrarse las siguientes: comisión de estudio, comisión de apertura, comisión por modificación de condiciones o por cambio de garantía, comisión por amortización parcial anticipada y comisión por cancelación anticipada. Según explica la Guía sobre préstamos personales y al consumo del Banco de España existe un límite máximo para algunas de estas comisiones como ocurre con la de cancelación anticipada que para los créditos al consumo no podrá ser superior al 3% en las operaciones a interés fijo ni al 1,5% en las de interés variable.


Cómo valorar un préstamo

La fórmula más habitual para valorar un préstamo es su TAE o Tasa Anual Equivalente. El TAE indica los intereses a los que habrá que hacer frente durante la vida del préstamo y es lo que servirá para comparar las diferentes ofertas desde un punto de vista estrictamente financiero. En realidad, esta herramienta permite conocer cuál va a ser el coste efectivo o real de una operación en un periodo anual y las entidades financieras están obligadas a informar de este índice al publicitar su oferta.

El TAE es más relevante en los préstamos personales o al consumo, ya que al establecerse a tipo fijo, no cambia a lo largo de la vida del préstamo, algo que sí ocurre con los de tipo variable, ya que los intereses fluctúan en relación al índice de referencia. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que no conviene comparar diferentes tipos de préstamos entre sí.

Al margen del TAE, existen otros elementos por los que también se puede valorar un préstamo personal como el ya citado plazo de amortización, que ayudará a reducir las cuotas mensuales o el pago de comisiones por cancelación anticipada. Las facilidades de pago, con periodos de carencia, son otro elemento a tener en cuenta. Adicionalmente, también habrá que estimar otra serie de requisitos la contratación de otros productos financieros que pueden abaratar ese TAE pero que también tienen un coste económico.

Fórmulas para abaratar el préstamo

Aunque suelen presentarse en forma de oferta cerrada, la mayoría de las entidades financieras acceden a negociar las condiciones de sus préstamos personales. Los frentes de negociación suelen limitarse a dos: garantías de pago y vinculación al banco.

El primero de ellos se refiere a las garantías que ofrezca el cliente. Cuanta mayor se su solvencia, más fácil será negociar una rebaja. Al margen de propiedades y otros bienes, siempre es positivo contar con un avalista que aporte una seguridad adicional para ablandar al banco. Lo mismo ocurre con los seguros o planes de pagos protegidos, cada vez más comunes, y que protegen a la entidad y a la propia familia del usuario y aseguran el pago de la deuda en caso de que surja un imprevisto.

Estos seguros o planes de pago entran dentro de la gama de productos financieros adicionales que pueden servir para reducir el TAE, algo más común en los préstamos hipotecarios. En el fondo, se trata de aumentar la vinculación del cliente a la entidad. De hecho, siempre suele ser más sencillo conseguir el capital en ‘el banco de toda la vida’. Por eso el primer requisito para poder acceder a financiación es abrir una cuenta en el banco. A partir de ahí la nómina y recibos serán las armas del cliente para mejorar las condiciones del crédito. Así, si accede a domiciliar ambos elementos puede que obtenga una rebaja del TAE, aunque cada vez son más las entidades para las que la domiciliación es condición sine qua non para la concesión del préstamo.

Además, la contratación de un plan de pensiones, fondo de inversión y otros elementos que liguen al cliente al banco puede ayudar mejorar las condiciones.

Cómo buscar el mejor préstamo

En realidad no existe ninguna fórmula mágica para encontrar el mejor préstamo, sólo una serie de pautas generales que pueden servir de ayuda o guía:

  • Informarse previamente: como ya hemos apuntado, antes de visitar cualquier entidad conviene repasar los conceptos que componen el préstamo para poder negociar en mejores condiciones.
  • Definir objetivos: los bancos cuentan con diferentes tipos de préstamos en función del uso que se le vaya a dar al dinero. No es lo mismo pedir financiación para comprar un coche que para acudir a la universidad o para reformar la vivienda. Cada uno de estos supuestos ofrecerá un TAE diferente y por eso antes de acudir al banco hay que tener claro el motivo por el que se solicita el préstamo y las ofertas relacionadas con esa necesidad.
  • Revisar la oferta del mercado: primero por intenet y después visitando directamente diferentes entidades bancarias. Incluso puede ser positivo acudir a varias sucursales de una misma entidad en busca de información. Evidentemente el primero de la lista debe de ser el banco habitual, que en teoría será más proclive a acceder a las necesidades del cliente, sobre todo si este presenta un buen historial crediticio.
  • Comparar ofertas con paciencia: en la medida de lo posible hay que evitar precipitarse y comparar el número de ofertas que sean necesarias.
  • Seleccionar las mejores ofertas y negociar: de toda la información obtenida conviene seleccionar las tres o cuatro ofertas más atractivas y pasar directamente a la acción. Es decir, acudir a la entidad dejando clara la disposición positiva y tratar de mejorar en la medida de lo posible la propuesta inicial.


Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com

Foto maesejose en Flickr.com

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