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Gestión financiera para jóvenes

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dinero17

¿Cuándo se deja de ser joven? Si hay que guiarse por los patrones gubernamentales los 30 parece la barrera que separa la juventud de la adultez, ya que la mayoría de planes de ayuda para jóvenes se terminan a esa edad. Lo mismo ocurre en buena parte de las entidades financieras: en cuanto se alcanza la treintena se terminan las ventajas de la cuenta joven. En realidad, no existe una línea definida tras cumplir los 30. De hecho, sólo es una cifra, pero dentro de nuestro afán por clasificar las etapas de la vida siempre es más fácil escoger este tipo de fechas (lo mismo ocurre con los 40, 50 ó 60). En Actibva no vamos a ser menos y si en anteriores ocasiones elaboramos una guía de consejos económicos para treintañeros, ahora haremos lo propio para jóvenes (o lo que es lo mismo, veinteañeros).

En términos generales la juventud es el periodo en el que las personas empiezan a familiarizarse con la vida adulta y con gestión financiera. Es cuando se accede al primer puesto de trabajo y se empiezan a tener una serie de ingresos propios que permiten gozar de cierto grado de autonomía económica respecto a los padres, algo que se va acrecentando con el paso del tiempo. Como es lógico los primeros años suelen ser de aprendizaje y formación, no sólo en materia dineraria, sino también en el ámbito profesional y personal. La universidad y la formación superior en general distan mucho del colegio y el instituto, por no hablar del cambio en las relaciones sociales cuando se trata de trabajo.

Además, a esto hay que añadir las lógicas ganas por disfrutar de la vida ante la relativa falta de responsabilidades. Por eso mismo la veintena, y especialmente el primer tramo, suele ser un periodo caracterizado por el gasto y la falta de previsión, aunque no tiene por qué ser así. Incluso durante nuestra juventud se puede hacer una correcta gestión del dinero que siempre dará sus frutos a largo plazo.

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  • El dinero no lo es todo en el trabajo: uno de los errores más comunes a la hora de elegir un primer trabajo que puede extenderse a los primeros movimientos en el mercado laboral es buscar el puesto mejor remunerado. Aunque suene tópico, estos primeros trabajos servirán para orientar tu carrera profesional y por eso hay que intentar enfocarlo con perspectiva. Es decir, saber ‘perder’ a corto plazo para ganar más a largo.
  • Camino hacia la independencia: aunque los jóvenes españoles se resisten a abandonar el hogar paterno (la crisis no ayuda en este sentido) la salida suele producirse al final de esta etapa, es decir, cerca de los 30. La comodidad y sobre todo el ahorro de costes suelen ser los principales argumentos para vivir en casa de los padres durante la juventud. Se trata de una buena opción siempre que realmente sirva para ahorrar, es decir, que no se convierta en una excusa para aumentar el dinero que se destina ocio y diversión.
  • Adquirir formación financiera: la entrada en el mundo laboral suele estar acompañada de multitud de preguntas (no sólo respecto a la orientación profesional). Es importante aprender a entender de dónde proviene nuestro suelo y sobre todo cómo se estructura el mismo. Es decir, conocer las partes de nuestra nómina, nuestras obligaciones fiscales. Esto es importante porque en un momento de la vida donde el dinero no suele sobrar se pueden ‘exprimir’ el sueldo por ejemplo a través de las retenciones de IRPF en caso de que después no estemos obligados a declarar. El mismo principio de aprendizaje debe aplicarse al resto de ámbitos de la vida hasta el momento desconocidos como por ejemplo en el alquiler de un inmueble o la compra de un coche.
  • Aprender a ahorrar: aunque suene paradójico, ahorrar es más sencillo cuanto mayores son las obligaciones financieras. Lo que ocurre es que el tener que hacer frente a ciertos pagos mensuales hace que seamos conscientes de la necesidad de contar con un capital remanente por lo que pueda ocurrir. Durante las primeras etapas de la juventud las obligaciones económicas no suelen ser demasiado grandes y esto hace que nuestra conciencia respecto al ahorro sea menor y por lo tanto que seamos más propensos al gasto. A esto hay que añadir, evidentemente, una mayor disponibilidad de tiempo libre y energía. Sin embargo, es importante aprender a ahorrar, aunque se empiece con pequeñas cantidades para fines concretos e inmediatos.
  • Elaborar un presupuesto: después de unos primeros años en los que el ahorro puede ser más o menos organizado hay que pasar a una fase de mayor control financiero y esto se logra a través de un presupuesto. En este punto hay que recordar que existen diferentes fórmulas para elaborar un presupuesto y que este debe siempre adaptarse a la forma de ser de cada ahorrador. El presupuesto será una herramienta clave para guiarnos en nuestro desarrollo financiero y servirá para que podamos ver exactamente cuáles son nuestras posibilidades de endeudamiento. Además, nos permitirá llegar a la siguiente etapa de nuestra vida en buena forma económica.
  • Aprender a invertir: se puede entender como una segunda fase de la formación financiera. No sólo se trata de conocer cómo se articulan nuestros gastos o ingresos, sino de ir un paso más allá y aprender a sacar partido al capital disponible. Esta es la única forma de alcanzar en algún momento la ansiada libertad financiera. Aunque casi todo el mundo piensa en bolsa cuando se habla de inversiones, no hay por qué acudir al parqué (aunque siempre es recomendable tener nociones acerca de su funcionamiento). Fondos de inversión, ETF, depósitos bancarios, bonos del estado… La variedad de opciones es enorme y por eso conviene familiarizarse con ellas. Además, es durante estas primeras etapas cuando más riesgos se pueden asumir y cuanto antes comience la inversión más rentabilidad se podrá obtener.
  • Planificar gastos futuros: a muchos jóvenes les puede parecer que todavía tienen años por delante hasta comprar una casa, casarse o formar una familia y así puede ser, pero cuanto más claras tengan sus prioridades en este sentido, menor será el coste de esos acontecimientos. Es decir, se puede empezar a ahorrar (e ir rentabilizando dicho ahorro) para comprar una casa o para casarse, de forma que después haya que pedir un crédito por un importe menor, con el consiguiente ahorro.


En el fondo se trata de introducir algunas pautas de comportamiento respecto al dinero que se mantendrán durante el resto de la vida para evitar sobreendeudarse o tener que acometer cambios en nuestras costumbres de consumo y gestión financiera más adelante, cuando seguramente el margen de maniobra sea menor.

Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com

Foto Sheldon Pax

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Comentarios

  • 1

    !

    Creo que los jóvenes de hoy en día necesitan ser guiados en muchos aspectos de la vida, y el financiero es uno de los que más si cabe. No hay más que ver la situación actual de muchos de ellos por haber subido a lomos del dólar (por decirlo de algún manera) en los últimos años.

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