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Aprender a utilizar la tarjeta de crédito

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Para cerrar el ciclo de guías sobre tarjetas de crédito sólo falta explicar la forma en la que deben utilizarse para evitar sobre endeudarse. En el primer capítulo pudimos comprobar su funcionamiento y en el segundo su coste y los servicios asociados que ofrecen, por lo que ya contamos con las herramientas necesarias para abordar los consejos sobre el uso del dinero de plástico. Y es que este producto será bueno o malo en la medida en la que cada usuario sea capaz de sacarle el máximo partido sin caer en las ‘trampas’ o defectos que pueda tener.

El proceso comienza incluso antes de utilizar la tarjeta por primera vez: en la elección del ‘plástico’. En la actualidad existen infinidad de tarjetas de crédito cada una con sus ‘pros’ y ‘contras’. Evidentemente el primer paso es preguntarse el uso que se va a dar a la tarjeta. De esta forma, las necesidades no serán las mismas si se le va a dar un uso esporádico que si realmente se quiere aprovechar ese crédito, y lo mismo ocurre con los programas de puntos y descuentos especiales. El segundo factor a tener en cuenta serán las comisiones de mantenimiento y el TAE al que después se cobrará el préstamo de ese dinero. A partir de ahí las opciones son casi ilimitadas y la elección final dependerá en buena medida de las ofertas de la entidad de referencia y las preferencias entre Visa, Mastercard, American Express…

Cuando la tarjeta de crédito se adapta perfectamente a las necesidades de su titular es más fácil controlar el gasto y hacer un buen uso de ella. Además, estudiar detenidamente el tipo, marca y características de la tarjeta nos llevará a un profundo conocimiento del producto que evitará posteriores errores. Y es que muchas personas no son conscientes del funcionamiento del dinero de plástico y la forma en la que pueden generar deuda. Para evitar que este un mal uso de la tarjeta lastre nuestra economía hay que tener en cuenta una serie de normas básicas de uso:

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  1. Limitar el número de tarjetas: El coste de poseer dos tarjetas de crédito y dos de débito es aproximadamente de 100 euros al año, que es precisamente la media de ‘plásticos’ que cada español guarda en su cartera. Habitualmente es suficiente con tener una tarjeta de crédito y otra de débito para hacer frente a la mayoría de imprevistos, aunque si por precaución se quiere tener otra tarjeta más hay que buscar que la cuota de mantenimiento sea lo más baja posible.
  2. Pagar las cuotas pendientes en fecha: Este es el pilar del uso de las tarjetas, ya que en caso de incumplir con el pago de las cuotas la deuda contraída se incrementará notablemente, así como el tipo de interés que habrá que pagar por el dinero pendiente de pago. El mejor medio para evitar que ocurra es programar los pagos de la tarjeta entre los gastos mensuales.
  3. Controlar el gasto: La principal característica de las tarjetas de crédito es que permiten el pago aplazado, generalmente a 30 días. Esto hace que muchas personas no sean realmente conscientes de los gastos en los que incurren y posteriormente se encuentren sin fondos para cubrir esos desembolsos. Llevar un control estricto del gasto realizado con la tarjeta de crédito es obligatorio y si no es posible hacerlo, mejor utilizar la tarjeta de débito. Hay que tener en cuenta que el límite de crédito puede doblar e incluso triplicar los ingresos mensuales.
  4. Transferir los saltos de una tarjeta de crédito con alto interés a otras con un interés menor: Esto es parte de lo que los estadounidenses llaman Debt Snowball y es uno de los medios más utilizados para reducir la deuda. Consiste en aprovechar los préstamos con intereses más favorables para ir reduciendo el dinero que hay que pagar. En este sentido, cuando los intereses generados por una tarjeta son demasiado altos lo recomendable es traspasar el salto a otra con menores intereses para que sea más sencillo terminar con las obligaciones adquiridas.
  5. Eliminar las tarjetas con intereses más altos: Si hemos analizado concienzudamente el mercado antes de elegir una tarjeta de crédito no habrá necesidad de enfrentarse a este problema, aunque este no siempre es el caso. En este punto hay que analizar el TAE de cada ‘plástico’ y los beneficios adicionales que pueda ofrecer la tarjeta para determinar si compensa pagar esos intereses en caso de acceder al crédito o conviene buscar otro producto ‘más asequible’.
  6. Pagar más del mínimo: En caso de estar pagando de forma mensual para eliminar la deuda de la tarjeta de crédito, conviene elevar el pago por encima del mínimo y amortizar la mayor cantidad de capital posible. En el fondo, cuanto antes se salde la deuda antes se dejarán de pagar intereses.
  7. Establecer pagos automáticos: Es recomendable establecer pagos automáticos en los establecimientos que se visitan con frecuencia. De esta forma, nos aseguramos de pagar siempre a tiempo. Este pago puede establecerse de forma mensual, semanal, trimestral y puede ser una cantidad fija o variable según las facturas.
  8. Aprovechar los servicios adicionales: Como ya vimos en el anterior capítulo de la guía, uno de los puntos fuertes de las tarjetas de crédito frente a las de débito son una serie de coberturas adicionales que también sirven para justificar en parte el pago de la cuota anual. La mayoría de clientes o bien desconocen estos servicios y derechos o no hacen uso de ellos. Así, por ejemplo, es recomendable pagar los viajes y los billetes de avión con la tarjeta de crédito, al igual que las compras relativamente importantes por los seguros que ofrece en ambos casos.
  9. Comprobar los extractos de la tarjeta:Pocas personas lo hacen, pero es imprescindible comprobar el extracto mensual de la tarjeta por si se ha producido un cargo indebido o si existe cualquier otro problema en la facturación. Aunque pesada, se trata de una operación necesaria.
  10. Protegerse contra el robo de identidad y de la tarjeta: Proteger la tarjeta ante el robo o la copia es responsabilidad del titular. Por eso hay que hacer caso a consejos ya clásicos como no llevar nunca la clave de la tarjeta en el mismo lugar que la tarjeta física, así como firmar el ‘plástico’ o en su defecto poner que se exija el DNI de quien tenga la tarjeta en el momento de pagar. Lo mismo ocurre con las compras online, donde por lo menos hay que comprobar la legitimidad de quien está al otro lado de la Red.


Estas simples normas deberían evitar buena parte de los abusos más comunes con las tarjetas de crédito. Pero al final todo se reduce de saber controlar el afán consumista, no gastar más de la cuenta, y comprar con moderación.

Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com

Foto ClintJCL

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