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¿Por qué los economistas desconfían del impuesto sobre los artículos de lujo?

4 comentarios

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Cuando el bolsillo del contribuyente medio se resiente, surgen casi siempre alegatos a favor de la progresividad de los impuestos. Que pague más quien más tiene (lógicamente no suele coincidir con el hablante) parece un argumento muy convincente cuando el bolsillo del común de los mortales afronta el incremento del IVA, el copago sanitario o el recorte de las prestaciones por desempleo.

Así está sucediendo también en este momento. La plataforma Change, en la que cualquier ciudadano puede recoger firmas de forma digital para impulsar iniciativas legislativas, acaba de publicar una petición para crear un impuesto sobre el consumo de artículos de lujo que grave estas compras con un tipo del 33%.

Sin embargo, los expertos en macroeconomía suelen desconfiar de los efectos positivos que puede tener un gravamen sobre joyas, embarcaciones de recreo o ropa de firma, especialmente si el tipo es del 33%, lo que reduciría las compras a la mínima expresión. El hecho de contar con una fortuna no está reñido con el control de gastos y la búsqueda de costes de oportunidad. Si puedo comprar un barco en Alemania pagando solo el IVA y en España tengo que pagar más, ¿por qué diablos iba a comprarlo en España?

Las industrias españolas asociadas a la venta de estos productos no tardarían en clamar en su contra, puesto que, en un mundo con transacciones financieras y comerciales globalizadas, los compradores no tardarían en trasladarse a los mercados de nuestro entorno para hacer estas compras o simplemente las harían online. Recordemos que, aunque las firmas de nuestro entorno han pasado por mejores épocas, las empresas contratan trabajadores, generan riqueza y pagan impuestos, con lo que cual tampoco sería positivo para la evolución de la economía española en conjunto.

Pero, un impuesto sobre el lujo sirviera de mucho tampoco serviría de mucho si tenemos en cuenta la estructura fiscal española. La cantidad de ricos en España es limitada. Apenas 5.000 personas ganan más de 600.000 euros al año y pueden, unidos a los turistas con más poder adquisitivo que visitan España, costearse el consumo de los artículos de lujo. Los impuestos que realmente tienen impacto en las cuentas del Estado son los que aplican sobre una masa amplia de ciudadanos, como el IVA o el IRPF.

Una cuenta al alza lo corrobora. El mercado de los artículos de lujo mueve unos 5.000 millones al año en España, según el Observatorio del Mercado Premium y de Productos de Prestigio del IE Business School, que matiza que el 30% de las compras las realizan turistas extranjeros. Si gravamos estas compras con un impuesto especial del 33%, los ingresos que a priori obtendría el Estado serían de 660 millones de euros, todo ello sin tener que en cuenta que un gravamen semejante debilitaría radicalmente el consumo de estos productos. Si tomamos un ejemplo más razonable, es decir, un gravamen del 15%, los ingresos adicionales que obtendría Hacienda serían de unos 300 millones. No son moco de pavo, pero comparado con el ahorro de 65.000 millones de euros que plantea el Ejecutivo se antoja poco útil.

En definitiva, si el Consejo de Ministros plantea la creación de esta tasa, se trataría de una acción dirigida a maquillar los recortes de “progresividad” más que una iniciativa con capacidad real de contribuir a los dolorosos recortes que ha decretado el Gobierno de Mariano Rajoy.

El impuesto sobre el lujo, como el monstruo del lago Ness, es esquivo. Se encuentra en pocos países, no siempre en las potencias occidentales, y toma diferentes formas. A pesar de que la institución destaca por la exhaustividad de sus análisis fiscales, no existen estadísticas en la OCDE respecto a este gravamen.

A la hora de gravar la riqueza ha habido diferentes ejemplos a lo largo de la Historia. En España ha existido, a modo de río Guadiana, que unas veces aparece y otras desaparece, el Impuesto sobre el Patrimonio, derogado por el Gobierno de Zapatero y reinstaurado al inicio de la crisis. Algunos meten también en este saco el impuesto de matriculación de las embarcaciones, así como algunos de los especiales (alcohol y tabaco).

En Francia rige el denominado impuesto de la solidaridad, que deben abonar las personas con patrimonios superiores a los 1,3 millones de euros. Una de las promesas electorales de Vladimir Putin fue la creación de un impuesto sobre vehículos, embarcaciones, pisos y otras propiedades inmobiliarias de lujo. Posteriormente, no ha tomado decisiones en este sentido. En Estados Unidos se grava con este impuesto – cuyo tipo varía según los estados – joyas, perfumes y tabaco, entre otros bienes.

En Actibva | El impuesto del lujo que pide UPyD es una mala idea
Imgen | ThisParticularGreg

Elena Solera es periodista especializada en información económica. Ha escrito para Cinco Días, La Gaceta de los Negocios y El Exportador, entre otras publicaciones
Puedes seguirla en twitter en @elenasol
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Comentarios

  • 1

    !

    El argumento de que si se sube la imposición al consumo de lujo éste se desplaza, puede que tenga parte de razón. Sin embargo, no puede ser siempre utilizado para justificar un trato más benévolo a los que más tienen, en mi opinión

  • 2

    Avatar de Lawson !
    Lawson | 4 estrellas

    De todas maneras los más pudientes cuentan con legiones de asesores para evitar este tipo de fiscalidad...

  • Respondiendo a #2:
  • 3

    Avatar de yonderboy !

    Tampoco les cuesta mucho coger el avión e irse de compras a París o Londres, que están a un tiro de piedra.

  • 4

    Avatar de lopez !
    lopez | 2 estrellas

    No confundir tasas con impuestos y tampoco mezclar imposición directa con indirecta. Son maneras completamente diferentes de articular las políticas fiscales y no tiene sentido comparar un impuesto directo a grandes fortunas con un impuesto de lujo.

    Por cierto, en España el impuesto del lujo se eliminó por la entrada del IVA y por la articulación de impuestos especiales, como matriculación, hidrocarburos o alcoholes.

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