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Vuelve la economía política

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Puede que esté ya muy visto, pero pocas personas estarían ahora en desacuerdo con la célebre frase de la campaña presidencial de Bill Clinton, “Es la economía, estúpido”, en un momento en el que las personas, las empresas y los países se centran en la evolución de la crisis y en la forma de solucionarla. Pero si bien la economía es sin duda la cuestión que está en el centro de todos los acontecimientos, las respuestas tienen cada vez más un carácter político.

Tal y como recientemente aparecía en The Economist, los políticos vuelven a estar en el punto de mira o, como afirmó el Presidente Sarkozy, “La característica principal de esta crisis es la vuelta del estado, el final de la ideología de la impotencia pública”. Los gobiernos de todo el mundo están interviniendo en una escala que no se ha visto durante décadas, pero esto tan sólo es un aspecto del renacimiento de la economía política.

En un libro publicado recientemente por Oxford University Press, The Fat Tail: The Power of Political Knowledge for Strategic Investing, los analistas Ian Bremmer y Preston Keat argumentan que la política será un factor cada vez más importante en las decisiones sobre inversión. Defienden que la crisis económica y la recesión mundial están afectando profundamente a la política tanto nacional como internacional.

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La política está dando cada vez más forma a la naturaleza de los mercados y al entorno comercial, de manera que la relación simbiótica entre la política y la economía está ahora más marcada que nunca. Los autores mantienen que las curvas de distribución que miden el riesgo político nacional y las vulnerabilidades se están ensanchando, es decir, que la posibilidad de que exista una mayor variedad de resultados políticos desordenados es cada vez mayor bajo el efecto de la crisis mundial.

El impacto de la pérdida de ahorros, el aumento del desempleo y los impuestos, los recortes de los servicios públicos, etc., han aumentado el riesgo de que se produzcan cambios o resultados políticos que anteriormente eran “poco probables”. Con cierta inquietud, los autores sugieren que el malestar social y político es un indicador rezagado que sólo se notará un año o 18 meses después de que la recesión se afiance totalmente.

En cuanto a las decisiones sobre inversión extranjera, el mensaje para los ejecutivos está claro: los contextos deben ahora incluir un análisis del sistema político del país y de su capacidad para resistir a los choques, ya que las reacciones podrían variar desde una mayor intervención en la economía (por ejemplo, en forma de cambios normativos) hasta derrocamientos del gobierno.

Recientemente se debatió un aspecto político diferente de la crisis en un seminario sobre la economía política internacional y los fondos estatales de inversión (sovereign wealth funds, SWF) organizado por el Institut Barcelona D’Estudis Internacionals. Varios comentaristas, entre ellos Martin Wolf del Financial Times, han defendido siempre que una de las causas raíces de la crisis actual han sido los desequilibrios comerciales internacionales, que han generado grandes superávits con billones de dólares acumulados en países del Golfo, Singapur, Rusia y China.

Algunos de estos superávits se han reinvertido en el occidente industrializado a través de los SWF. Los SWF sumaban un valor total estimado de 3 billones de dólares (2008), prácticamente equivalente al volumen total de moneda extranjera en posesión de los bancos centrales y superior al valor de los hedge funds (fondos de cobertura de alto riesgo) en todo el mundo.

Sin embargo, las decisiones relativas a la inversión de los SWF no siempre se realizan de acuerdo con estrictos criterios comerciales por parte de gestores de fondos que buscan elevar al máximo su rentabilidad y además se pueden utilizar con fines políticos. Una estrategia más política permitiría que los SWF tuvieran grandes participaciones en empresas o sectores de importancia estratégica para las economías occidentales, como el transporte o los servicios públicos, que se podrían utilizar con fines diplomáticos en el futuro.

Próximamente estará disponible un informe completo del seminario, pero algunas de las conclusiones preliminares son que, aunque los SWF generan malestar en occidente, se trata de un término genérico que en realidad abarca un grupo amorfo de fondos con diferentes culturas: algunos parecen tener únicamente objetivos comerciales positivos mientras que otros pueden tener objetivos más políticos.

Además, es posible que otras empresas que no entran dentro de la definición de los SWF se aproximen de hecho en gran medida al aparato estatal de su país de origen y adopten decisiones estratégicas sobre inversión más motivadas políticamente. El Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea han intentado elaborar códigos de prácticas para los SWF, pero es posible que los desasosiegos anteriores se vean superados por la necesidad de capital de numerosas empresas. A largo plazo, los SWF confirmarán la tendencia de la potencia global a moverse en dirección este y, al igual que la política de inversión, serán cada vez más importantes en el futuro.

Información extraida del Servicio de estudios económicos del BBVA
Artículo completo en PDF

Imagen | elisabetta_81

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