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La percepción del mercado sobre la política fiscal ha cambiado rápidamente desde la necesidad de estímulos macroeconómicos a la actual necesidad de consolidación de las cuentas públicas, especialmente en Europa. Tras el amplio plan de estabilización financiera de Europa, algunos países han reforzado sus planes de consolidación fiscal.
No obstante, la incertidumbre acerca de los planes de consolidación sigue generando dudas sobre la senda de la deuda pública. El mayor volumen de deuda tanto pública (debido a los persistentes déficits tras el uso intensivo de políticas contracíclicas fiscales) como privada (debido al lento desapalancamiento).
En algunas economías, presionará al alza levemente los tipos reales (si bien éstos permanecerán en niveles históricamente mínimos, tal y como se observa en el gráfico de cabecera), haciendo que estas economías sean vulnerables a movimientos al alza en los tipos de interés y manteniendo elevadas las primas de riesgo.
El principal escenario de riesgo es el potencial efecto negativo sobre la economía de esta situación, que se producirá en caso de que se viera afectada la confianza de los agentes, poniendo en peligro la continuidad de la recuperación e incrementando la posibilidad de una recaída en la recesión.
Una clara señal de la fragilidad de la situación actual ha sido el contagio a otros países. Este será un motivo de preocupación en un futuro cercano. La historia de la economía está plagada de ejemplos de contagio entre países al final de una crisis. En tales casos, los vínculos geográficos o las similitudes cíclicas tienen mayor peso que las diferencias en los factores fundamentales.
Un caso evidente fue el contagio de los países vecinos tras la crisis en Argentina. El contagio a Chile resultó particularmente injustificado: su economía tenía fundamentales sólidos y mantenía una notable ortodoxia en la gestión de la política económica. Pero esto no sólo ha ocurrido en los países emergentes, también se han dado casos de contagios injustificados en los países desarrollados.
Durante la crisis del Sistema Monetario Europeo (SME) a principios de los noventa, el franco francés se situó entre las divisas bajo mayor presión por parte de los inversores internacionales. El franco, al contrario de lo que sucedió con la libra, la lira o la peseta, resistió gracias al soporte financiero alemán.
Cabe destacar que varios años después, en 1998, Francia se incorporó a la Unión Monetaria Europea con la misma paridad que prevalecía antes de la crisis del SME. El hecho de que esta paridad haya permanecido claramente inalterada hasta hoy demuestra que el ataque sobre el franco a principios de la década de los noventa no estaba basado en factores fundamentales sino que se trataba únicamente de un contagio sin base de otras divisas con factores mucho más débiles.
Ver Revista Situación Global
Información extraida de Servicio de Estudios BBVA
Comentarios
Interesante gráfico para evaluar la presión sobre la deuda pública