El debate sobre la naturaleza de la crisis actual sigue centrándose en el resultado de la cumbre del G20 en Londres y varios aspectos parecen ya muy claros antes incluso de que el comunicado final se publique y difunda. En primer lugar, existe la invitación renovada a resistir al proteccionismo aunque, como siempre, será importante garantizar que las acciones futuras se ajusten a las declaraciones de la cumbre. En segundo lugar, existe la idea generalizada de que cualquier reforma que se realice en el sistema de la legislación y supervisión internacionales, necesitará tener como objetivo una aplicación universal (y no un regulador universal) para evitar el arbitraje legislativo. En tercer lugar, no se ha establecido ningún objetivo para el impacto colectivo en el PIB mundial de cada paquete de incentivos fiscales, aunque incluso países como Alemania y Francia no descarten otras acciones si fuera necesario. Por último, existirá el consenso, si no propuestas concretas, de que la reforma de las instituciones financieras internacionales (como el FMI) no se pueden retrasar mucho más.
En lugar de generar un nuevo Orden Mundial, tal y como sugería la anticipada retórica para promover la cumbre, el énfasis está ahora en que la cumbre forma parte de un proceso más largo para hacer frente a la crisis y reorientar el sistema financiero. No se producirán por lo tanto más “big bangs” en la economía mundial por ahora, pero sí confiamos en que se realice un progreso constante hacia un entorno más estable. Teniendo en cuenta que la cumbre de Londres puede suponer el comienzo de la reforma del sistema, se elaborarán planes para que el proceso avance. Hay preguntas clave sobre las formas de lograrlo: cuáles serían la mejor forma y el mejor fondo para los futuros procesos de adopción de decisiones, así como los grupos “G” que los organizarían; ¿es el G20 el modelo adecuado para el futuro o es demasiado grande? ¿Es el G8 ahora demasiado exclusivo? ¿Cuál es el tamaño adecuado para adoptar decisiones eficaces y seguir siendo representativos?
No se trata ni mucho menos de preguntas teóricas, ya que si la cumbre de Londres no es un evento en sí misma sino parte de un proceso, es legítimo preguntarse qué será ese proceso y cómo funcionará. La siguiente cumbre será la del G8 en julio, mes en el que Italia será sede de una reunión en La Maddalena, una isla cercana a Cerdeña. El Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi, está convencido de que esta cumbre se desarrollará tal y como previsto, a pesar del hecho de que la noción de un evento estrictamente del G8 se haya visto desbordada por una nueva realidad: resulta ahora muy difícil organizar una reunión del “G” sin incluir un elemento de “invitaciones progresivas”.
Tal y como afirma Lex Rieffel de Brookings Institution, el G8 ya se estaba transformando en algo mayor antes incluso de que estallara la crisis. Hace dos años, se invitó a cinco importantes economías emergentes (Brasil, China, India, México y Sudáfrica) al G8 por primera vez, convirtiéndolo efectivamente en G8 + 5. Y en las últimas cumbres del G20 en Washington y Londres, el número de invitados ha aumentado hasta incluir a los dirigentes de importantes Instituciones Financieras Internacionales (IFI) y países individuales como España, Países Bajos y la República Checa. Tal y como señala Rieffel, será sorprendente si Italia reúne el coraje necesario para excluirles de la cumbre del G8 en julio, especialmente porque el propio Berlusconi ya ha invitado a Egipto.
La reforma del G20 también se debatió en un reciente seminario sobre el G20 y la crisis financiera organizado por la Chatham House, el “laboratorio de ideas” de asuntos exteriores. Se ha comentado que Washington está molesto por la representación excesiva de los europeos (cinco países europeos aparecieron de pronto en Washington, por ejemplo, además del Presidente de la Comisión Europea). Es posible que la solución consista en celebrar un G4 (Estados Unidos, Europa, China y Japón), que es lo suficientemente reducido como para adoptar decisiones eficaces junto a un G25-30 más grande y representativo. También ayudaría a que la mentalidad europea se centrara en buscar unos objetivos unitarios para hacer frente a la peor crisis económica de las últimas décadas.
Nota: información proporcionada por el Servicio de Estudios de BBVA

