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Las microfinanzas y la inversión en capital riesgo son dos actividades que se caracterizan por relacionarse con clientes e inversiones de alto riesgo. Aunque durante la actual crisis no se han enfrentado a los problemas de mala gestión y deficiente evaluación de los riesgos observados en otro tipo de entidades y productos financieros (como las hipotecas basura), ambos están sufriendo las consecuencias del recorte de fondos ocasionado por la crisis. No obstante, frente a este shock exógeno ambas actividades se están enfrentando a distintas fortunas y retos.
Por una parte, el capital riesgo (ICR) se está viendo más castigado por la crisis, en especial en los mercados más desarrollados. Según la National Venture Capitalists Association (NVCA), la cuantía invertida por los ICR durante 2008 en EE.UU. disminuyó en 2.400 millones de dólares (un 8%), tras haber pasado de 19.800 millones a 30.800 millones entre 2003 y 2007.
Aún así, el principal problema, tanto para los
ICR como para las empresas y proyectos respaldados por éstos, es que las ofertas públicas iniciales (
OPI)
han sufrido una caída drástica desde el segundo trimestre de 2008, con apenas seis operaciones registradas en ese año, la menor cifra en 30 años. Aunque a lo largo de 2009 se ha registrado una débil recuperación (con 5
OPI registradas durante el segundo trimestre), las cifras todavía se encuentran muy lejos de reflejar una normalización de la actividad.
De igual modo, el volumen de fusiones y adquisiciones (M&A) de las empresas respaldadas por ICR retrocedió en 2008 en casi un 30% y aproximadamente un 60% en el primer semestre de 2009. Por otra parte, tal y como observa un reciente estudio de Block y Sandner (2009 – PDF), la crisis financiera ha provocado un descenso del 20% en el importe medio de los fondos captados por ronda de financiación, perjudicando especialmente a aquellas empresas que se encuentran en las últimas fases de financiación, con la imposibilidad de lanzar una OPI o realizar una M&A, pero con una gran necesidad de capital para sobrevivir.
Todo ello sugiere que la crisis financiera podría acabar generando un fuerte “déficit de financiación” para las iniciativas empresariales de este tipo (en general empresas jóvenes y dedicadas a la I+D), sobre todo en los países desarrollados. Así las cosas, la crisis podría generar una importante reestructuración del segmento de ICR a nivel internacional. De hecho, en una encuesta realizada a ICRs de todo el mundo, en la que se preguntaba por el mercado con el mayor potencial de crecimiento en los próximos tres años, la mayoría eligieron China en primer o segundo lugar, seguido de India y Brasil.
Por otra parte, las microfinanzas han mostrado tradicionalmente una notable resistencia a los shocks, tal como se vio en crisis financieras pasadas, especialmente las registradas en la década de 1990 (México, Asia, Rusia). No obstante, habrá repercusiones negativas tanto para las instituciones como para sus clientes, quienes posiblemente sentirán los efectos de la crisis financiera por medio de un fuerte recorte de la financiación.
El dinero procedente de prestamistas, inversores y depositantes será más escaso, más conservador y más costoso. Según un encuesta de 2009 del Consultative Group to Assist the Poor (CGAP) (PDF), las instituciones dedicadas a promover las microfinanzas (IMFs) prevén un deterioro de la situación de sus clientes, en especial en lo que respecta a la devolución de préstamos, como resultado del alto precio de los alimentos y la disminución de ingresos.
La mayoría de encuestados ha indicado que, sus clientes dedican ahora una mayor parte de su renta a adquirir alimentos, especialmente en Asia y el África Subsahariana, mientras que un 60% señala que a sus clientes les resulta cada vez más difícil devolver los créditos, especialmente en Europa del Este y América Latina.
En cuanto a las propias IMFs tras una década de expansión excepcional (43% de crecimiento tan sólo en 2007), el 65% se enfrentan ahora a una drástica desaceleración en el crecimiento de sus carteras y el 70% han manifestado un aumento de la cartera en riesgo. Aunque se estima que en la mayoría de los mercados los costes de financiación están aumentando entre un 2% y un 4%, la mayoría de las IMF (61%) afirmaron que no han aumentado sus tipos de interés (el 9% los habían bajado).
Asimismo, la misma encuesta observa que el 23% de las IMF ha reducido personal para recortar costes, tras una prolongada fase de expansión. No obstante, los directivos de las IMF parecen optimistas. El 75% de los encuestados cree que su rendimiento se mantendrá estable, o incluso que mejorará, en el próximo semestre, lo cual podría ser indicativo de que las IMF están adoptando las medidas necesarias para hacer frente a la crisis e impedir un mayor deterioro.
Alfonso Ugarte – BBVA Unidad de Tendencias Globales
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Información extraida del Servicio de Estudios del BBVA
Imagen | Remo_
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