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La última innovación en técnicas de venta es el “street-strip” marketing. El mecanismo de esta técnica es simple: cada vez que se genera una venta, bien en la calle bien en centros comerciales, unos modelos comienzan a desnudarse. La campaña publicitaria de este tipo que más repercusión ha tenido por ahora viene de la mano de Pepsi y Springfield.
El fabricante de bebidas junto con la cadena de moda, obsequian a compradores y viandantes con un strip-tease a cambio de una compra. Unos modelos, tanto masculinos como femeninos se van desnudando. ¿Funciona para las ventas? No, no lo creo, pero si consigue ganar repercusión, comentarios, artículos y opiniones, sin ir más lejos, este mismo.
Los resultados visuales de la misma los tenemos en este enlace en donde tenemos las imágenes de la convocatoria de Pepsi a los medios en Madrid para realizar su campaña de Street Marketing.
Hace unos meses, a raiz del cartel de la película
Diario de una ninfómana, se desató el huracán, ese que nos asola cada cierto tiempo sobre la moralina, el sexismo, el uso de la mujer y el sexo, y todos oimos como mínimo el título de película y vimos en algún sitio el cartel.
Ahora bien ¿cuántos espectadores han visto la película? Menos de los deseados por la productora dado que han sido 209.468 personas ocupando la posición 156 entre las películas proyectadas en España.
Como siempre, unos a favor, otros en contra, y una inmensa minoria indiferentes. al fín y al cabo, el recurso del sexo en publicidad no es nuevo, es recurrente en el tiempo y es una vía de marketing como pueda ser otra cualquiera.
No obstante, creo que siempre ha habido marcas y marcas así como situaciones y situaciones. Asociar una marca de consumo masivo desde niños a abuelos con estas técnicas, me parece delicado. ¿Pueden perjudicar a sus ventas?
Pues en ese punto entramos los consumidores. Partamos siempre de dos escenarios previos, consumidores y no consumidores. Si no consumes, dudo mucho que comiences a consumir esa determinada marca por mucho que coloque chicos y chicas imponentes desnudándose en un escaparate.
Si consumes, probablemente te sea indiferente, dado que al fin y al cabo, esa publicidad no deja de ser nada más que eso, publicidad. Sólo en los casos extremos, tento obsesionados por el sexo, como los más firmes detractores de cualquier manifestación pública al efecto, creo que les pueda afectar en su consumo.
Y este punto, quiero creer que los consumidores ya lo tenemos superado, o al menos la mayoría. Al fín y al cabo, en pleno siglo XXI, la mentalidad global sigue funcionando como a mediados del siglo XX, por lo que creo que sólo se consigue publicidad de marca con este tipo de campañas. ¿Qué opinión os merece esta campaña de Pepsi?
Remo, editor de Pymes y Autónomos y Ahorro Diario
Vía | Cinco Días
Comentarios
interesante
Sí, la verdad es que no creo que este tipo de "publicidad" determine la decisión de compra de nadie, sino más bien que provoque morbo sensacionalista. Simplemente.
No sospechaba que Pepsi o Springfield estuviesen tan mal como para necesitar este tipo de estrategias. Curioso.
Bdl
A mi este tipo de campañas no me influyen, ni positiva ni negativamente.