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Varias veces he expuesto en estas mismas páginas el exceso de descentralización que pecamos en nuestro tejido económico en donde al igual que se originan importantes desequilibrios tributarios entre los habitantes de unas regiones a otras, también tenemos unos desequilibrios normativos más acusados si cabe.
Los dos sectores que presentan mayores diferencias normativas entre distintos territorios son las actuaciones urbanísticas y las autorizaciones administrativas y legislativas para la implantación de distintas áreas comerciales. Prueba de dicha descentralización y maraña normativa entre todas las autonomías es que Bruselas, la OCDE el Banco de España y la Comisión Nacional de la Competencia llevan emitiendo informes desfavorables, actuaciones sancionadoras y solicitando cambios desde el año 1996.
Estos cambios se prevén introducir con la introducción en escena de las distintas transposiciones de las directivas europeas sobre servicios,
la Ley Omnibus (PDF) y la
nueva ley del comercio minorista. Pero estas leyes se presentan un tanto descafeinadas puesto que, aunque se elimina la definición de gran superficie para aquellos establecimientos comerciales que tengan más de 2.500 metros cuadrados,
se le atribuyen competencias urbanísticas y medioambientales a las comunidades autónomas y localidades para que paralicen o autoricen su apertura.
Anged, asociación de grandes superficies estima en una pérdida de 57.000 a 100.000 puestos de trabajo la que se ha originado con las paralización y rigidez normativa que se ha impuesto para la apertura continuada de grandes superficies y bajo mi punto de vista creo que tienen razón. A esta pérdida de puestos de trabajo, le sumo yo la pérdida en segmentación y cualificación del pequeño comercio.
Si nos damos una vuelta por las grandes ciudades y observamos los comercios satélites a todas las grandes superficies, podemos observar como la mayoría de pequeños comercios instalados en sus proximidades cuentan con un alto grado de especialización, explotan nichos de mercado no cubiertos por el centro comercial del que se favorecen y han mejorado sustancialmente su visibilidad y ventas.
El comercio, ya sea grande o pequeño, necesita aprovecharse de las sinergias conjuntas que genera un mayor número de hipotéticos clientes y las concentraciones comerciales favorecen ampliamente la afluencia de compradores de todos los perfiles, gustos y potenciales económicos. En esta línea, comparto la visión de la patronal de grandes superficies en donde los impactos han sido negativos en todos aquellos lugares que no se ha permitido la instalación de una gran superficie.
Por otra parte, esta expansión de zonas comerciales requiere una modificación de horarios laborales en todos los aspectos. Ya no sólo porque el pequeño comercio necesite una mayor franja horaria para competir con la gran superficie sino porque las propias políticas de conciliación requieren una flexibilización plena de horarios a todos los niveles.
Sobre las diferencias existentes en los horarios, no hace mucho ya expuse cómo el cambio en los horarios laborales tiene que ser una prioridad por parte de todos. La falta de flexibilidad que tenemos actualmente en el diseño de las jornadas laborales, jornadas partidas y toda esta rigidez, se requiere un gran acuerdo entre todos los implicados para poner en práctica unos sistemas de horarios racionalizados y que posibiliten y flexibilicen las propias jornadas laborales.
Vía | Expansión
En Actibva | Diez consejos para los consumidores
Imagen | carinhas
Remo, editor de Pymes y Autónomos y El Blog Salmón
Comentarios
Lo ya comentado en la conversación correspondiente… tiene que haber un mínimo de regulación, pero no demasiado rígida.