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La Organización Mundial del Comercio (OMC) es un foro de debate y negociación de los gobiernos para liberalizar el comercio internacional y establecer unos acuerdos e instrumentos jurídicos sólidos y estables. Pero más que liberalizar, lo que podríamos decir que trata de hacer la OMC (o dice que trata) es mejorarlo, ya que en ocasiones también propicia limitaciones (para proteger a los consumidores o frenar la propagación de enfermedades).
La OMC además de ser una mesa de negociación entre países, es el adalid de que los acuerdos sobre comercio internacional pactados se cumplan (el conjunto de normas jurídicas que integran los Acuerdos de la OMC) , mediante un proceso establecido de solución de diferencias.
La OMC se creó el 1 de enero de 1995 y actualmente está integrada por 153 países, entre los que está España desde sus inicios. La OMC, a diferencia del Banco Mundial o el FMI, no tiene un ejecutivo propio al que los países delegan sus funciones. Las posibles sanciones comerciales son establecidas por el consenso de los países miembros, no por funcionarios de la OMC.
Si bien la OMC es joven, su sistema de comercio data de 1948, fecha del Acuerdo general Sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). No pocas dificultades se han tenido que vencer para llegar a constituir la OMC, ya que cada crisis económica provoca una tentación proteccionista en los países, rentable electoralmente a corto plazo.
Principios del sistema de comercio
Los Acuerdos de la OMC son un conjunto extenso y complejo de textos jurídicos que abarcan campos tan dispares como la agricultura, el textil, servicios bancarios, telecomunicaciones, industria, sanidad, alimentación o propiedad industrial, entre otros. En todos ellos imperan una serie de principios vertebradores, que son:
- Comercio sin discriminaciones: si un país llega a un acuerdo comercial ventajoso con otra nación, éste se hace extensivo al resto de integrantes de la Organización (principio de nación más favorecida). Las excepciones están sujetas a condiciones estrictas. También se establece en principio de igual trato para nacionales y extranjeros, que significa que una vez el producto extranjero ha entrado en el mercado, no se puede discriminar respecto a los nacionales.
- Comercio más libre: reducir los obstáculos al comercio (aranceles, cuotas, política de tipos de cambio o trámites burocráticos) mediante la negociación y de forma progresiva.
- Previsibilidad: evitar cambios bruscos y consolidar las mejoras comerciales en el tiempo.
- Fomento de la competencia leal, creando un sistema de normas consagrado al logro de una competencia libre, leal y sin distorsiones.
- Promoción del desarrollo económico: liberalizar el comercio sólo es factible a largo plazo y se mejora el bienestar de los ciudadanos de los diferentes países.
Por tanto, la OMC no busca un comercio libre, en realidad, busca un comercio eficiente, efectivo y que beneficie a los ciudadanos de los países de la organización. O al menos eso debería ser así.
¿Es bueno comerciar con otros países?
La respuesta, con todos los peros que uno ponga, es afirmativa. Hay fundamentos teóricos y prácticos que sostienen que el comercio entre naciones supone una mejor utilización de los recursos de cada país y una mejora del crecimiento de su producción total (otra cosa es que la distribución de este aumento de la riqueza se haga con criterios de bienestar o no).
En los 25 años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, los esfuerzos de potenciar el comercio internacional propiciaron un crecimiento económico mundial del 5%, con un incremento del 8% de crecimiento del comercio global. Existe una relación estadística clara entre crecimiento del comercio y aumento del crecimiento económico. El comercio intensifica la competencia, hace que los países produzcan los bienes y servicios en los que son más eficientes y se fomenta la innovación.
El drama es que a veces, a corto plazo, los gobiernos tienen incentivos para cerrar sus fronteras. Cuando otro país produce lo mismo que nosotros pero más barato tenemos dos opciones:
- Dejar de comercial con él y fabricar nosotros, para evitar paro en ese sector.
- Seguir comerciando libremente, dejar que los sectores en crisis cierren y la gente sea despedida.
¿Que opción da más votos? La primera.
Pero la mejor opción es la segunda, acompañada de políticas de reestructuración, reconversión y demás de las empresas y empleados de sectores en decadencia hacia otros sectores en los que seamos mejores a largo plazo. Lo que pasa es que para estos cambios que generan tantas fricciones hacen falta políticos y sociedades modernas y formadas.
En Actibva | Determinantes del comercio internacional en tiempos de crisis
Imagen | RocketRaccoon
Comentarios
Perseguirlo lo persigue, pero conseguirlo...
Es que el papel lo aguanta todo oiga