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China: un tigre con garras de plastilina

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Si hay una economía que ha deslumbrado al mundo durante los últimos años esa ha sido la economía china. Mientras el mundo se haya inmerso en una de la peores crisis financiera que de de recuerdan, el gigante asiático crecía en 2010 a un ritmo de dos dígitos. Sin embargo, parece que empiezan a afectarle los problemas del mundo. ¿Se esta convirtiendo China en un tigre con garras de plastilina?

Además de la crisis económica que atenaza al resto del mundo, China comienza a presentar ciertos síntomas de sobrecalentamiento de la economía como pueden ser una alta inflación y una fuerte burbuja inmobiliaria. Como muestra palpable de que los problemas parecen afectar al tigre asiático, podemos observar que si bien en 2010 crecía a un ritmo del 10’4%, este año podría crecer “tan solo” un 7’8%.

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El motor del tigre


Resulta indudable que el motor de la economía china está alimentado principalmente por la demanda externa, es decir, las exportaciones. No en vano, el país asiático es, desde hace años, el principal exportador mundial de productos electrónicos, superando a Alemania como principal exportador en valores absolutos.

A esto habían contribuido principalmente sus bajos costes laborales, que, en su día, convirtieron a China en un país con mano de obra casi regalada. Sin embargo, esto está cambiando a tal velocidad, que ya el año pasado las fábricas chinas comenzaron a deslocalizar puestos de trabajo a Sudáfrica con el fin de reducir costes.

Otro posible punto de fricción en los engranajes del motor chino, está constituido por las regulaciones administrativas del país. No hay que olvidar que buena parte de la producción y posterior exportación del tigre asiático proviene de las factorías de que las empresas occidentales tienen instaladas allí.

Con unos costes laborales al alza, el fuerte proteccionismo e intervencionismo del país comunista hace que cada vez sea menos atractivo para las compañías extranjeras invertir allí. Incluso existen ciertos sectores, como banca y seguros, que directamente se hallan cerrados a la inversión extranjera.

Demanda interna


Para contrarrestar la caída de exportaciones que está suponiendo la crisis económica mundial, el gobierno chino ha tomado la resolución de apoyar la demanda interna. Con un mercado potencial de 1.350 millones de consumidores, el país asiático se convierte en el mayor mercado nacional del mundo.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Con un ingreso per cápita ligeramente superior a los 500 dólares anuales, resulta difícil pensar en que un ciudadano medio del país asiático comprará el último producto de Apple o un teléfono móvil de última generación.

Burbuja inmobiliaria


Tras la caída de Lehman Brothers, el gobierno chino inició una política monetaria expansiva que favoreció la creación de una burbuja inmobiliaria. Esto, unido a la reducción del 30 al 20% de pago inicial que había que realizar para comprar una vivienda, estimuló al sector de la construcción.

Actualmente, este sector supone entre un 12 y un 13% del PIB chino, de modo que el estallido de la supuesta burbuja inmobiliaria podría tener implicaciones graves para la buena marcha de la economía.

De hecho, se estima que la oferta de vivienda residencial, cifrada en unos diez y ocho millones de viviendas anuales, cuadruplica a la demanda, estimada en algo menos de cuatro millones de viviendas anuales.

Dado que los chinos no tienen libertad para canalizar sus activos hacia la gama de productos de inversión que existen en occidente, es fácil suponer que la inversión inmobiliaria adquiere mucha importancia, sobre todo teniendo en cuenta que los intereses bancarios del país asiático presentan tasas reales (descontando inflación) negativas.

Estabilidad de precios


Aunque la inflación china parece dar un respiro a sus ciudadanos, no hay que olvidar que no hace ni un año, el IPC del país asiático rondaba el 6%. Teniendo en cuenta la renta per cápita de sus ciudadanos, estos incrementos de precios resultan difícilmente aceptables si lo que se desea es potenciar el consumo a través de la demanda interna.

A pesar de todo, aunque pueda parecer que el 4% actual o el 6% que se llegó a medir el pasado año son valores altos, a mediados de la década de los 90 se llegaron a alcanzar tasas de inflación de hasta el 28%. Algo impensable en Europa o Estados Unidos.

Conclusión


Puede parecer que invertir en China resulta una oportunidad atractiva, son embargo existen demasiadas incertidumbres para que, depositando allí nuestros ahorros (a través de un fondo de inversión, por ejemplo), podamos seguir durmiendo a pierna suelta.

No hay que olvidar que China vende porque otros compran, y que, si bien el gobierno quiere estimular la demanda interna, pasará algún tiempo hasta que los ciudadanos chinos tengan una capacidad de compra remotamente similar a la de algunos países occidentales

Actibva | ¿China nos exporta su inflación?, Diseñado en California, ensamblado en China
Imagen | Dainis Matisons

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