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¿A favor o en contra de las subvenciones públicas a las fiestas?

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aluche

Se acerca el verano y la cosa está que arde. Al plano climatológico se ha unido el económico, y en más de un municipio español van a saltar chispas. Es precisamente en esta época cuando tienen lugar una buena parte de los festejos locales. Si tenemos en cuenta la fortísima crisis que azota las cuentas de muchos ayuntamientos, es de lo más razonable que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿a favor o en contra de las subvenciones públicas a las fiestas?

El debate está en la calle, en algunos caso rozando el escándalo publico, como ha ocurrido con la contratación de Paquirrin DJ por 10.000 euros en las fiestas de Alcantarilla, un pueblo que adeuda 24 millones de euros a sus proveedores, y que cuenta con serios problemas financieros. Sin llegar a estos extremos, es lógico que en muchas localidades se cuestionen la intervención publica en estas actividades. Veamos los argumentos que se suelen esgrimir a favor y en contra.

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A favor del dinero público en las fiestas locales

Para empezar, hay que ser conscientes del fuerte arraigo de estas festividades. Los vecinos prefieren muchas veces a sacrificar otras partidas de gasto antes de privarse de las mismas. Se ha llegado a la situación de de preferir los toros a la generación de puestos de trabajo. No faltarña quien sostenga que esta es una decisión democrática con la que hay que convivir.

Por otro lado, tenemos a aquellos que sostienen que, precisamente, fiestas y empleo no son incompatible, es más que las fiestas son generadoras de de actividad económica. En este sentido, consideran que algunas conforman un atractivo turístico de primer orden, capaces de incrementar de modo sustancial el PIB de la zona. En éste sentido defienden que muchas generan un retorno positivo inmediato en las arcas publicase, indirectamente, en las privadas. Todo ello especialmente clave en un país donde la primera industria nacional es el turismo.

Un tercer grupo de los que apoyan el sostenimiento con fondos públicos de las fiestas son los que aducen motivos psicológicos, o mejor dicho, psicoeconómicos. Partiendo de que la Economía tiene un fuerte componente psicológico, consideran que la ausencia o deterioro de de estas actividades conllevaría una suerte de depresión social. Ello nos llevaría a incidir en la perdida de confianza, de consumo e inversión, etc.

En contra de las subvenciones

Entre los que se oponen están aquellos que consideran que el momento fiscal no es el adecuado. Con numerosos ayuntamientos en la cuerda floja, solicitando subvenciones de todo tipo para llegar a fin de año, se hace difícil entender que se siga gastando dinero publico en estas actividades. Entienden que, o bien se ahorra o bien se gasta o invierte en otras partidas, sociales o económicas más acuciantes.

Frente a los que sostienen el reclamo turístico de las fiestas cabe argumentar que, las que de verdad pueden englobarse como tales son una minoría. Incluso en estos casos, cabe también preguntarse cómo nos van a ver nuestros socios europeos, clientes turísticos nuestros en buen número. Por un lado les hablamos de crisis y austeridad, y por otro contemplan un gasto público en actividades lúdicas. Difícil de procesar.

Estas primeras posturas suponen una negativa coyuntural. No es el momento, vendrían a querer decir. Pero también hay quien sostiene que nunca lo ha sido, que el dinero público no está para estos eventos. De partida entienden que supone una absoluta frivolidad emplear fondos extraídos coactivamente, a través de los impuestos, en tales asuetos,, y todavía más si algunas de esas fiestas tiene un componente religioso en un Estado aconfesional.Pero su crítica va mucho más allá.

Señalan que la irrupción de los agentes públicos y el chorro de dinero que van diseminando distorsiona los mercados, afectando seriamente a la oferta privada. Quizás el efecto más palmario sea el de la música, el de los conciertos, donde los ayuntamientos se han volcado durante mucho tiempo. Otro tanto podemos señalar respecto a la competencia desleal contra la hostelería establecida.

¿Qué nos deparará el futuro?

Lo que está claro es que, con independencia de la postura por la que nos decantemos, a corto plazo las fiestas no van ser como la recordamos. La caída de ingresos, la subida de gastos de carácter social y financiero, los planes de ajuste derivados de anticipos como el plan de pago a proveedores, la mayor rigurosidad en el control de las cuentas públicas,...todo ello nos lleva a importantes recortes en los presupuestos festivos.

Pero, lo mismo que estos recortes son seguros, lo son también que la inmensa mayoría de las fiestas seguirán celebrándose, y contando con cierto apoyo financiero de los Ayuntamientos. Seguramente sean celebraciones más deslucidas, sin artistas de relumbrón y sin grandes fastos, pero resulta difícil creer que vayan a desaparecer.

En este sentido, es más que posible que se vaya a fórmulas de colaboración público-privadas, donde el peso financiero descanse en empresas vía patrocinio, mientras que las Administraciones Publicas aporten la organización y las prerrogativas de las que gozan para poder sacarlas adelante.

Más información | Ayuntamiento de Zaragoza, EldigitalCLM, El Blog Salmón
En Actibva | “Los ayuntamientos cerrarán servicios municipales a partir de junio”, entrevista a Fernando Encinar, Deuda de los ayuntamientos: 17.000 millones de euros
Imagen | fernando garcía redondo

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