Echo de menos en el cine actual actual los aspectos cómicos de las películas de los hermanos Marx. Pero no sólo este humor, sino la inteligencia y la capacidad de enseñanza que destilan cada una de sus secuencias. En el fragmento que encabeza este post de la cinta “Un día en las carreras” podemos ver una situación con la cual nos hemos podido ver identificados en distintas ocasiones de nuestra vida. Es más, dentro de las técnicas comerciales, es uno de los recursos más usados cuando el temporal arrecia. Pues bien, si ya habeís visto este fragmento vamos a ver que es lo que aprendemos del mismo.
Las ofertas, lo gratis y la avaricia
Hay que comprar lo que realmente necesitamos. De manera independiente al precio, el objetivo principal de cualquier compra tiene que ser satisfacer una necesidad racional y no irracional. Adquirir un bien o servicio tiene que ser un protocolo de de autosatisfacción y mejora de nuestra actividad diaria de forma previa al análisis de precios del mismo.
Es decir por barato que esté un objeto o por mucha oferta que presente, no tiene sentido adquirirlo si no lo necesito. Este punto se pasa por alto con demasiada frecuencia en muchas compras cotidianas.Con este razonamiento anterior tenemos que clarificar otros conceptos adicionales.
Lo gratis tiene que ser gratis de verdad y lo barato no tiene porqué serlo. En muchas ocasiones nos inundan con promociones y regalos gratuitos, en los que sólo tenemos que pagar los costes de envío o traslado o un mismo seguro de transporte de dichos objetos. Eso no es gratis, dado que lleva unos costes asociados.
Esta práctica comercial combinada es una forma de colocar productos o servicios de manera relativamente opaca para el consumidor final, dado que entra al trapo con el concepto gratis, pero asume un sobrecoste adicional por las gestiones que se tienen que realizar a posteriori.
Por último y al igual que en la cinta, los peores enemigos que tenemos para manejar nuestras compras e inversiones son la avaricia combinada con las emociones. Este aspecto es aplicable al deseo de conseguir beneficios a corto plazo con cualquier operación que nos presenten. Me he encontrado ya por un par de foros, notas de prensa o testimonios en televisión de gente que se queja de las pérdidas que les originan algunos concursos, sorteos o juegos.
Si se juega es porque se tiene la intención de ganar dinero rápido, de manera fácil y sin complicaciones. Esas actitudes generan pérdidas en la inmensa mayoría de los casos. Pero esto no sólo nos puede ocurrir con el juego, también puede ocurrirnos con inversiones de alto riesgo. No olvidemos evaluar siempre el riesgo y la pérdida frente al beneficio esperado, porque así si podremos tomar una posición meditada en muchas de nuestras decisiones financieras.
Remo, editor de Pymes y Autónomos y Ahorro Diario
Vía | El Blog de Echevarri
Enlace | Vídeo Original en Youtube


Comentarios
Desde luego la avaricia ha sido uno de los grandes problemas en esta crisis. Así como el intentar todos en conjunto vivir por encima de nuestras posibilidades.
Y la avaricia rompió el saco, sobre todo para especulaciones inmobiliarias, situandonos en nuestro entorno más cercano.
En efecto, toda esta situación nos ha devuelto a la dura y cruda realidad y ahora nos toca vivir por debajo de nuestras posibilidades en caso de haber sido más prudentes.
Lo peor es que la avaricia sigue más que presente en muchos ámbitos empresariales. Además, para muchas personas puede ser difícil este cambio de tenerlo todo a vigilar sus gastos.
Cuando hemos estado un tiempo gastando sin control, comenzar a gastar responsablemente es muy complicado.
Eso no se aprende en dos días desde luego.