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Verano, calor y finanzas

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Sol y finanzas

El ambiente influye en nuestras decisiones, alterando la física y química de nuestro cuerpo y mente. No somos inmunes al calor que trae el verano, que nos modifica pautas de conducta, a veces de forma consciente y otras no. ¿Afecta el calor a nuestras decisiones financieras?

El calor que trae el verano tiene evidentes efectos físicos en nuestro cuerpo; la actividad diaria resulta más agotadora debido a las altas temperaturas y nuestro cuerpo de deshidrata con más facilidad. Además dormimos peor y se alteran nuestros ritmos circadianos. La luz y la temperatura afectan también a nuestra química interna, alterando la producción de determinadas sustancias, como la serotonina o el cortisol, que pueden alterar nuestra conducta.

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Los cambios estacionales influyen en nuestra mente; la menor luz del invierno empeora el estado de ánimo de muchas personas (relacionado con la menor estimulación de la glándula pineal) y el aumento de la intensidad lumínica primaveral y veraniega dispara la euforia. Por otra parte, el calor agota a muchas personas, con máxima incidencia en los que sufren de ansiedad. El aumento de temperatura eleva la irritabilidad e incita a una conducta más agresiva. En la época del año de mayor luminosidad empeoran los cuadros eufóricos y maníacos. Mientras que los trastornos depresivos y de ansiedad, empeoran más en otoño.

No cabe duda de que si la luz y el calor tienen efectos en nuestro cuerpo y mente, afectarán a nuestras decisiones financieras de algún modo. Una forma de verlo sería conocer la rentabilidad media de las inversiones en bolsa según el periodo del año, ya que el estado de ánimo inversor puede estar influenciado, en determinado grado, por la meteorología veraniega. Concretamente, un estudio de Jacobsen nos indican que hay una diferencia cuantificable entre las rentabilidades de los mercados según estaciones. Se habla de la estrategia de Halloween, o “vende en mayo y márchate“.

Para seguir esta estrategia, un inversor debería comprar acciones a finales del mes de octubre y venderlas al iniciarse mayo. La rentabilidad media anualizada histórica de la Bolsa española de noviembre a abril (cuando se supone debemos tener nuestra cartera en acciones) es del 24% frente al 1,5% del resto de meses. Los meses de verano, junio, julio y agosto son malos para la rentabilidad; el calor debe tener algún tipo de influencia en ello.

Con el ejemplo de la Bolsa simplemente hemos querido reflejar que el medio que nos rodea afecta a nuestras decisiones. La luz veraniega alegra nuestro espíritu (y puede porvocar una euforia excesiva) mientras que el calor nos agota y nos hace más irritables (y por tanto menos aptos para tomar decisiones financieras con la calma necesaria). ¿Lo mejor para las finanzas en verano? no salir del despacho o nuestro lugar de veraneo, a la fresca del aire acondicionado o de la brisa marina. Luz y temperatura moderada, el mejor bálsamo para nuestra mente.

Más Información | Fundamentos de Psicología
En Actibva | Finanzas en verano ¿también de vacaciones?
Imagen | NASA goddard Photo and Video, Flickr

Pau A. Monserrat, editor de Futur Finances

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