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Los 7 pecados capitales de nuestras finanzas personales
Pau Monserrat
26 de julio de 2010

Parece que el calor está influyendo en mi producción intelectual, inspirándome una temática religiosa cual epifanía estival. Los 7 pecados capitales tienen su reflejo en los defectos o vicios que tenemos en la gestión de nuestras finanzas personales.
Pecados hay de muchos tipos, los más graves son los capitales, que son actos, palabras o deseos contrarios a la ley divina, que destruyen la caridad. La materia grave que atacan estos pecados es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre”. Nuestras finanzas siempre adolecerán de pecados veniales, pero intentemos evitar la tentación de cometer uno capital o lo lamentaremos el resto de nuestra vida terrenal y más allá de ella (al dejar una herencia pésima a nuestros descendientes).
Los pecados capitales, llamados así porque generan a su vez otros, son
la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza. La relación de pecados capitales se atribuye al Papa Gregorio I en el siglo VI. Posteriormente, esta lista fue asumida desde un punto de vista filosófico por Santo Tomás de Aquino y desde una perspectiva literaria por Dante Alighieri en la
Divina Comedia. Veamos cómo se definen religiosa y económicamente estas faltas contra lo más sagrado o justo:
- La soberbia: Desde un punto de vista católico es el pecado capital que ataca la virtud de la humildad y se define cómo una estima de sí mismo, o amor propio indebido, que busca la atención y el honor y se pone uno en antagonismo con Dios. Para afrontar el reto personal de crear riqueza y gestionar nuestras finanzas para vivir con holgura, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Conocerse a si mismo es vital para no cometer errores capitales en nuestra actuación financiera. Si creemos tener capacidades y habilidades que no tenemos, nos lanzaremos a proyectos empresariales o laborales por encima de nuestras posibilidades. Y los fracasos son un gran maestro sólo si somos lo suficientemente humildes para valorar la parte de culpa que tenemos nosotros en ello. Hay mucha soberbia en la economía occidental; y así nos está yendo.
- La avaricia: Inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones. Directa es la relación de este pecado capital con el mundo financiero. No confundamos querer llegar a tener una riqueza abundante con vivir para hacernos ricos. Nuestro tiempo es incierto y finito; muchas veces lo olvidamos, pero hay un trade off entre las actividades diarias. Optimicemos nuestro tiempo para compartir las alegrías y penas con los nuestros a la vez que invertimos en nuestro futuro material.
- La envidia: Rencor o tristeza por la buena fortuna de alguien, junto con el deseo desordenado de poseerla. Endeudarse por encima de nuestra capacidad de reembolso presente y futuro es un pecado capital económico. Los préstamos hay que solicitarlos cuando realmente el bien que adquirimos nos es necesario y calculando con seriedad si podremos hacer frente a las cuotas con los ingresos presentes que tenemos y con los que prevemos tener en un futuro; en el caso de que el préstamo sea a interés variable, como suele ser en los préstamos hipotecarios, hay que calcular la cuota con el interés más alto previsto, para ver si seríamos capaces de afrontar esta eventual cuota. Comprar para aparentar ser más que nuestros vecinos o compañeros de trabajo es un pecado que se paga con la ruina.
- La ira: El sentido emocional de desagrado y, generalmente, antagonismo, suscitado por un daño real o aparente. La paciencia es su antídoto. La ira nunca es buena consejera en finanzas; si perdemos nuestro trabajo, de poco nos servirá enfrentarnos con el mundo culpándolo de nuestra situación. Hay que calmarse, centrarse y diseñar una estrategia ganadora para encontrar un nuevo empleo o emprender un negocio propio.
- La lujuria: El deseo desordenado por el placer sexual. Los deseos y actos son desordenados cuando no se conforman al propósito divino, el cual es propiciar el amor mutuo de entre los esposos y favorecer la procreación. Será que no soy un ser demasiado virtuoso en el aspecto carnal, pero confesaría que he pecado por acto y pensamiento siempre que me han dejado. En su dimensión financiera, tal vez el mejor consejo que os podría dar para no caer en manos del Maligno sería no mezclar deseo (muchas veces confundido con amor) con dinero. Uno de los errores más comunes es avalar a una pareja. Nunca avale, en todo caso compren a medias.
- La gula: Es el deseo desordenado por el placer conectado con la comida o la bebida. Beber y comer sin mesura afecta a su salud, a su línea y a su cartera. Aunque bien pensado, la edad también. Ahorre en sus pequeños gastos diarios, no coma siempre fuera de casa y sus finanzas a largo plazo lo agradecerán.
- La pereza: Falta culpable de esfuerzo físico o espiritual; apatía, ociosidad. Mantenerse activo física y mentalmente es una forma de afrontar los desafíos y decisiones de la vida de la mejor forma posible. Disfrute de lo que hace y se hará rico, o al menos vivirá la vida, que no es poco.
Unas finanzas personales saneadas y prósperas requieren de cierta virtud y templanza. No se arrojen a los brazos de Dionisio todos los días. Nada es tan bueno cómo parece en el mundo de los pecadores.
Más Información | Catecismo de la Iglesia Católica
En Actibva |
Los siete pecados capitales de la gestión financiera (y alguno más de regalo)
Imagen | makuneros, Flickr
Pau A. Monserrat, editor de Futur Finances
Comentarios
A este ritmo me fichan los del Vaticano :)