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En la situación económica actual, donde todo parecen malas noticias y reina una gran desconfianza en la economía, conviene de cuando en cuando tomar un poco de perspectiva e intentar ver las cosas en su conjunto. Para esto, la historia es nuestra gran aliada. Si bien es cierto que nadie sabe qué deparará el futuro, el conocer nuestro pasado nos puede ayudar a no estar repitiendo siempre los mismos errores.
Para la mayoría de pequeños inversores, los tiempos actuales nos presentan con una cantidad de incógnitas que pueden hacernos persistir en nuestra búsqueda de bienestar económico. Nos vemos afrontados a pensar sobre la situación económica actual con preguntas como ¿Cómo es posible que pueda haber inflación y deflación a la vez? ¿Qué implica que haya una diferencia de política monetaria entre Estados Unidos y Europa? ¿Dónde puedo invertir mi dinero para conseguir una rentabilidad en acorde al riesgo que estoy dispuesto a asumir?
Todas estas preguntas son legítimas, y es importante que nos las hagamos, pero también es de vital importancia que no perdamos la perspectiva de la historia. Sobre ello reflexionaba este fin de semana al leer la siguiente estadística:
El valor actual (ajustado a la inflación) de un dólar de principios de 1800, dependiendo de si se hubiera invertido en lo siguiente:
Efectivo: $0.07 (-1,35% anual)
Oro: $0.84 (-0.09% anual)
Renta Fija: $803 (3,5% anual)
Renta Variable: $558,945 (7% anual)
Dejando de lado la diferencia que observamos entre la rentabilidad ofrecida por renta fija y renta variable (lo cual nos debería hacer reflexionar sobre cómo diversificamos nuestras inversiones entre estos dos tipos de activos), es interesante remarcar que el mantener el dinero en efectivo a lo largo de los dos últimos siglos hubiera acabado con nuestro patrimonio, mientras que el haberlo invertido tanto en renta fija, como en renta variable, nos hubiera producido retornos extraordinarios.
Aquí vemos por otro lado también la importancia del interés compuesto, que el propio Einstein definió como una de las fuerzas más milagrosas de la naturaleza. La moraleja, está clara pues para cualquier inversor: para preservar nuestro patrimonio e incrementarlo, es necesario invertir.
Imagen | ScriS (Flickr)
Autor: Nairan, editor de El Blog del Inversor
Comentarios
Es lógico que necesitemos invertir, ya que de otra forma nuestro patrimonio perderá valor sólo por el efecto de la inflación.