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¿Cómo proteger tu patrimonio de un colapso?

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Patrimonio

Cómo proteger nuestro patrimonio de un colapso económico es algo algunos últimamente se están preguntando ante las actual crisis. Ningún activo parece seguro, ningún empleo. El más seguro de todos era el funcionariado, y estos han sufrido bajadas de sueldo y en algunos casos puntuales retrasos en el pago de sus salarios. ¿Cómo proteger nuestro patrimonio en tiempos tan difíciles?

Ante todo es importante que empecemos a plantearnos una cosa, ha habido colapsos económicos anteriormente. En la historia tenemos el crack del 29, la crisis del petróleo de los 70, dos guerras mundiales, las invasiones Napoleónicas, la caída del Imperio Romano, etc. En el pasado ha habido situaciones sensiblemente peores, por lo que no hay que levantar los brazos y correr en círculos, sino aceptar que las cosas pueden pasar.

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Consideraciones previas

A la hora de proteger nuestro patrimonio de situaciones extremas, necesitamos tener en cuenta algunas cosas, la primera de ella es que seguramente algo vamos a perder. Incluso puede que simplemente sea que perdamos poder adquisitivo porque la inflación ha sido superior al rendimiento de nuestro patrimonio. Una actitud ultra defensiva probablemente no sea sostenible en el muy largo plazo.

Otro motivo de las finanzas defensivas es que tal vez tengamos que asumir que parte de nuestro patrimonio la vamos a perder. Por ejemplo, creemos que el 30% de los activos inmobiliarios del mundo van a caer, a dejar de valer un duro de un día para otro. El problema es que no sabemos cuales son los activos que van a caer y cuales van a resistir. ¿Serán los Europeos, los Americanos, los Asiáticos? ¿Tal vez una combinación de partes de estas regiones?

¿A qué riesgo nos enfrentamos?

Lo primero es analizar al tipo de riesgo financiero al que nos enfrentamos. En general nos enfrentamos a dos tipos de riesgos. Uno es el riesgo de que una depresión económica acabe con nuestro trabajo, que el valor de lo que hemos conseguido caiga a cero. Una depresión económica puede significar deflación, que los precios bajen (y con ello lo hacen los salarios). Este riesgo es preocupante aunque si somos lo suficientemente jóvenes no es demasiado grave si pudiéramos recuperar lo que hemos perdido en los años subsecuentes. A medida que nos hacemos más mayores, se convierte en un riesgo mayor.

El otro riesgo que podemos afrontar es que para evitar lo anterior se provoque hiperinflación. En la historia reciente hemos tenido hiperinflación en muchos casos, no sólo en la república de Weimar en Alemania. En países de África, Iberoamérica e incluso Israel han sufrido tasas altas de inflación inasumibles durante el siglo XX. Este tipo de inflación tan alto supuso que muchas familias lo perdieran todo y perjudicaron extraordinariamente a aquellos que vivían de un sueldo fijo pensión. Al igual que el anterior, este tipo de riesgo es inferior para aquellos que todavía tienen años por delante para recuperarse.

Al enfrentarnos a estos riesgos también nos enfrentamos a una variable. La incertidumbre. Si pudiéramos saber cual de los dos escenarios es el que vamos a afrontar, sería bastante más fácil enfrentarse a él. En deflación lo mejor es tener dinero, ya que nos permite comprar cada vez más sin asumir ningún riesgo y en hiperinflación tenemos que librarnos del efectivo lo antes posible para no perder poder adquisitivo. En deflación tener deudas es peligroso porque estas se vuelven más y más grandes con el tiempo, mientras que en hiperinflación las deudas no son un problema porque aunque no devolvamos el principal, se vuelven más pequeñas a medida que pasa el tiempo.

El verdadero problema al que nos enfrentaremos es cuando no sepamos cuál de las dos riesgos es aquel al que nos vamos a enfrentar. Si no sabemos a cual de las dos situaciones nos vamos a enfrentar en el futuro, lo mejor es que asumamos que podemos acabar sufriendo ambas. Esto lo convierte en algo más complicado protegerse ante un colapso económico con incertidumbre, porque no sabemos a cual de los dos grandes riesgos nos vamos a ver. Si queremos prepararnos para esto, tenemos que restringir nuestra inversión a aquellos activos que no se ven afectados o no se ven sensiblemente afectados por la deflación y la hiperinflación.

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Imagen | Familymwr

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