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¿Sabemos realmente lo que comemos? La respuesta parecerá paradójicamente incorrecta, pero gracias a Dios,
no estamos al tanto. Por un lado,
los productos que a menudo nos deleitan son los más nocivos para nuestra salud, ya sea por su composición altamente artificial, o por las grasas, el azúcar o los compuestos naturales que no le hacen bien a nuestro cuerpo. Sin embargo, por otro lado, en muchas ocasiones no nos detenemos a leer atentamente la composición de estos alimentos, o en otras oportunidades, preferimos hacer la vista gorda, y disfrutarlos con menos culpa al no saber que ingredientes componen estas delicias.
Lo cierto es que, si bien poco a poco se ha instalado una cultura de comprender los secretos de los alimentos y así constituir una dieta mas equilibrada y sana, los seres humanos realizamos nuestras compras en los supermercados bajo dos premisas básicas y concretas, precio, y luego calidad. A menos que nuestra cartera sea de esas privilegiadas que no escatima en gastos, hoy hemos ajustado nuestro cinturón, y decidimos racionar nuestras compras, en base a lo que nuestro presupuesto familiar nos permite.
La verdad es que las crisis producen graves consecuencias, y una de ellas se basa en el
deterioro en las condiciones de la vida diaria. Por ejemplo, dejamos de lado las actividades deportivas que acarrean un dinero extra, restringimos nuestros gastos vinculados a las actividades culturales como salir al cine, teatro o actividades pagas incrementando el estrés. Estos cambios producen mayor sedentarismo, aumento de las enfermedades cardiovasculares, cambios en el carácter y aceleración en ciertos problemas de salud. Pero un punto en donde se notan los mayores cambios, es en los hábitos de alimentación, ya que bajamos la calidad de la comida, con consecuencias considerables a corto y largo plazo.
Un estudio publicado por la consultora Nielsen sostiene que se ha incrementado la compra de alimentos a través de Internet. Es decir, que lo que antes hacían unos pocos, ahora empieza a generalizarse. Muchos españoles ya no acuden al supermercado y deciden hacer los pedidos desde su casa, evitando la pérdida de tiempo y la tentación de comprar alimentos o productos que terminen encareciendo la cuenta final.
Pero de este nuevo universo de compradores online, el 61% afirma leer la información nutricional de las etiquetas de los alimentos envasados, hasta aquí un porcentaje interesante. Lo preocupante es que sólo el 37% declara entenderlas en parte, y el 3% reconoce no comprende estos datos. Este estudio, marca que uno de cada cuatro personas, la cuarta parte de los consumidores mundiales, declara que siempre consulta la información nutricional al comprar productos envasados. Por lo tanto, en comparación con las cifras relevadas tres años atrás, la tendencia ha crecido del 21% al 24% actual.
En España la tendencia es similar al lo que ocurre en el resto del mundo. El 22% de los españoles dicen leer siempre la información nutricional de las etiquetas, aunque cuando deciden hacer una compra por primera vez de un producto en particular, el porcentual se eleva hasta el 37%. Sin embargo, y a diferencia de lo que se cree popularmente, los compradores que se encuentran realizando una dieta o quieren perder peso no leen las etiquetas. Las cifras descienden hasta el 16%.
Pero lo que más preocupa es que los índices más bajos, el 11%, se ha detectado cuando estas personas compran productos para sus hijos. Pero para comprender que información consultan en los envases de los alimentos, el 67% de los consultados afirmó saber la diferencia entre grasas saturadas e insaturadas, pero cuando miran las etiquetas, los españoles consultan sobre todo el contenido de grasas (56%), calorías (52%), conservantes (43%), aditivos (42%) y azúcares (42%), entre otros.
Es importante comprender que nuestra salud depende de nuestra calidad alimentaria, y en este tipo de actividades no podemos privilegiar el precio por sobre la calidad, aunque sí, por la cantidad.
Como consejos para los consumidores podemos destacar:
- Comprar menos, pero productos de mejor calidad
- Comparar la información nutricional entre dos o más alimentos
- Comparar la presentación del envase y sus medidas de seguridad
- Relación precio- calidad
- Prestar atención a las fechas de vencimiento
- No comprar de más, si no son productos que se consumen habitualmente
- Premiar los alimentos frescos frente a las conservas
- Observar las normas de higiene del comercio
Este tipo de consejos nos ayudará a comprar mejor, en momentos donde el bolsillo se encuentra flaco, y una mala elección nos puede costar caro, y en todo sentido.
Autor. Matías Torres. Analista económico de América del Sur de Finacialred.com
Foto flickr.com
Comentarios
Totalmente de acuerdo. Al margen de la necesidad de comprobar las cualidades de los alimentos (y no sólo por su sabor), el deporte es de las primeras cosas que se abandona en tiempos de crisis. Todo un error.