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El pasado 9 de agostó se cumplió un año de la inyección de emergencia de 95.000 millones de euros por parte del Banco Central Europeo (BCE) que sirvió para inaugurar oficialmente la crisis financiera internacional. Durante tres días consecutivos tanto el banco europeo como la Reserva Federal se vieron obligados a inyectar liquidez en los mercados para calmar los temores de banqueros e inversores. Así, lo que parecía un problema localizado y que sólo afectaba a un segmento del mercado hipotecario estadounidense terminó desencadenando una crisis mundial.
Es fácil hablar cuando ha pasado más de un año, pero la verdad es que todo empezó mucho antes, con el cierre de Ownit Mortage Solutions, un banco hipotecario estadounidense especializado precisamente en créditos subprime o de alto riesgo. La noticia pasó prácticamente desapercibida para el gran público y para buena parte de los analistas, que no supieron anticipar el descalabro de todo el negocio del crédito y los mercados financieros en general, así como el posterior hundimiento del sector inmobiliario y de la construcción.
En un año ha habido tiempo para todo tipo de explicaciones acerca de la crisis, aunque quizás la más fácil de entender para el público en general sea la crisis ninja de Leopoldo Abadía. Independientemente de la opción escogida, lo cierto es que doce meses de desaceleración económica han dejado cifras aterradoras sobre la magnitud del colapso. Y es que durante este periodo el BCE y la Fed han tenido que inyectar 250.000 millones de euros de liquidez a corto plazo mientras que el Dow Jones ha caído un 14% y el Ibex un 22%. y el crecimiento del PIB de las grandes economía mundiales se ha reducido hasta casi alcanzar la recesión. A esto hay que añadir la quiebra de varias de la mayores entidades financieras estadounidenses y británicas, así como perdidas millonarias en la banca a lo largo de todo el mundo.
Aunque ha tardado más que en otros países de la Unión Europea, la crisis también se ha dejado sentir en España. En el caso de la economía nacional se ha plasmado sobre todo en la construcción y el sector inmobiliario. De hecho, todavía no se han producido quiebras en la banca pero sí en el negocio del ladrillo con la suspensión de pagos de Martinsa Fadesa. Las empresas y particulares españoles están notando sobre todo la crisis de liquidez y de crédito por las dificultades para acceder a financiación y la subida del euribor.
Como complemento para la crisis y consecuencia en parte del deterioro de la Bolsa, el precio del petróleo y otras materias primas ha ayudado a acrecentar las presiones inflacionistas y acelerar la caída del consumo. Después de un año de crisis la salud de la economía mundial se encuentra en un momento delicado, cerca de la estanflación con un crecimiento exiguo y una inflación disparada.
Sin embargo, lo peor no es como está ahora la economía sino el tiempo que puede seguir así e incluso peor. Las fechas concretas varían en función de la casa de análisis, partido político, entidad financiera… Hay quienes intentan suavizarla y ven la luz al final del túnel a finales del próximo año y quienes prefieren ponerse en lo peor y creen que hasta finales de 2011 no se producirá una recuperación real. El gran miedo de los expertos es no se hayan destapado todos los efectos de las hipotecas subprime. Es decir, que algunas entidades todavía guarden algún cadáver subprime entre sus cuentas. Por eso, el primer paso hacia la recuperación será normalizar los mercados financieros y eliminar las reticencias de las entidades a prestarse dinero, pero este segundo paso llevará tiempo.
Suele decirse que hacen falta años para generar confianza y sólo un segundo para destruirla. Aplicado a nuestro caso quiere decir que la recuperación será larga y seguramente más dolorosa de lo previsto. Por el momento, la hoja de ruta puede ser la siguiente: una año de crisis de liquidez, dos o tres de crisis inmobiliaria y cinco de crisis económica en el caso español.
Comentarios
Espermos que esas previsiones no sean reales y que la situación mejore un poco antes.