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La Navidad no sólo es un tiempo de encentro familiar, sino que también es el único momento del año en el que todo el mundo demuestra su aprecio, cariño, agradecimiento… a través de regalos.
Los niños suelen ser los grandes beneficiados de la fiebre consumistas de estas fechas. Videojuegos, bicicletas, pelotas de fútbol y muñecas son algunos de los regalos más habituales junto con las mascotas. Un gatito, un perrito e incluso un hamster suelen hacer las delicias de los pequeños, pero sin duda alguna se puede considerar uno de los presentes más conflictivos.
Para empezar, no se trata de un ‘juguete’, sino de un ser vivo que tiene una serie de necesidades no sólo alimenticias e higiénicas, sino también afectivas. Esto implica dedicar tiempo y esfuerzo a su manutención, algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer. De hecho, más de la mitad de mascotas se abandonan al año siguiente de ser regaladas. Según la Fundación Affinity en España se abandonaron un total de 109.000 perros y 24.000 gatos en 2007, lo que supone un 6,5% más que el año anterior. Las causas de abandono más comunes son el nacimiento de un bebé, la alergia y la agresividad, a los que también se pueden añadir el crecimiento físico del animal.
En el fondo,
se trata de un problema de previsión. Al margen de las responsabilidades morales y la dedicación que pueda suponer un animal de compañía,
también existe un precio económico que rara vez se tiene en cuenta. El mantenimiento de una mascota no es barato y puede descomponer todo el presupuesto familiar.
Hay animales ‘mas caros’ que otros. Así, por ejemplo, el mayor gasto de mascotas como
tortugas, reptiles y peces es el coste de la pecera o terrario, que además habrá que ir ampliando en función del crecimiento del animal. El caso más significativo es el de las tortugas, que crecen en función del espacio vital del que diponen. A esto hay que sumar la comida, productos para el control del php del agua y los filtros. En total, dependiendo del número de animales y tamaño el coste del ‘pack inicial’ puede alcanzar los 250 euros para un acuario de 125 litros, a lo que hay que añadir el mantenimiento de los peces (comida, productos de control del agua, filtros y algas) y el coste de la electricidad. En total, el gasto no debería superar los 10-12 euros al mes en el peor de los casos.
En realidad, cuanto más grande o exótica sea la mascota más descuadra el presupuesto. Por eso, los peces relativamente comunes (sobre todo de agua fría) y las tortugas no suponen un gasto tan desorbitado. Pero todo cambia cuando nos referimos a perros y gatos, las mascotas más ‘populares’. Dejando a un lado el coste de adquisición (que se puede disparar en función de la raza y el pedigrí del animal), los costes son suficientemente altos como para plantearse si hay sitio en el presupuesto para el ‘nuevo mejor amigo de la familia’. Al igual que un niño pequeño, el primer año de vida del animal es el más costoso, ya que habrá que habrá que vacunarlo y desparasitarlo e implantarle el chip obligatorio con un coste total que varía desde los 200 hasta los 400 euros.
El mantenimiento nutricional de un perro es más caro que el de un gato. Su coste alimenticio es de aproximadamente un euro al día por 0,6 céntimos de los felinos, que sin embargo gastan unos 12 euros al mes en arena. Esto supone hasta 30 euros al mes sin contar excepciones en la dieta de la mascota, algo relativamente habitual en la mayoría de los casos. Además, hay que tener en cuenta las revisiones y posteriores vacunas, cuyo coste varía desde los 50 hasta los 80 euros dependiendo del tipo de animal y la vacuna en concreta.
Pero sin duda el mayor trastorno económico se produce en el periodo estival. Desde un punto de vista económico una mascota también supone un problema a la hora de planificar las vacaciones. No todos los destinos y alojamientos son aptos para un perro o un gato, por no decir para una tortuga o peces. Además, desde una perspectiva más práctica el desplazamiento puede suponer un problema para el animal. La mayoría de sitios que admiten mascotas suelen ser más caros que los alojamientos normales, lo que hace que el coste de las vacaciones aumente.