Para votar este post conéctate con Facebook
Connect

Los préstamos hipotecarios se han convertido en un dolor de cabeza para las familias españolas en los últimos tiempos. La contracción de la economía nacional, y la mundial también, han desparramado sobre el mundo de las finanzas y de la vida diaria una serie de inconvenientes que parecían superados hace tiempo.
Hoy la sociedad española que estaba inmersa en un espectro de prosperidad, con una economía en expansión, una banca fuerte, la construcción edificando ciudades donde antes no existía nada y un fuerte consumo de bienes y servicios, sufre en carne propia como el castillo de naipes, sucumbe ante un soplo de turbulencia. Sin embargo, hoy existen tres escenarios para aquellas familias que se han embarcado en una hipoteca.
Los Parados
Para quienes resisten el peor de los panoramas, es decir los parados, podrán acogerse al plan del Gobierno que se implementará a partir del 1 de enero de 2009. Estos quedarán comprendidos en una moratoria de dos años para el pago del 50% de su cuota hipotecaria, hasta un máximo de 500 euros mensuales. La otra mitad, se compensará a partir del 1 de enero de 2011 mediante su prorrateo entre las mensualidades que resten para completar la hipoteca, con el límite máximo de 10 años.
Los que se benefician con la baja del Euribor
Quienes se han beneficiado con la caída del índice de referencia más utilizado para calcular el tipo de interés de las hipotecas a tipo variable, gozarán a partir de la segunda quincena de este mes de una cuota más liviana. Esto se debe esencialmente al abaratamiento del precio oficial del dinero con los recortes que ha realizado el Banco Central Europeo (BCE), y también a la distensión en los mercados que terminan por convertirse en los responsables de la baja en el indicador que se traducirá en las cuotas. Si bien la tendencia 2009 sostiene que el euribor descenderá, aliviando la situación de muchos, no es de esperar que los diferenciales que nos cobran las entidades financieras sigan el mismo camino.
Los que continúan igual
El tercer grupo puede ser el más amplio y quien se encuentra en mayor riesgo ya que no “gozará” de las iniciativas estatales ni tampoco de los cambios hacia abajo de su cuota.
Para ellos existen una serie de variantes que pueden ayudarlos a pasar el momento de ahogo, pero que deben analizarse de manera particular, porque pueden tener impactos muy fuertes en el futuro. Una de las primeras medidas que se les vienen a la cabeza a los españoles es la extensión del periodo de devolución. A corto plazo significa un alivio en la cuota mensual, aunque si lo analizamos más allá, comprenderemos que se encarecerá el préstamo a través de los intereses. Pan para hoy, hambre para mañana.
Otra posibilidad, aunque también poco aconsejable, es la de contratar una serie de productos vinculados que permitan reducir el diferencial que cobran en las hipotecas.
Muchas entidades permiten bonificar porcentajes si contratamos seguros, fondos de inversión, tarjetas de crédito o depósitos. De esta forma reduciremos el diferencial pero encareceremos el préstamo porque deberemos costear este tipo de productos. La banca no hace beneficencia y todo tiene un costo en comisiones.
Otra de las salidas desesperadas pasa por pagar solamente los intereses. Esto se denomina periodo de carencia, y lamentablemente es una vía costosa para el cliente a la larga porque no amortiza capital. Sin embargo se pueden implementar dos opciones más aconsejables.
Los clientes pueden utilizar la ya famosa Subrogación, es decir, el cambio de entidad. Estos están amparados en la nueva ley hipotecaria que les permite trasladar su préstamo a otra entidad, abaratando su hipoteca con un tipo de interés más bajo. Esta variable ofrece menores comisiones y los gastos de notaría, registro e impuestos. Esta ley, también permite a quien tienen contratada una hipoteca con una entidad, y otro le ofrece un mejor diferencial, presentarle a ésta una oferta vinculante del nuevo banco o caja y así competir a través de condiciones que igualen o mejoren la oferta estimulando la competencia en beneficio del cliente. Estas dos vías ponen al consumidor como parte fuerte de la negociación, pasándole la pelota a las entidades para que luchen por conservar a adquirir un cliente.
En fin, cada caso debe analizarse de forma particular, pero la clave radica en contratar este tipo de productos con la certeza de que nuestra economía familiar podrá costearlo, porque sino se puede transformar en una mala jugada que puede ponernos la soga al cuello por mucho tiempo.
Autor. Matías Torres. Analista económico de América del Sur de Financialred.com
Foto Flickr.com
Comentarios
Una información muy útil.
La subrogación sólo es útil en determinados casos