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Pequeños plásticos, grandes apuros financieros

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La acumulación de cantidades opresivas de deudas se ha convertido en un fenómeno global. Y dentro de la forma de endeudarse, las que están al alcance de casi cualquier persona son las de tarjetas de crédito. Sin ir más lejos, en Estados Unidos, estar endeudado ya es casi un estilo de vida. Esa fue la razón principal de la actual crisis financiera mundial: el exceso de deuda de las familias.

Para muchos, las tarjetas de crédito son la clave para un nivel de vida más alto. Pero ahora se están volviendo en contra de sus titulares, dejándolos no solo fuera de un estilo de vida, sino también de sus casas y pertenencias.

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Algunos datos de Estados Unidos, la cuna de las deudas:
  • La deuda de los hogares, con hipotecas y tarjetas de crédito, representa en promedio el 19% de sus activos, con un aumento del 46% con respecto a 1980.
  • La tasa de ahorro del país, por el contrario, se ubica en el 0,4%. En 1978 representaba el 8%...


Pero esto no queda aquí. Parece ser que pocas exportaciones estadounidenses demostraron ser tan populares como las tarjetas de crédito. En apenas una generación dejaron de ser un símbolo exclusivo de prosperidad norteamericana y se convirtieron en un accesorio cotidiano en países como Brasil, Mexico, India, China, Sudáfrica, Corea del Sur… Bah, en todas partes. Más de las dos terceras partes de los casi 3.700 millones de plásticos que hay en el mundo circulan afuera de los Estados Unidos. Esto es así porque las mayores oportunidades de ganancias se encuentran en los mercados emergentes. El volumen de transacciones con tarjetas en regiones como America Latina, Asia y Europa Oriental crecen a un ritmo de entre el 20% y el 30% anual.

Sin embargo, cuando se extienden tarjetas de crédito a consumidores no sofisticados, estos pueden acumular deudas que tardan años en saldar. Si es que alguna vez lo logran. En Corea del Sur, por ejemplo, el aumento de los incumplimientos en 2003 desencadenó una crisis nacional. El mercado desregulado de ese país había emitido 148 millones de plásticos para una población de 49 millones de habitantes (contando a los niños…). En ese año la morosidad había alcanzado el 28% y la industria se desplomó. El gobierno tuvo que salir a rescatar a las entidades financieras emisoras.

Peor fue en Turquía, donde hasta hace muy poco los préstamos de dinero eran un asunto familiar. Deber dinero, para su cultura, era una deshonra que muchas veces se pagaba con la muerte. Pero el cambio cultural barrió en pocos años siglos de tradición. En veinte años, las tarjetas de crédito en Turquía pasaron a ser de unas 10.000 a poco más de 38 millones. Aquí también el incumplimiento creció y, luego de una serie de 41 suicidios u homicidios vinculados a las deudas de tarjetas de crédito, en 2006 se aprobó una ley que puso límites a la concesión de las mismas.

Pero las tarjetas también tienen su lado bueno: aceleran el crecimiento económico, constituyen un recurso cómodo de dinero para la compra de casi cualquier cosa, y a su vez, al registrar las operaciones, permite a los gobiernos recaudar impuestos que de otro modo perderían. Los años gastando más de lo que ganan han dejado a una cantidad no determinada de gente, pero si numerosa, al borde del abismo financiero. Y han sido el gran negocio de los prestamistas: a ellos no les interesa los créditos al consumo que se pagan, sino aquellos que se transforman en una fuente de ganancias constantes. Es decir, aquellos deudores “estructurales”.

¿Y por casa como andamos? La mejor forma de evitarse los problemas financieros a futuro es, tan solo actuar con racionalidad. Entran 5 euros, gasto 3, ahorro 2. Esa sería la ecuación ideal…

Autor. Fabian Sinibaldi. Analista económico de America del Sur de Financialred.com

Foto | Michael Brenton

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