
Desde el estallido de la burbuja tecnológica en 2000 el sector de las telecomunicaciones y su potencial ha estado siempre en el punto de mira de inversores y analistas, especialmente tras las dificultades para implantar la tecnología UMTS en países como España y el retraso en la llegada de internet a la telefonía móvil. Pese a todo, el pasado año este negocio generó unos ingresos de 293.000 millones de euros según datos del decimotercer informe del sector de las comunicaciones electrónicas elaborado por la Comisión Europea (CE).
La crisis de crédito internacional enfrió el proceso de concentración en el que se supone que está inmerso el sector, lo que frenó ligeramente la evolución en Bolsa de algunos de estos valores. Además, la caída generalizada de los mercados bursátiles a comienzos del año también afectó de forma negativa a las acciones de las principales teleoperadoras del mundo. Con este panorama todo parecía indicar que las compras y fusiones tendrían que esperar un tiempo hasta la mejora de la coyuntura financiera. Sin embargo, hace unas semanas el diario francés Le Figaro destapó el interés de France Telecom por hacerse con TeliaSonera, lo que sirvió para devolver al sector al candelero. La compañía gala, que opera en España a través de Orange, ha confirmando el interés por la sueca, dueña entre otras de Yoigo, que se deja querer. Su presidente, Tom von Weyrmarn, considera que la operación sería “perfecta” desde un punto de vista geográfico. Desde entonces no hay ninguna novedad, pero sólo la noticia ya ha servido para poner en alerta al resto de pesos pesados del sector en Europa como Telefónica y Vodafone.

