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Los costos del transporte se están transformando en una barrera para el comercio mundial.

1 comentario


Pongamos una situación para ilustrar el grado de integración de la economía mundial: los consumidores estadounidenses casi no encuentran remeras ni zapatillas “Made in USA” en los supermercados de Wal-Mart.


Sin embargo, la globalización puede estar perdiendo parte de la fuerza económica que tuvo durante buena parte de los últimos 25 años. La razón es simple: el precio del petróleo, el lubricante del transporte internacional barato y rápido, es probable que no baje en un futuro próximo.Muchos economistas sostienen que la globalización no se revertirá ni siquiera si el precio del petróleo sigue aumentando. Pero para otros hay indicios de que las empresas que aspiran a mantener los precios bajos tendrán que trasladar parte de su producción más cerca de los consumidores.


Pongamos un ejemplo: es probable que la lavadora de su hogar haga el siguiente camino. El hierro brasileño de las montañas del Amazonas se traslada por tierra hasta el puerto más próximo. Supongamos que es Rio de Janeiro. De allí, se embarca a los puertos de China, donde se convierte en acero y se traslada a las fábricas, que pueden estar ubicada en la misma China o en Tailandia. Una vez fabricada la lavadora, se embarca a un puerto de la Península, supongamos Cádiz. De allí, en camión al distribuidor y a su casa. Menudo viaje, ¿no? Esta cadena global funciona casi igual en la mayoría de los países, pero en la actualidad tiene menos sentido que hace unos años.

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Algunos expertos estiman que si los precios siguen en este nivel, podría haber algunos reajustes importantes de la producción entre sectores y países. Algunos ya comenzaron, como en la industria del mueble estadounidense. Hasta hace poco, era habitual embarcar madera en los puertos estadounidenses y mandarla a China, donde el roble y el cerezo se convertían en sofás, armarios y sillas, que luego volvían a Estados Unidos. Sin embargo, el aumento del costo del flete hace que ahora más madera vaya a los centros industriales locales tradicionales de Carolina del Norte y Virginia.


El aumento de los costos de transporte también se hace sentir en los alimentos, desde los plátanos ecuatorianos hasta el salmón chileno o los arándalos argentinos. Esto seguramente transformará en lujosos algunos productos que ahora son habituales en una mesa de la clase media. Además impulsaría el llamado movimiento local de alimentos. En este nuevo mundo, una ensalada de palta en Chicago en enero va a desaparecer porque el precio del flete aéreo va a hacer que cueste tanto como un bife.


Si el costo del transporte se mantiene alto, los economistas sostienen que es probable que se fortalezca la vecindad. En lugar de buscar materias primas donde se las pueda comprar más baratas y subcontratar el montaje y la fabricación de productos en todo el mundo, los fabricantes concentrarían toda su actividad lo más cerca posible de su casa matriz. O mejor dicho, de sus consumidores.
Esta tendencia de regionalización de la fabricación, sin embargo, no beneficiaría a los países más desarrollados. No solo porque muchos de ellos perdieron su capacidad productiva en los últimos 25 años, sino también porque se encuentran lejos de las economías asiáticas, que pasaron a ser las más dinámicas del mundo.
¿Ya no más juguetes chinos? ¿Y quién hará las remeras de Fórmula 1 de ahora en más? ¿Y los equipos de aire acondicionado? ¿Y las zapatillas de la marca de la pipa? Todo está por verse…


Actibva. Fabian Sinibaldi. Analista económico para América del Sur de Financialred.com


Foto | vfarboyela

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Comentarios

  • 1

    Avatar de silviamartinez !

    Muy buen artículo. Resulta sorprendente como ahora mismo resulta más rentable recorrer largas distancias para fabricar determinados productos en lugar de hacerlo todo en un mismo país.

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