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Libre de deudas: consejos para no recaer

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Salir del pozo de las deudas (hipoteca aparte) puede suponer en ocasiones un esfuerzo titánico. Quienes lo consiguen suelen hacerlo gracias a una mezcla entre perseverancia, control financiero y un cambio de sus costumbres de consumo hacia otras más austeras. Este suele ser el primer paso hacia la llamada libertad financiera, ya que en términos generales las deudas actúan como un elemento que dilapida la capacidad de ahorro y la posibilidad de inversión (a excepción de la hipoteca por la cantidad de dinero que supone y los beneficios fiscales que conlleva).

A partir de es momento el problema es la facilidad para volver a caer en el ‘juego’ del endeudamiento. Y es que suele ser habitual relajarse y bajar la guardia tras un periodo de tensión o de estrés. De hecho, es algo que los aficionados al deporte están acostumbrados a experimentar y ver por la televisión constantemente. Para evitar estos riesgos hay que volver a trazar un plan de acción para seguir centrados en el control financiero y llevar a cabo una serie de acciones estratégicas:

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  • Crear un fondo de previsión: esta es la primera tarea y también una de las más importantes. Este colchón financiero será impida volver a necesitar financiación para hacer frente a un imprevisto o para acometer desembolsos relativamente altos. Para ofrecer suficiente seguridad este fondo debería sumar por lo menos los gastos fijos en los que se incurren durante seis meses. De esta forma, ante una mala racha económica se dispondría de unos meses para poder reaccionar.
  • Mantener los hábitos de consumo: terminar con la deuda no debería suponer un cambio en el estilo de vida. Si bien es cierto que se puede ser económicamente más permisivo con uno mismo, tampoco hay que variar los hábitos de consumo hacia el aumento del gasto. De hecho, lo más complicado en esta etapa suele ser mantener el nivel de gastos.
  • Fijar nuevas metas de ahorro: la mejor fórmula para mantener el nivel de gastos es revisar el presupuesto y establecer nuevos objetivos de ahorro, tanto a largo como a corto plazo. Los primeros (pueden ser caprichos personales como vacaciones, un ordenador portátil, una televisión…) servirán para continuar con la ‘tensión’ ahorradora y mantener la moral alta. Por su parte, los segundos cubrirán los huecos que han dejado las deudas.
  • Empezar a ahorrar para la jubilación: las deudas también suelen ser una tumba para los planes de pensiones. El capital disponible se destina a saldar los compromisos financiero y no queda dinero para crear un plan de pensiones. Una vez se termina con ella es el momento de hacerlo.
  • Invertir y aprender sobre inversión: la segunda parte dentro de cualquier plan de control financiero una vez acometido el ahorro es la inversión. Es decir, obtener un rendimiento del dinero acumulado. La deuda suele mermar mucho la capacidad de inversión, pero una vez se termina con ella llega el momento de pasar a la acción. Las opciones son variadas y dependerán del gusto por el riesgo de cada ahorrador. El problema es que durante el proceso de finiquitar las obligaciones financieras rara vez se piensa en estas opciones de inversión, por eso muchas veces hay que pasar por un periodo de formación posterior.
  • Aprender sobre fiscalidad: las posibilidades de inversión también crean una necesidad adicional relacionada con la fiscalidad y los impuestos. En definitiva, aumentan las opciones hacia donde desviar el dinero y por lo tanto la necesidad de informarse sobre otros temas relacionados con el dinero, como los impuestos.
  • Al final, la clave del proceso está en ser capaz de controlar el gasto. No quiere decir que no haya que autopremiarse por la gestión anterior o que haya que seguir viviendo de una forma austera. Simplemente es necesario evitar que el consumo vuelva a dispararse. El mejor remedio es encontrar un ‘destino’ para el capital que antes servía para amortizar préstamos. De esta forma, se irá creando un patrimonio de donde antes sólo había dinero para pagar deudas.

    Aunque pueda parecer contradictorio, esta es la parte verdaderamente complicada del proceso, ya que no hay un elemento contra el que luchar las deudas. Por eso exige una mayor disciplina y control, pero sobre todo una planificación financiera mucho más completa, ya que el dinero no tiene un destino ‘fijo’, sino el que cada ahorrador quiera darle en función de su plan estratégico.

    Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com

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