Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect
El sistema financiero estadounidense recibió el pasado domingo un brutal impacto en sus cimientos. Lehman Brothers se declaraba en bancarrota y daba al traste con todas las teorías acerca de que un banco no podía quebrar. Al mismo tiempo Bank of America rescataba a Merrill Lynch por 31.000 millones de euros, un precio que hasta hace poco se hubiese considerado irrisorio por uno de los mayores bancos del mundo y estandarte de Wall Street. La catarsis financiera podría haber sido aún mayor si el Gobierno estadounidense no hubiese rescatado también a AIG, acuciada por el efecto de las hipotecas subprime y víctima de una especie de pánico irracional que se ha apoderado de buena parte del mercado.
Y sin embargo, al margen de los inversores y gente muy ligada al mundo de la economía y las finanzas, la noticia está pasando casi sin pena ni gloria para buena parte de la sociedad española. De hecho, han impactado más las imágenes de los empleados saliendo de las oficinas de Lehman Brothers con sus pertenencias en cajas que el propio colapso del banco. Como ya ocurrió con la crisis de de las puntocom en 2000 o más recientemente con el estallido de las hipotecas subprime, el ciudadano medio español tarda en asimilar este tipo de noticias “de Estados Unidos” que al final terminan afectando, y mucho, a su vida cotidiana. Ni siquiera hacer falta tener dinero invertido en Lehman para notarlo, basta con ‘estar invertido en Bolsa’.
Pero al margen de quienes están más ligados al mundo financiero, un hecho de esta magnitud termina afectando a todos los estamentos (sino no tendría ‘esa’ magnitud). ¿Cómo? Para empezar, a través del crédito. ¿Por qué? Por que la quiebra de Lehman supone y los posteriores ataques de pánico buena parte del dinero del mercado se ha ‘evaporado’ y con él el mercado interbancario, que es donde los bancos se prestan dinero entre sí. Es decir, se recrudecen los problemas de liquidez. De hecho, en apenas dos días el Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal Estadounidense (Fed) han tenido que inyectar más de 135.000 millones de euros al sistema financiero.
Lo que ambos bancos centrales han echo es tratar de calmar a los bancos y el resto de entidades financieras introduciendo/inyectando dinero en el mercado interbancario para que los bancos tengan mayor liquidez y la trasladen al consumidor. Básicamente se trata de una maniobra para evitar que el crédito se contraiga como la garganta de un paciente víctima de un schock anafiláctico. Sin embargo, es previsible que al final un colapso como el de Lehman termine afectando al mercado del crédito de forma negativa. Si en los últimos meses ya se anunciaba/preveía una constricción del crédito, ahora su llegada es casi segura. Así, conseguir una hipoteca o un préstamo para comprar un coche va a ser todavía más complicado que hace unos meses y lo mismo puede decirse en el plano empresarial, donde de hecho la morosidad y los impagos no han dejado de aumentar.
Todo esto sin olvidarnos del Euribor. Como ya vimos en un post anterior, la composición de este índice no sólo depende de los tipos de interés que fija el Banco Central Europeo (BCE) sino también de las tensiones en el mercado interbancario, que a partir de ahora van a ser muchas. Traducido a la economía doméstica: un posible adiós a las recientes caídas o subidas más moderadas del Euribor. Regresan otra vez, si es que alguna vez se fueron, las cargas financieras en forma de hipoteca.
De todas formas, no todo es negativo. Esta tendencia también recrudecerá la ya activa guerra por el pasivo que libran bancos y cajas de ahorros, lo que mejorará las ofertas en depósitos y cuentas nómina, uno de los pocos ‘instrumentos de inversión’ que realmente utiliza la mayoría de consumidores. Además, el barril de crudo ya cotiza por debajo de los 90 dólares… ¿no será que quien no se consuela es porque no quiere?
Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com
Foto | tshein