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La Revolución Argentina (1966-1973), periodo gobernado por militares que habían derrocado al presidente Arturo Illia, tuvo que llamar a elecciones en 1973, pero con una particularidad, no le permitió a Juan Domingo Perón presentarse en los comicios. El ex presidente argentino estaba exiliado en Madrid, por lo tanto en una rápida movida política, el Partido Justicialista, presentó como candidato a Héctor J. Cámpora, quien triunfó con el 49,53% de los votos. El lema de campaña fue “Cámpora al gobierno, Perón al Poder“. Una vez en la presidencia, y tras la vuelta de Perón a la Argentina, el virtual primer mandatario renunció, para que a partir de nuevas elecciones, Perón se consagre nuevo presidente con el 62% de los votos.
Esta introducción sirve para contextualizar una tendencia que, poco a poco, se está implementando en el mundo empresarial. Se trata de la elección del mejor de los exponentes para conseguir un logro propuesto por quienes detentan el poder de los negocios. Hoy, uno de los mitos más divulgados en nuestra sociedad, se está cayendo a pedazos y tira por la borda, una creencia machista sin sentido: “las mejores decisiones, y el ejercicio del poder, lo ejercen con mejor criterio los hombres”.
Tanto el poder político como económico y financiero ha arrojado a la basura una creencia milenaria. Hasta hace poco tiempo, y en algunos países se sigue sosteniendo, las mujeres fueron señaladas como participes del sexo débil, y con capacidad para dirigir, nada más, que los quehaceres del hogar.
En el mundo de la política, una diversidad de países con creencias religiosas, étnicas, culturales y sociales, han confiado en mujeres para dirigir los destinos de sus naciones. Una de las precursoras fue en la década de 1980, Margaret Thatcher en Gran Bretaña, quien fue bautizada la “Dama de hierro”. Ahora estados tan disímiles como Alemania con Ángela Merkel a la cabeza, Michelle Bachelet en Chile, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Mary Mcaleese, en Irlanda; Ellen Johnson-Sirleaf en Liberia, Vaira Vike-Freiberga en Letonia; Gloria Macapagal en Filipinas, Khaela Zia en Bangladesh, Luisa Diogo en Mozambique, María Do Carmo Silveira en Santo Tomé y Príncipe, Tarja K. Halonen en Finlandia o Pratibha Patil en India, han confiado el presente y el futuro de sus naciones en mujeres.
En el mundo de los negocios, dos investigadores estadounidenses, David Gaddis Ross de la Universidad de Columbia y Cristian Dezso de la Universidad de Maryland han realizado estudios sobre la participación de la mujer en las compañías más importantes. El informe sostiene que las directivas son más eficaces en empresas que ponen mayor énfasis en la investigación y el desarrollo. Las TI (empresas tecnológicas) han dado muestra de ello.La lista la conforman Anne Mulcahy, presidenta y Consejera Delegada de Xerox, Carly Fiorina fue la máxima autoridad en HP, Ann Livermore, vicepresidenta de esta multinacional, Safra Catz es CFO de Oracle, Margaret Whitman, cabeza del sitio de subastas eBay, Patricia Russo, presidenta y CEO de Lucent, Theresa Gattung, CEO de Telecom New Zealand Group y María Ehrling, presidenta de la sueca Telia Sonera.
A favor
Diversos estudios constataron que el “estilo femenino de gestión” es mucho más efectivo que el estilo de gestión asociado al hombre, ya que las mujeres tienden a dirigir de un modo más participativo, en contraste con las estructuras jerárquicas típicas de los directivos masculinos. Investigaciones paralelas, han puesto en clara evidencia que la inclusión de mujeres en puestos directivos proporciona diversidad de perspectivas, experiencias vitales y capacidad para resolver problemas, y todos estos aspectos, contribuyen al éxito económico de la empresa.
En contra
El “estilo femenino” no ha sido bien recibido en muchas compañías, que siguen prefiriendo la dirección ejecutiva masculina en los puestos de mando estratégicos. Para ellos, una mujer puede ser vista en muchas ocasiones como “poco agresiva“ para tomar el mando de una compañía. Los que sostienen que la inconsistencia en la toma de decisiones puede provocar disputas internas, ven a los hombres como más firmes e idóneos.
Por esto, los puestos de presidentes ejecutivos están mayoritariamente ocupados por masculinos, por lo que las directivas femeninas, que acceden o quieren ingresar a ese puesto, parten ya con una desventaja. En general, los datos muestran que las empresas que sostienen a las mujeres en puestos de dirección disfrutan de mejores resultados económicos.Para ellos, las mujeres ostentan mejores capacidades para manejar las relaciones interpersonales y muestran una tendencia más proclive a escuchar la voz de los empleados.
En fin, al margen de las conclusiones a favor y en contra, la sociedad ha evolucionado en algunos casos, y parece imprescindible comprender que las capacidades intelectuales y las relaciones humanas, no pasan por el sexo de las personas, sino por sus cualidades humanas e intelectuales.
Autor. Matias Torres. Analista económico de América del Sur de Financialred.com
Comentarios
Es curiosa la relación que plantea el artículo. Lo cierto es que las mujeres han sido más hábiles a la hora de entrar en el mundo de la política que en el de la empresa.
Esperemos que las empresas tomen nota de los políticos, por lo menos en lo que a participación femenina se refiere.