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Los resultados empresariales están acaparando la actualidad económica y bursátil durante el comienzo del año. Poco a poca las compañías españolas e internacionales van dando a conocer sus cuentas y dibujan de paso el cuadro de la situación real de la economía. El ejercicio 2008 ha sido muy duro para casi todas las empresas y 2009 no se presenta mucho mejor. De hecho, son varias las empresas que han revisado a la baja su previsión de beneficios e incluso han alertado de posibles pérdidas. Ante esta situación lo que muchos inversores se preguntan es si peligran los dividendos anunciados.
Invertir en busca del dividendo se ha convertido en una estrategia relativamente común dentro del mercado. De hecho, esta es una de las recomendaciones más repetidas para los inversores a largo plazo y para quienes invierten en valor. La crisis financiera puede hacer que muchos se lo piensen dos veces antes de comprar un título por su política de dividendos, aunque las compañías están haciendo importantes esfuerzos intentar mantener la cuantía de los mismos. Y es que tradicionalmente el dividendo ha sido la mejor fórmula de premiar al accionista, así como un síntoma de la buena salud de la empresa, ya que los dividendos no son más que una parte del beneficio que ha obtenido la compañía.
El problema ahora es que con la caída de las ganancias en 2008 (en muchos casos por debajo de lo esperado) las empresas se ven obligadas a destinar un mayor porcentaje de su beneficio al pago de los dividendos. Este porcentaje, que se conoce como pay out y ahora mismo se encuentra en el 51,6% para las compañías europeas y casi en el 60% para las españolas. Es decir, que más de la mitad de lo que ganan ‘desaparece’ en forma de pago a los accionistas. La ‘pérdida’ de valor para la empresa es patente. Ahora dispondrá de menos recursos económicos en forma de dinero líquido para afrontar nuevos proyecto o pagar parte de su deuda, por poner dos ejemplos.
Precisamente el problema de los dividendos es su efecto descapitalizador en la empresa. La compañía pierde el valor que entrega como dividendo. Así, por ejemplo, una empresa con un valor de diez millones de euros que reparte un dividendo de un millón pasa automáticamente a valer nueve millones de euros y lo mismo ocurre con las acciones. Ante esta situación algunas compañías empiezan a plantearse el pago de dividendos por medio de acciones propias de la compañía. El efecto sobre el valor de las acciones es el mismo, pero por lo menos se refuerza la estructura de capital y se dispone de dinero fresco en un entorno de falta de liquidez.
En el fondo, los dividendos son el último exponente de la importancia que la bolsa tiene para las empresas cotizadas y lo imprescindible que puede llegar a ser que los accionistas y el mercado en general estén contentos con una compañía. Para algunos expertos en educación ejecutiva como Rakesh Khurana, profesor la Escuela de Negocios de Harvard, esto supone un serio reto para la gestión que no todas las corporaciones han sabido resolver. Se trata de la dificultad para unir la necesidad de conseguir constantemente resultados positivos a corto plazo (bajo amenaza de fuerte caída bursátil en caso contrario) frente a la obligación de tener una buena estrategia a largo plazo que en ocasiones demanda sacrificios en un futuro inmediato.
La crisis financiera ha puesto de relieve esta dicotomía con compañías altamente endeudadas para poder seguir ofreciendo un fuerte rendimiento a corto plazo, pero con un plan de negocio difícilmente realizable a largo plazo. Al final la tiranía del dividendo no es más que el último exponente de los riesgos de exponerse a unos accionistas (los inversores de bolsa en este caso) para los que lo que cuenta son sólo los números y el rentabilizar su inversión en el menor tiempo posible.
Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com
Foto pingu 1983
Comentarios
El principal problema de la bolsa es que obliga a la empresa a buscar constantemente formas de complacer al accionista, que generalmente sólo piensa en el corto plazo.