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Es evidente que esta crisis nos ha golpeado de lleno a todos. Nadie ha quedado inmune a semejante desastre económico, financiero y social. Si bien el Estado tiene herramientas para apaciguar algunos golpes, las consecuencias ya se palpan en las calles. Esta hecatombe financiera, sin precedentes en las últimas décadas ha marcado una diferencia con otros inconvenientes sociales, y al mismo tiempo marca una evidente maduración civil sobre uno de los puntos más críticos en este tipo de circunstancia. En otras oportunidades, quienes primero han sido marcados por quienes prefieren la desestabilización, son los inmigrantes, tanto legales con aquellos que no tienen regularizada su documentación migratoria.
Ciertos sectores, frente al incremento del paro, la escasez de oportunidades y de dinero, la inestabilidad laboral, y en ciertas oportunidades con el incremento de los delitos, los inmigrantes son el primer blanco de ataque. Quienes aprovechan para marcarlos como culpables de la falta de oportunidades para los nativos de España, se han quedado sin argumentos en esta oportunidad, y aquellos extranjeros que radican en nuestro país, han sido uno de los sectores mas perjudicados por esta crisis, es más, tal vez de forma mas directa que algunos españoles.
La crisis del ladrillo, la caída en la construcción, la merma en el consumo como las salidas a restaurantes, paseos (muchos extranjeros se desempeñan en esos rubros) han golpeado de lleno la economía de un sector, tan necesario para el movimiento de pagos y cobros diarios. A nadie con dos dedos de frente se le ocurre acusarlos de ser parte promotora de esta crisis, ya que no se los puede señalar como especuladores de Wall Street, tampoco de otorgar indiscriminadamente hipotecas irresponsables, de promover rescates millonarios a la banca oportunista ni de estafar a las entidades financieras desde una oficina fantasma en billones de euros.
La crisis los ha golpeado tanto o más que a los españoles, y
el sector de las finanzas donde se ha notado con mayor fuerza esta situación es en el envío de las remesas. El año pasado este tipo de operaciones alcanzó el máximo de 8.131 millones de euros (10.400 millones de dólares) con una marcada preferencia hacia países de Latinoamérica (69%). Para comprender la importancia de esta actividad, los envíos desde España representan para algunos países, una porción más que importante de su economía. Por ejemplo, para Bolivia significa el 10% de su
PIB, para Ecuador el 4% y para Colombia el 1%.
Sin embargo, en el primer semestre de 2008, las remesas han bajado un 5% con 3.646 millones de euros, frente a 3.838 millones en el mismo período del año pasado, según el Banco de España. Para comprender la gravedad de esta situación, que afecta tanto a quienes envían, como a los que reciben y también a las empresas que ofrecen este servicio, en el segundo trimestre la caída llegó al 7,3%. Los motivos de este abrupto descenso tienen una explicación sencilla, el incremento del paro en España, que en el tercer trimestre de este año, superó los 2,5 millones de personas (11,33% de la población activa), muy por encima del casi 8% que se registraba a mediados del pasado año. Por lo tanto, menos dinero recibido por el poco trabajo realizado, ajuste en el bolsillo de las familias inmigrantes, y un ahorro mayor para el futuro en Europa trajo aparejado un descenso en el envío de dinero fuera del continente.
Esta crisis ha dado de lleno en el mundo de los inmigrantes. En el tercer trimestre, el paro en la población española se ubicó en el 10,20%, mientras que la tasa por los extranjeros, se disparó al 17,45% según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE). Sin embargo, otro punto que ha afectado a los extranjeros que residen en España es la perdida de la fuerza que hasta hace un tiempo, el euro tenía sobre el dólar. Hoy esa diferencia que meses atrás era mucho más evidente, ahora ha caído, aunque el cambio les sigue siendo favorable.
Otra de las patas de esta crisis son las empresas encargadas de enviar las remesas. Este tipo de compañías han sufrido un descenso considerable de transferencias, no solo en el monto de las mismas sino también en la cantidad. Un ejemplo de ello es que antes, el promedio de envío era de unos 270 a 300 mensuales, mientras que en la actualidad no suelen superar los 150 euros. Las casi 50 compañías remesadotas que operan en España han reportado en los últimos meses una caída del negocio entre un 10% y un 20%, con picos de hasta 40% en algunos periodos del año. Ahora, este sector esta soportando un flagelo que hasta el momento nunca vivió, está tolerando pérdidas en el segundo semestre del año, y en especial las más pequeñas.
El mercado español de envío de remesas está conformado en un 80% por las empresas remesadoras, y un 20% por la banca, que si bien parece muy por detrás, ocupan poco a poco cada vez más mercado, al igual que otros mecanismos informales, que en la actualidad y bajo las circunstancias han acaparado mayor cantidad de envíos, ya que cobran menores comisiones.
Autor. Matías Torres. Analista financiero de Financialred.com
Foto jen jen en Flickr.com