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El último dato del IPC correspondiente al mes de agosto registró una caída de cuatro décimas en tasa interanual hasta el 4,9% según el Instituto Nacional de Estadística (INE). El dato es positivo y así lo han celebrado tanto analistas como políticos y el propio Gobierno, que incluso espera cerrar el año con una inflación por debajo del 4%, en palabras del Ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes. Para que estas previsiones se cumplan el precio del petróleo deberá permenecer en los entornos actuales y no totalmente desbocado por la senda de los 150 dólares por barril como durante casi todo 2008. Pero, ¿tanto afecta un solo producto al IPC? Y si es así, ¿cómo se elabora el índice?
Estas son dos preguntas que últimamente se hacen la mayoría de españoles. No es de extrañar, ya que el IPC, que en términos generales suele utilizarse como sinónimo de inflación pese a no ser exactamente lo mismo, es uno de los pocos indicadores económicos que realmente conoce casi todo el mundo. Al final, el IPC mide la variación de una cesta de más de más de 220.000 precios de 491 artículos de 30.000 establecimiento cada uno de los cuales tiene un peso específico o ponderación en función de la Encuesta Contínua de Presupuestos Familiares (EBPF). Al final este porcenaje de cada grupo de artículos es lo que determina la tasa de IPC. Por eso, aunque la cifra artículos parece suficientemente amplia como para representar fielmente el ‘precio de la vida’ en España, hay ciertas subidas que se notan más que otras. En el caso del petróleo, se encuadra dentro de los productos energéticos y carburantes, aunque también afecta a otros grupos como el del transporte. El problema es que sus subidas se trasladan rápidamente al índice por medio del aumento de los precios de la gasolina.