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Este fin de semana han aparecido varias noticias relacionadas con el aumento de la inversión en arte moderno y contemporáneo durante los dos últimos años. En 2007 este mercado generó sólo en el ámbito privado 19.500 millones de euros en transacciones, aunque otras cifras este volumen global en torno los 25.000 millones de euros. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que sólo entre las galerías de subastas Christie’e y Sotherby’s ya sumaron un volumen de negocio de 12.000 millones de euros.
Durante 2008 se han alcanzado nuevas cantidades récord por obras de Monet, Bacons, Koons o Goya, entre otros. Esto debería servir por sí solo para ilustrar el buen momento que vive la inversión en arte. Sin embargo, también están surgiendo voces que hablan de la burbuja artística y su posible fin. Según un artículo que publica El Economista, sólo cuando la inversión supera el millón de euros su revalorización está asegurada. Se trata de una cifra al alcance de muy pocos, pero en general son este tipo de obras de arte y otras con precios menores pero también elevados las que están tirando del mercado.
En el negocio del arte, como ocurre en otros muchos ámbitos,
la calidad siempre va a seguir vendiéndose. Es muy difícil que las obras de artistas como
Picasso o
Warhol pierdan valor incluso en un mercado bajista. El problema son el resto de obras que bien no tienen un significado especial o no pertenecen a artistas de renombre.
La inversión en arte no está en absoluto asegurada y comprar un obra depende de qué artistas supone un riesgo. En términos generales cuanto más joven y desconocido, más riesgo, pero en ocasiones este son el único tipo de creaciones a las que casi todo el mundo tiene acceso. Su precio suele ser inferior a los 10.000 euros y las posibilidades de revalorización casi infinitas, aunque ahora mismo es el segmento del mercado donde más están cayendo las ventas. Kark Schweizer, director de Art Baknking del banco UBS, explica en una entrevista al diario Cinco Días que “La razón es que este grupo se siente inseguro. Es una reacción psicológica. Porque el arte es lujo”.
Además de arriesgada, es una inversión generalmente a muy largo plazo. Es difícil prever cuánto tiempo necesitará una joven promesa para convertirse en una realidad, aunque generalmente suelen ser años. Este paso del tiempo eleva todavía más los costes: a lo que se ha pagado por la obra hay que añadir su mantenimiento.
Aunque en el mercado del arte moderno se presupone que todas las obras se encuentran en perfecto estado conviene recordar que una obra restaurada puede perder hasta un cuarto de su valor en función de cómo se haya llevado a cabo. Por eso, hay que guardar ciertas normas si consideramos el arte como una inversión. En el caso de los lienzos, por ejemplo, deben preservarse en unas condiciones de humedad determinadas, alejarlos de radiadores y lugares excesivamente secos y por supuesto evitar los cambios de temperatura bruscos.
Puede parecer que las esculturas, especialmente las de piedra, no necesitan tantos cuidados. Nada más lejos de la realidad, ya que su exposición al frío y la humedad también deteriorará el material a no ser que el artista haya previsto su efecto como parte del desarrollo de la obra (como por ejemplo en el Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal de San Sebastián).
A estos costes hay que añadir el de las comisiones a la hora de vender la obra y, por supuesto, la del asesor, un elemento imprescindible para el común de los mortales. En un mercado tan complicado y con tanta oferta su tarea es muy importante para guiar los pasos del inversor y sobre todo asegurarse de la calidad de su inversión. Aunque en los niveles más bajos no suele darse tanto, conforme sube el precio también hay que asegurarse de la autoría de la obra y su estado real de conservación.
Autor. Silvia Martínez-Etayo. Licenciada en Bellas Artes y Restauradora.
Foto | Ehsan Khakbaz
Comentarios
Buenos consejos, sobre todo los referentes a la conservación de las obras de arte.