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Hoy privatizo y mañana nacionalizo.

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A veces es difícil explicar ciertas cosas, en ocasiones porque la realidad sobrepasa los límites de lo imaginable, y en otras oportunidades, porque los datos son tan explícitos que no hace falta agregarle palabra alguna.


Frente a los acontecimientos que se observan entre los gobiernos y las sociedades privadas, existe una suerte de dualidad que debe desenmascararse para terminar con el populismo barato.


Mientras algunas sociedades del primer mundo, y también del tercero, encabezados éstas últimas por Chile, han encontrado el equilibrio justo entre lo privado y lo público, otros Estados, invadidos por su soberbia y confusión, demuestran a las claras la poca seriedad de sus políticas económicas.


En la mayoría de las naciones serias, el rol de Estado se encuentra claramente definido, es decir, que dicta las políticas y las reglas, pero interviene solo en las oportunidades que requiere a la hora de la organización y el control.

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Sin embargo, las “nuevas viejas” tendencias que azotan al cono sur, dejan al descubierto que existe un rol confuso del Estado, su relación con las empresas privadas y la nacionalización de éstas.


Durante la década de 1990, los países de America del Sur sufrieron una catarata de privatizaciones desmesuradas que terminaron por quedarse con los servicios públicos deficitarios, telefonía, agua, gas, electricidad, servicios de transporte, entre otros.


Mientras la mayoría festejaba la incursión del sector privado en los servicios públicos, debe dejarse constancia que dos aspectos deben ser observados, se vendieron a precios irrisorios, y los procesos de adjudicación fueron poco claros.


Una de las claves para que estas empresas, y en especial las españolas, accedan a estos procesos fue la política económica instaurada en la región.


Por aquellos años, por ejemplo Argentina, implementó su sistema monetario equiparado al dólar (ahora solo queda Ecuador en esa paridad), que le permitió a las empresas cobrar los servicios en moneda local, y girarlos a sus casas matrices en dólares.


La paridad monetaria, ficticia, puesto que a nadie se le pasaba por la cabeza que una moneda sudamericana tenga el mismo valor que la moneda patrón como es el dólar, produjo graves crisis productivas, y un desmesurado incremento de la importación.


Por aquellos años, las empresas ganaron muchísimos millones de dólares, los gobiernos avalaban sus inversiones y sostenían que las empresas privatizadas reemplazaban a las estatales deficitarias, invadidas de corrupción y negociados.


Pero los años pasaron, y America giró hacia un cierto progresismo populista. Atrás quedaron las políticas privatizadoras y se mutó hacia un cierto eje turbio desde Caracas hacia Buenos Aires.


Latinoamérica, fiel a su costumbre no mantuvo un proyecto común, aunque existe el MERCOSUR, y decidió cambiar hacia un polo dominado por “democracias” populares.


Desde Chávez hasta Kirchner, pasando por Correa y Evo Morales, las economías latinoamericanas se enfundaron en una peligrosa política estatista, que no respetó leyes de mercado, seguridad jurídica, ni derechos esenciales.


El gobierno venezolano estatalizó Sidor, uno de los monstruos mundiales del acero, en una especie de chantaje, que terminaría si no se convenía un precio, en la expropiación de la compañía a manos del Estado venezolano.


En Bolivia, Evo Morales, decidió la estatalización de Repsol-YPF e intenta convencer al resto de sus pares para que nacionalicen las telecomunicaciones y los recursos naturales básicos, hoy en manos de empresas privadas.


En Argentina, el matrimonio Kirchner se hizo con el servicio de aguas, que estaba en manos del grupo francés Suez, argumentando la rescisión del contrato por incumplimientos en el servicio.


Ahora, intenta nuevamente quedarse con la línea aérea de bandera, Aerolíneas Argentina, que controla el grupo español Marsans, en medio de acusaciones cruzadas entre sindicatos, el Gobierno y la compañía, donde se mezclan subsidios, tarifas y una serie de ingredientes poco claros.


Los gobiernos de esta ala nacionalista, basan sus políticas monetarias en la exportación de materias primas que gozan de una rentabilidad extraordinaria en los mercados internacionales, como el petróleo y la soja, con subsidios que permiten pagar precios bajos por los servicios, aunque obstaculizan la reinversión.


La debilidad de sus monedas, devaluadas de un plumazo con la excusa de la captación de inversiones extranjeras, los resultados de la balanza comercial positiva, con mayores ventas que compras, no ha podido resolver el eterno dilema de la región, la redistribución de la riqueza.


Mientras sus arengas populares se llenan de palabras que conmueven solo a sus seguidores, junto a los órganos de propaganda a su servicio, estos gobiernos estatistas, siguen privilegiando las ganancias de unos pocos, en lugar de a la mayoría, aunque sus discursos interminables digan lo contrario.


La renta financiera sigue sin gravarse, el juego ostenta ganancias incalculables, pero a la vez aplica un sistema de retenciones del 40% sobre las exportaciones de soja, en vez de tomar medidas sobre el tipo de cambio de la moneda.


En los últimos 15 años, estos países cambiaron drásticamente sus poéticas económicas, del absoluto libre mercado se pasó al control del estado, con tendencias nacionalistas.


Así, mientras el mundo espera las materias primas provenientes de estas pampas, y requiere a gritos un mayor volumen de productos a precios más que competitivos, America Latina se ahoga en su mediocridad, mas parecida a los años en que existía “la cortina de hierro”, que al año 2008.


La solución no pasa por la estatalización o privatización, una clara administración de los recursos, basada en la seguridad jurídica para inversores, la equitativa distribución de la riqueza para la gente y el control efectivo de las normas se transforman en los pedestales de una armonía, que hace de un conjunto de actores, una sociedad avanzada.


Lastima, que algunos, no miran hacia el futuro, sino que los obnubila el espejo del pasado.


Autor. Matias Torres. Analista económico de América del Sur de Financialred.com


Foto | iblitz

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