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Al final se ha impuesto la lógica y el Senado de Estados Unidos ha tenido que aprobar una versión algo descafeinada de su iniciativa Buy American que podríamos traducir como ‘Comprar americano’. Esta clausula había levantado ampollas en Europa por su alto componente proteccionista. En su origen, esta propuesta establecía que tanto para “la construcción, alteración, mantenimiento o reparación de edificios públicos o de obras públicas” debía utilizarse exclusivamente acero y hierro de origen estadounidense. La idea básica era sacar un doble partido del gasto público para reactivar la economía del país.
La medida que efectivamente ha salido adelante es una versión modificada según la cual esta norma no podrá contravenir las obligaciones estadounidenses según los acuerdos internacionales. Es decir, que se dará prioridad al material norteamericano pero su uso no será obligatorio. De esta forma evitan también entrar en una guerra comercial con otros países y especialmente con Europa. Sin embargo, el ‘Buy American’ ya ha tenido su efecto como primer toque de atención respecto a lo que puede venir en el futuro: proteccionismo. El presidente Barack Obama no ha tardado en asegurar que Estados Unidos no debe enviar un mensaje proteccionista, algo que por otra parte ya se acordó en la famosa reunión del G20 + 3 en Washington donde se sentaron las bases del nuevo orden financiero mundial.
La Organización Mundial del Comercio (OMC) también ha alertado acerca de tomar medidas proteccionistas que en su opinión no harían sino empeorar la situación. Históricamente las decisiones de un país para proteger su industria (como por ejemplo elevar los aranceles) han tenido como respuesta más impuestos por parte del resto de economías o como suele decirse, ‘ojo por ojo’ hasta terminar en una espiral más que negativa. Como lo definió el director general de la organización, Pascal Lamy, “empleo por empleo y tendremos un desempleo masivo”. Algo parecido fue lo que pasó en los mercados financieros después de que Irlanda decidiese de forma unilateral asegurar la totalidad de los depósitos de sus ciudadanos tras la quiebra de Lehman Brothers. Temerosos de una posible fuga de capitales hacia regiones más seguros el resto de países no tardaron en tomar medidas similares e incluso se llegó a un acuerdo global por el cual la Unión Europea elevó la garantía mínima común de los depósitos bancarios hasta los 50.000 euros, algo positivo para todos los ahorradores.
Por el momento pocos gobiernos han tomado medidas drásticas hacia un mayor proteccionismo, pero sí se empieza a apelar al sentimiento nacional para impulsar a las empresas de cada país. Esto es precisamente lo que hizo el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, cuando instó a los ciudadanos a consumir productos españoles para combatir el paro alegando que podrían salvarse hasta 120.000 empleos. En esta misma línea el inversor Warren Buffett aseguró que su contribución al país pasa por comprar acciones de compañías estadounidenses. La pregunta ahora es ¿no se trata de un proteccionismo encubierto? Y sobre todo, ¿tienen razón?. Desde el blog del Instituto de Empresa Daniel Fernández primero y Rafael Pampillón después analizan la cuestión y ofrecen como respuesta un sí y un claro no.
Las explicaciones de los dos profesores se pueden resumir en que esta corriente de nacionalismo económico atenta contra una de las teorías básicas en economía como es la del que el libre comercio es beneficioso para todos los que lo practican y que aumenta la riqueza del país, en tanto que cerrarse al exterior genera niveles de vida más bajos. Las importaciones no deben de ser vistas como un mal que atenta contra la economía española, sino como un estímulo para aumentar nuestras exportaciones. Además, como apunta Fernández, la nacionalidad de la empresa ya no es indicativo de dónde se fabrica el producto, que es al final lo que cuenta a efectos de empleo.
Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com
Foto Eneko Lakasta