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Con la concesión del Nobel de Economía a Paul Krugman ha crecido el interés por sus libros, aunque ya podíamos disfrutar de sus artículos del New York Times en el suplemento de El País Negocios, que explican de forma clara problemas que para los profanos son absolutamente abstrusos. Pues aunque su especialidad es la economía internacional también es un gran divulgador y está comprometido con el partido demócrata. Y hoy vamos a hablar de su libro “Después de Bush: el fin de los neocons y la hora de los demócratas”.
Uno de los méritos de Krugman es su claridad, y así en una obra documentada y a la vez entretenida razona sobre los fundamentos de su posición política, según la contraportada “el economista más leído del mundo, desafía a América a reclamar los valores que la hicieron grande”.
Traducción de “The consciente of a liberal”, puede que el título en inglés nos oriente más sobre esta obra, ya que muestra el desengaño que ha generado en los sectores más progresistas de los Estados Unidos lo que se ha dado en llamar la política neocon (término tan impreciso que se ha llamado categoría zombi), la aplicación al pie de la letra de las teorías del libre mercado, interpretadas como una abolición de todas las normas que impidan buscar el beneficio. Evidentemente, es más comercial usar un título relacionado con la situación más actual, dada la proximidad de las elecciones en Estados Unidos, pero el propio Krugman nos explica su concepto de liberal al final de la obra. Una obra en la que critica la desaparición de las clases medias, el incremento de las desigualdades sociales, analizando la evolución económica del país durante este siglo.
Krugman repasa desde la historia económica de su país desde el comienzo del siglo, pasando por la crisis del 29, el New Deal y la implantación del estado de bienestar, con una reducción de las desigualdades salariales y la implantación por Roosvelt de un sistema fiscal progresivo. Los 60 siguieron con el espectacular crecimiento económico, hasta que se incrementó enormemente el gasto militar. También en este periodo comenzó la lucha contra las desigualdades sociales, que perjudicó la posición política del partido demócrata en los estados del sur, que aún no se ha recuperado.
La crisis de 1973 dio pie a la desaparición de los fundamentos teóricos de Keynes que tenían como consecuencia la política del New Deal y el auge de las ideas neoconservadoras lideradas por Milton Friedman y la escuela de Chicago (un artículo de Krugman sobre Friedman en El País del 19 de octubre), apoyados por los think tanks conservadores. Nixon fue el primer triunfo político de esta tesis y de el modo de trabajar la política que había surgido de esos think tanks (explicado muy claramente en el libro de Lakoff No pienses en un elefante). A partir de ese momento empieza lo que Krugman denomina la Gran Divergencia con la política desarrollada por Ronald Reagan en estados Unidos y Margaret Tatcher en Europa, con el incremento de las desigualdades salariales y sociales, además de una política fiscal de reducción de impuestos, y por tanto de los servicios del Estado, unida a la reducción del poder de los sindicatos y a una especulación descontrolada.
Con Clinton no hubo cambios significativos, y el partido Republicano fue radicalizando sus posturas. A partir del capítulo 10 Krugman explica la nueva política que propone el partido Demócrata: una nueva postura en política exterior, mejora del sistema sanitario y lucha contra la desigualdad.
La conclusión del último capítulo, titulado como el libro, “La conciencia de un liberal”, define como liberales a los que creen en instituciones que limitan las desigualdades y la injusticia, mientras que son progresistas quienes participan, explícita o implícitamente, en iniciativas políticas que defienden y tratan de engrandecer estas instituciones.
El libro termina con la siguiente frase: “De momento, ser un liberal activo supone ser progresista y ello comporta, a su vez, ser partidista. No obstante, el objetivo final no es que gobierne un solo partido, sino que se restablezca una democracia auténticamente viva y competitiva. Y es que, al fin y al cabo, no es sino la democracia lo que de verdad importa a un liberal”.
Autora: Alicia Sánchez
Comentarios
Tras leer este artículo, estoy deseando leer este libro. ¡Enhorabuena!