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Deuda frente a inversión: ¿Por cuál apostar en el mercado actual?

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Terminar con la deuda e invertir son dos pasos ineludibles en cualquier plan financiero. La mayoría de gurús sobre gestión financiera recomiendan acabar primero con las deudas y después comenzar a invertir. Esto se hace así para poder crear una pauta que cualquier persona pueda seguir, una especie de guía hacia el control financiero primero y seguridad después. Sin embargo, lo cierto es que inversión y deuda son compatibles y no siempre hay que apostar por uno o por otro. Todo dependerá en buena medida de las circunstancias del mercado y del tipo de deuda del que estemos hablando.

En este sentido, hay que distinguir entre la deuda con altos tipos de interés generada por tarjetas de crédito o préstamos rápidos y en la que los intereses son más razonables como por ejemplo la hipoteca, un préstamo personal para comprar un coche o los créditos para estudios. Y es que prácticamente siempre será más rentable eliminar el primer tipo de obligaciones por sus altos intereses, mientras que es en el segundo caso cuando realmente compensa pararse a hacer cálculos para determinar si conviene invertir o adelantar el pago de la deuda. La teoría al respecto es sencilla: basta con dirimir cuál ofrece una mayor rentabilidad. Es decir, enfrentar el tipo de interés con sus ventajas fiscales al beneficio (menos la parte que va a parar a Hacienda) de la inversión. Añadiendo además el componente de riesgo que implica cualquier inversión.

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La actual coyuntura del mercado, con los precios más bajos de los últimos años ha llevado a muchos inversores a preguntarse si no será mejor olvidarse de la deuda y entrar en el mercado. El horizonte de inversión es clave en este punto, aunque supongamos que se trata de una inversión a largo plazo. En este sentido, la bolsa arroja un beneficio histórico del 11,1% anual según un estudio de Dimentsional Funds, aunque también es verdad que si se pierden los 25 días más ‘baratos’ del año este rendimiento cae al 7,6%, lo que supone una importante diferencia. Es decir, hay que acertar con el timing del mercado si quieremos sacar el máximo rendimiento. Además, hay que tener en cuenta los riesgos de toda inversión, sobre todo en renta variable, algo que no ocurre en el caso de la deuda.

De todas formas lo mejor es ver ambos casos a través de las cifras. En primer lugar tomaremos como ejemplo la cancelación de la deuda de 10.0000 euros generada por una tarjeta de crédito a un tipo de interés del 15% (pueden y suelen ser más elevados). En este caso no existe ningún tipo de incentivo fiscal pero tampoco retenciones al pago de esta deuda, con la que nos estaríamos ahorrando 1.500 euros anuales. Por otra parte, suponiendo que logremos una rentabilidad del 11,1% por nuestras inversiones, el beneficio sería de 1.110 euros a los que habría que restar el 18% para el pago de impuestos. El resultado es una ganancia de 910,2 euros frente los 1.500 euros del pago de la deuda.

La comparación con este tipo de deuda es relativamente sencillo, pero los cálculos se complican si tomamos como ejemplo una hipoteca, donde intervienen otras variables como el plazo del préstamo, comisiones por amortización anticipada y, sobre todo, cómo quedaría después la relación capital amortizado e interés del préstamo. A esto se puede incluso sumar posibles beneficios fiscales.

En cualquier caso, invertir en reducir la deuda siempre va a ser rentable, que lo sea más o menos dependerá también de la coyuntura del mercado. Sin embargo, hay que tener en cuenta que eliminar la deuda es una elección responsable y beneficiosa, porque se obtiene una ganancia equivalente al interés que se deja de pagar. Además, es el mejor medio para formar un capital con el que invertir.

Autor. José Trecet. Analista financier de Financialred.com

Foto willhei55

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