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La inflación ha sido una de las principales noticias del año después de que en julio alcanzase el 5,3% presionado por la subida del precio del petróleo. Sin embargo, el cambio de tendencia en el oro negro ha precipitado al Índice de Precios al Consumo (IPC) con él hasta el punto de que tres meses después se encuentra en el 3,6% y cayendo. Según las últimas previsiones del Gobierno el índice caerá hasta el 2,5% en noviembre para cerrar el año en el 2%. Lo más preocupante es que la tasa de inflación interanual estará por debajo del 1% en 2009. Es decir, rozando la deflación, algo que según el ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, “hay que evitar a toda costa”.
Llegados a este punto muchos lectores pueden preguntarse qué es la deflación. Según la Real Academia Española (RAE), se trata un “descenso del nivel de precios debido, generalmente, a una fase de depresión económica o a otras causas”. Desde el Instituto de Empresa el profesor Rafael Pampillón ofrece una explicación más amplia y desarrolla sobre los procesos deflacionarios y sus consecuencias económicas. En cualquier caso, al margen de la parte teórica en el mundo actual existe un gran ejemplo sobre los efectos de la deflación en la economía nacional: Japón, un país que entre 1990 y 2005 “se convirtió en un ejemplo de estancamiento económico, deflación, parálisis política y crisis financiera” según el docente
Japón es el mejor ejemplo de los devastadores efectos que puede tener la deflación. Aunque existen grandes diferencias no dejan de ser curiosas algunas similitudes entre el estallido de la crisis nipona y la española. En ese caso se vivió el estallido de la burbuja inmobiliaria (en España personificada por Martinsa-Fadesa) con unos tipos de interés muy altos, seguido de una congelación salarial (todavía no ha terminado de gestarse aunque los empresarios la reclaman), una caída del consumo (está en marcha) y una brutal bajada de los tipos de interés que se han mantenido casi al 0% durante años. Todo esto sirvió para aumentar las diferencias sociales en una sociedad muy heterogénea (como viene ocurriendo en España con los llamados mileuristas) y a un desequilibrio entre la demanda y la oferta a favor de la segunda.
Por fortuna, también existen diferencias, y muchas, en el caso español. Para empezar, el origen del desplome de la inflación se debe principalmente al precio del petróleo, como ya ocurrió con la subida anterior. De hecho, según las previsiones de los analistas para que efectivamente se produzca un escenario de deflación será necesario que el petróleo cotice en el entorno de los 46 dólares con un tipo de cambio euro-dólar como el actual (1,3 dólares por cada euro). Además, el Banco Central Europeo (BCE) debería mantener su política de tipos de interés a la baja, algo previsible teniendo en cuenta las últimas declaraciones de su presidente Jean Claude Trichet. Muchos analistas apuestan por un nuevo recorte del precio del dinero antes de fin de año y con tipos del 1,5% en los primeros meses de 2009 e incluso algo más bajos.

Si se cumplen todas estas premisas, España registraría por primera vez en 60 años un
IPC negativo, es decir, deflación, cerca del verano. En este escenario y siempre en teoría, los españoles notarán sus efectos por una caída en su consumo, ya que preferirán posponer las compras a la espera de que los precios sigan bajando), en un descenso de los sueldos, que no crecerán porque no lo hace el
IPC y en un aumento del paro, ya que al descender la demanda también lo hacen las necesidades productivas de las empresas. Claro que también tendrá sus efectos ‘positivos’, como el aumento del poder adquisitivo de los salarios, aunque no suban en cantidad.
En cualquier caso, todavía es pronto para aventurar una deflación o asegurar que España entrará realmente en esa espiral sólo por registrar un IPC negativo, ya que buena parte de este signo se debería a un producto, el petróleo, que ni siquiera se produce en el país y que sólo se importa. Además, tampoco hay que olvidar que existen otros indicadores de la inflación y que el IPC no es ni mucho menos un índice que se libre de las críticas por no reflejar fielmente la realidad. De hecho, también hay analistas que aseguran que, descontando el efecto negativo del petróleo, el coste del resto de productos y servicios se mantiene relativamente estable e incluso presionando al alza.
Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com
Foto Mathias Pastwa
Comentarios
Vamos, que incluso nos puede venir bien siempre que el periodo deflacionario sea corto ¿no?