Para votar este post conéctate con Facebook
Connect
Es notable el
parecido que tiene los acontecimientos del pasado, y nuestro presente. Pero también uno queda estupefacto cuando ciertos hechos del pasado, tienen algún tipo de connotación en el momento que vivimos.
Para entender estas palabras, muchas veces es tema psicólogos o semiólogos que buscan significados y significantes detrás de las letras, pero a veces, sociólogos o historiadores pueden ayudarnos a descubrir en el pasado, los porqué de nuestro presente.Este mundo, y aquel que sucedió tiempo atrás han estado teñidos de conductas deleznables como la corrupción. Siempre hubo buenos y malos, honestos e indecentes. Pero también hubo inteligentes, y torpes. Con este preludio es interesante vincular dos acontecimientos que sucedieron un mismo día, pero con 421 años de distancia.
El 2 de septiembre de 2008 la presidente argentina,
Cristina Fernández de Kirchner comunicó sorpresivamente para la opinión pública y para miembros del espectro político y económico, que su país cancelará con fondos provenientes de la reserva del Banco Central, una deuda de 6.706 millones de dólares con
el Club de Paris.
Pero si leemos la situación hasta aquí, nos quedaríamos en un simple anuncio oficial, aplaudido o criticado según el punto de vista de cada uno, pero sería solamente un episodio más. Lo interesante del caso es que se eligió una jornada puntual para comunicar oficialmente semejante pago hacia acreedores internacionales. Para quienes no lo saben, en Argentina, desde 1941 se celebra el 2 de septiembre, el Día de la Industria. En un acto frente a banqueros, empresarios, la prensa (se transmitió en Cadena Nacional) y la esfera política más importante del país, la presidenta en el Día de la Industria comunicó este acto de gobierno.
Lo interesante del caso es que el Día de la Industria, que para el gran público sólo se trata de una jornada más, encubre un episodio delictivo. En Argentina, se homenajea a la industria nacional a raíz de un acto de contrabando. El historiador Felipe Pigna, relata en su libro “Los mitos de la historia argentina“ lo ocurrido.
El 2 de septiembre de 1587 en el territorio que hoy conocemos como Republica Argentina y que entonces pertenecía al Virreinato del Perú, zarpó del fondeadero del Riachuelo, que hacía las veces de puerto de Buenos Aires, la carabela San Antonio, al mando de Antonio Pereyra, con rumbo al Brasil. La embarcación llevaba en sus bodegas un cargamento proveniente del Tucumán, fletado por el obispo Fray Francisco de Vitoria. Se trataba de tejidos y bolsas de harina producidos en la por entonces prospera Santiago del Estero (hoy una de las provincias más pobres del país). Lo notable es que según denunció el gobernador del Tucumán, Ramírez de Velasco, dentro de las inocentes bolsas de harina se encontraban camuflados varios kilos de barras de plata del Potosí, cuya exportación estaba prohibida por real cédula. Es decir que la “primera exportación argentina”, encubrió un acto de contrabando y comercio ilegal.
Pero si no parece rozar los caminos de la lógica, y resulta descabellado, es interesante aclarar que, la nave utilizada para “exportar”, volvió con 120 pasajeros “involuntarios”, es decir esclavos negros, destinados a las minas de Potosí y varias decenas de campanas y cacerolas. El barco nunca llegó, entre piratas, ingleses y españoles, se terminaron distribuyendo el botín que nunca arribó a puerto, sino que se diseminó por la joven America. En fin, el Día de la Industria ya pasó, y unos seis mil millones de dólares de las arcas del Estado se están por ir, ya no en aquella carabela San Antonio, sino que llegará a manos de nuestros prestamistas, con un simple click.
Quizás ya no exista un tal Antonio Pereyra, Ramírez de Velasco o el obispo Fray Francisco de Vitoria, pero existen otros nombres y apellidos, cuatrocientos veintiún años después.
Autor. Matias Torres. Analista económico de América del Sur de Financialred.com
Foto | Presidencia de la Nación Argentina
Comentarios
Buen apunte histórico.